Viernes, 28 Abril 2017 00:00 Columnistas

Colorín colorado...

Ilitch Verduga Vélez

El antiguo epílogo de las fábulas infantiles, que antecede el presente artículo, rememora una hermosa tradición oral, que debe seguirse rescatando: relatos narrados por madres, padres, abuelos, parientes, a los niños de siempre. Aunque hoy tenga coyuntura distinta en los cuentos de sobremesa de políticos, convulsos, rabiosos, ebrios de frustración por su derrota en los últimos comicios. ‘Diálogos de prensa’ pletóricos de bofetadas entre correligionarios, atisbos de sinrazón de quienes perdieron la sensatez democrática sin asumir el descalabro electoral.  

El exitoso proceso eleccionario efectuado para elegir al nuevo presidente  ecuatoriano, tuvo el correlato infame que esgrimieron quienes se sintieron dueños del país, en su ‘libertad’. Me refiero a conocidos presentadores, canales de TV que, desdeñando la Constitución, leyes de la república, la conciencia del electorado nacional, proclamaron ganadores -en el balotaje presidencial- a candidatos a partir de un exit poll espurio. Ignorando, premeditadamente, que el único organismo republicano para hacerlo es el Consejo Nacional Electoral. La nota oficial de resultados, como parte esencial de la organización de cualquier evento comicial, es una exigencia constitucional de la función electoral, integrante fundamental del Estado.

El itinerario de la farsa tragicómica, escenificada en los últimos meses como colofón vicioso de maniobras sediciosas, destinadas a desestabilizar a Ecuador, desprestigiando alevosamente sus instituciones, tiene larga data. Nocivamente despectiva de la obra estatal, en la década de la Revolución Ciudadana, generaron el libreto conspirativo desde inicios del gobierno presidido por Rafael Correa. Estrategias elaboradas, en centros geopolíticos, hegemónicos, para aplicarlos en nuestras tierras, por habernos decidido a construir la segunda independencia de los imperios, estarán oponiéndose siempre a la nueva arquitectura soberana de emancipación de la Patria Grande. Los procedimientos facciosos frente a las jornadas cívicas se erigieron a partir de un vocablo de hondo significado en lides comiciales.

En el imaginario colectivo, la palabra ‘fraude’ implica despojo del derecho de elegir. Siempre usado cuando partidos reaccionarios, sometidos a la voluntad popular, pierden el mando. Ahora la utilizaron, en su manifiesta perversidad, mucho antes de que se ejercitara el sufragio, luego, durante la primera y segunda vuelta electoral, siguiendo el guion  ‘Made in CIA’ quitándole autenticidad a aquellas votaciones que no son favorables a los fines de la derecha nacional e internacional.   

La génesis del putsch fracasado son las avalanchas de desinformación, para el conglomerado social: descalificando candidatos, gobiernos amigos, al régimen del presidente Correa. Calumnias implementadas por centrales partidarias internas y externas. Llegaron tintoreras foráneas, furibundas, dispuestas a devorar la legalidad ecuatoriana. Descontrolados en lacrimosas oraciones por la pérdida del empleo probable o la influencia cierta, algunos columnistas de periódicos, perfectamente identificados con el pretendiente perdedor, conturbados, dan gracias, loas, buscan culpables, sustentan amenazas. A Lenín, el presidente nuestro, elegido por la voluntad popular, lo calumnian hasta el cansancio.

La mediocracia, constituida en poder deleznable hasta la falacia paroxística, posibilitó enterarnos de que los protagonistas del dramón ‘pelucón’ se sienten ofendidos, despojados. Agredidos en su sagrada digestión, unos pocos salieron a las calles, tomando puentes, túneles, convocando a incautos, obligando asistir al servicio doméstico, pagando a otros para que sirvan de ‘carne de cañón’, amparándose en supuestos derechos a resistir. Desconociendo el espíritu constitucional, depredaron el lenguaje.

Actualmente ambicionan la Alcaldía guayaquileña. Bueno, que les aproveche. No obstante, “Colorín colorado, el cuento se ha acabado”. (O)

ENLACE CORTO

Google Adsense

Google Adsense