Columnista invitado

¿Ciencia y tecnología para la paz?

| 27 de Abril de 2017 - 00:00

El reciente ataque con armas químicas de las fuerzas gubernamentales sirias y la respuesta de Estados Unidos bombardeando ese país ponen nuevamente de relieve una discusión que debe darse incesantemente en las aulas universitarias: ¿Cuáles son los fines últimos del conocimiento científico y tecnológico?

La misma química que se utiliza para la fabricación de fertilizantes y medicamentos puede ser empleada para producir neurotoxinas y otras armas bioquímicas. La misma física que se utiliza para fabricar un láser que permite operaciones increíblemente complejas en el ojo humano, se emplea para los sistemas de guía de los misiles. La misma biología que permite entender y controlar mutaciones genéticas puede ser utilizada para fabricar cepas modificadas mortales de virus y bacterias. Las mismas ciencias de la informática y la estadística matemática que se emplean para simplificar todas nuestras transacciones bancarias y dirigir el tráfico de internet, pueden utilizarse para el espionaje y el ciberataque contra instalaciones y sistemas vitales de nuestra civilización.

Los anteriores son solamente ejemplos de cómo el conocimiento es simultáneamente una oportunidad y una amenaza para nuestras existencias. Es por ello imprescindible que nuestros estudiantes e investigadores aprendan y sean portadores de los más altos valores éticos que les permitan discriminar y discernir sobre los usos y potencialidades del saber. Quizás convenga recordar que la palabra en idioma kichwa ‘Yachay’ no traduce simplemente conocimiento, sino saber con la responsabilidad y la sabiduría para aplicarlo.

Quizás convenga también la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas en 1948, recién saliendo el mundo del holocausto de la Segunda Guerra Mundial.

Una lectura cuidadosa del resto de la declaración nos convencerá de que la paz no está concebida en la declaración como un derecho humano. Es algo que debemos conquistar como resultado de nuestra actuación como individuos y ciudadanos. Las amenazas reales y concretas a la paz pueden agruparse en distintas categorías, entre otras: desigualdad, pobreza, enfermedades, destrucción del ambiente, incultura, fanatismo, dictaduras y totalitarismos, inestabilidad política y social.

La naturaleza de estas amenazas y la traducción específica que pueden tener en medio de un conflicto, tanto en el ámbito nacional como internacional, son muy complejas. Las materias de la defensa nacional y la defensa de los derechos humanos pueden obligar a científicos y tecnólogos a trabajar para los asuntos de la guerra. Posiblemente con la esperanza de que la guerra de hoy sea la paz de mañana. Pero la historia nos enseña de manera muy penosa que este es raramente el caso.

Probablemente a la humanidad le tomará mucho tiempo entender a cabalidad las implicaciones de la máxima de Mahatma Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. En esa marcha penosa y plagada de obstáculos las universidades y los centros de enseñanza, como Yachay Tech, tienen la responsabilidad de avanzar la idea de que ciencia y tecnología deben ser herramientas del conocimiento para la paz. Y el Buen Vivir. (O)

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