Miércoles, 01 Febrero 2017 00:00 Columnistas

¿Clase media o media clase?

Juan Montaño Escobar

En plan de jodedera política y vacile sociológico este jazzman jonroneó esta pregunta de pepo y trulo: ¿Qué es la clase media? Un chorro de opiniones. Una clasificación bagre, otras espesas y sesudas para el afinque académico, algunas conectan con el invierno electoral (“brother, es la que decide la continuidad o el fin del correísmo”) y vinieron aquellas que hacen un tótem de las estadísticas: se duplicó la clase media, carnal. Y uno que no por gusto tiene diminutivo de preguntón, Juanito, insiste en un chin de definición de clase media.

La gente de zurda conducta te manda a buscar aquel librito que cumple 170 años de ser el fantasma que recorre la historia: el Manifiesto. Ahí no hay nada, los oponentes son la burguesía y el proletariado; pero hay una rebanada social que se llama pequeña burguesía. Demasiado simple para que “las hojas -de la trova silvio-rodriguista- se conviertan en cristal”.

Cualquiera sabe que el renglón de importancia de la clase social es resultado de su riqueza, o sea, de su poder económico en una sociedad determinada, la ecuatoriana por ejemplo, en pizarra hip-hopera: la cantidad de inteligencia (de trabajo) comprada por un camaján. De acuerdo, pero la clase media no es eso; si es un pequeño empresario, mujer u hombre, se faja como dueño y proletario, entonces, no calificaría como adversario de clase. Y seguimos en la esquina del debate de si el aguacate es o no una fruta.

Corriendo el carrete, vamos al consumo, la clase media le tira fuerte y parejo al consumo, más allá del bolsillo, credit card y el ahogo de fin de mes. Es el estatus rígido y deseable sobre el proletariado de la barriada próxima, llámese Guasmo o Favela. Ahí se facilita la sociología descriptiva del consumo y otras vainas para ampliar distancias sociales: ir de shopping  a la zona de culto obligatorio para gastar minutos en exhibición, habitar en barrio con nombre evocativo y calles cerradas al arbitrio, usar smartphone y machine (vehículo) para que la comunidad de a pie sienta su poder y ese escepticismo ambiguo en opinión política obliga a los halagos consumistas. ¡Qué se va hacer, así es la clase media!

No es una precisión sociológica solo porque el consumo se evidencia y esa característica es componente inseparable del mercado; pero la clase media demanda mejores servicios de salud, educación y seguridad social. Y unos gobiernos que garanticen esas exigencias. El pragmatismo clase-mediero se expresa en preocupaciones por sus ingresos, la caída de su nivel de vida y la proletarización que se observa cruzando la calle. Ahí está el germen del progresismo latinoamericano y ese es su electorado más atento.

Clase media no es una clase social de definición clásica marxista o liberal, es una aspiración social de aquello que se denomina ‘clase baja’, incluye proyectos colectivos económicos (mejorar el consumo), filosóficos (una mejor educación y comprensión de realidades) y sociales (reventar burbujas excluyentes). (O)

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