Ciencia offshore (II)

| 16 de Septiembre de 2017 - 00:00

La ciencia hecha en ultramar (offshore) es un engaño público y es antiética, simplemente porque muestra líneas de investigación, artículos científicos publicados y participación en investigaciones, pero que no se realizan en Ecuador, sino fuera del país. Al constatar la presencia de investigadores ecuatorianos que figuran como coautores de los trabajos publicados, se produce la falsa idea de que estos han sido realizados en Ecuador; es decir, constamos en los rankings como productores de ciencia, pero al analizar lo que realmente producimos, tal idea no es real.

Cuando vemos las universidades mejor posicionadas, algo no cuadra. De acuerdo con las consideraciones para los rankings, Ecuador sería una potencia en áreas donde carecemos de infraestructura y desarrollo. El análisis de los autores principales de las publicaciones en las bases de datos Scopus y SJR, muestra que las instituciones ecuatorianas producen entre 10% a 40% de ciencia propia. Lo que significa que entre 60% y 90% se produce fuera. En términos prácticos, los ecuatorianos no son los dueños de las ideas, solo partícipes de grupos de investigación extranjeros.

Haciendo un cálculo simple, si existen 11.000 investigadores en Ecuador, deberíamos tener al menos el mismo número de publicaciones, pero solo tenemos que las 51 instituciones investigativas (las cuales aparecen en las bases de datos), han producido 1.346 artículos en 2016 y 943 en 2017. Además, si filtramos y excluimos a las ‘cooperaciones’, entonces las instituciones que estaban en los primeros puestos se quedan rezagadas, mientras que las que producen ciencia propia pasan a los primeros puestos.

Algo similar ocurre al analizar los nombres de investigadores que lideran las publicaciones: la gran mayoría tiene apellidos extranjeros. El cuadro de ciencia hecha afuera se completa cuando se analiza la participación en congresos científicos internacionales, que llega solo a 151. Artículos de revisión: 64 y capítulos en libros: 27. Cifras que al comparar con Colombia, por ejemplo, nos deja cortos, pues allí cuentan en 2016 con 4.010 artículos, 228 participaciones en congresos científicos, 211 revisiones de temas científicos y 68 capítulos en libros de ciencia.

Si queremos como país cambiar este panorama, hay un solo camino: hacer de la ciencia una política de Estado y promover la investigación propia; puntuar menos la investigación offshore e incentivar a los investigadores nacionales con apoyos directos.  La ciencia nacional es el único camino para el desarrollo y la no subordinación a tendencias científicas impuestas. (O)

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