Sábado, 19 Agosto 2017 00:00 Columnistas

Coevolución genético-cultural

César Paz-y-Miño

Una interrogante más a resolver se refiere a la relación entre cultura humana y adaptación genética o viceversa, y cómo las propiedades de los genes cambian para adaptarse a transformaciones histórico-culturales. La respuesta es que ambos componentes caminan juntos, es decir coevolucionan.  

Hay varios ejemplos de coevolución genético-cultural. El más reciente se dio hace unos 10 mil años, en el proceso de sedentarismo y agricultura, con la adaptación al consumo de leche. Los mamíferos no necesitan leche más allá de la lactancia, pero los humanos, al obtener productos derivados de esta, fuimos seleccionando genes que nos proporcionaron la capacidad de digerirla; nos hicimos tolerantes a la lactosa. Esta relación de genes con cambios producidos por la cultura es la coevolución.

La historia humana está plagada de adaptaciones que nos han permitido sobrevivir como especie. El cultivo del tubérculo ñame, por ejemplo, está asociado a la selección del gen de resistencia a la malaria que provoca la anemia falciforme (con glóbulos rojos en forma de medialuna), a su vez relacionado a la práctica milenaria de desbroce de la selva africana, que aumentó el mosquito que transmite tal enfermedad y por tanto el riesgo de padecerla.

En términos evolutivos es preferible seleccionar genes que incluso podrían enfermar por sí mismos a un individuo, pero que le proporcionan resistencia a enfermedades. Pasa con la leishmania, el helicobacter pylori, la lepra, la tuberculosis, el dengue, el HIV, entre otras afecciones. Cada una tiene un gen de protección que ha coevolucionado con la humanidad.

La coevolución explicaría los genes de adaptación a la altura en pobladores tibetanos y andinos, así como su mayor riesgo de cáncer de piel; o el aparecimiento de diabetes en los polinesios. No siempre la adaptación es beneficiosa, pero siempre la evolución biológica selecciona genes favorables al nuevo comportamiento.

Queda mucho por entender en la coevolución gen-cultura. Las respuestas a cómo el cerebro se adapta a la tecnología, a los vuelos, al espacio, a deportes violentos, a armas químicas o biológicas, al calentamiento global, tal vez no las podamos dar aún, pues la evolución necesita siglos para actuar y dejar su huella, pero es innegable que lo generado culturalmente tendrá una repercusión en los genes.

Si conseguimos determinar la manera en que la cultura afecta nuestra composición genética y el grado en que esto afecta a otros seres, podremos entender qué influencia a futuro tendrán en nuestros genes las formas de vida del presente. (O)

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