¿Caerá en la trampa reaccionaria?

- 01 de marzo de 2017 - 00:00

El progresismo ecuatoriano. El país real habló el pasado 19 de febrero. O está tomando la palabra, según se observe. Mientras el discurso de las candidaturas presidenciables fue a un país inexistente, bastante irreal; a una masa de electores semejantes, sin dirección a la diversidad, ese palabrerío insólito fue ajeno a la interculturalidad que proclama la Constitución de la República y testimonian estas calles de Oshum; al menos, en gran medida, las asesorías electorales pretendieron uniformizar realidades, pensamientos y sentimientos. Suponen que la diversidad de gentes y culturas es invención de “sociólogos y antropólogos vagos”. Afinando el análisis, pretendieron maquillar la exclusión y la exclusividad socio-étnica (o socio racial). Ahora se quiere que prevalezca en lo mediático, en la tarima, en los debates y en la esquina que la disputa electoral es entre ‘correísmo y anticorreísmo’. Una falsificación interesada para el Ecuador sentipensante.

El liderazgo y las comunidades afroecuatorianas deben superar esa trampa reaccionaria, no es por ahí ni lo será; más bien, es cuánto de reconocimiento (R), justicia (J) y desarrollo (D) estamos predispuestos, mujeres y hombres negros, a alcanzar desde el pequeño palenque, en cual nos encontremos. El Decenio Internacional de la Afrodescendencia fue asumido en su totalidad por el gobierno de la Revolución Ciudadana, pero su efectividad política, y en políticas públicas, todavía es exigua. ¿Qué hace (o hizo) falta al actual Ejecutivo? Decisión política y comprensión que la equidad es una prolongada construcción social y cultural. Es inevitable reconocer la inversión múltiple gubernamental en los sectores más empobrecidos del país (entre ellos, las comunidades negras) y en la elaboración de un ámbito jurídico favorable al antirracismo. Aún así las millas caminadas en las vías por la equidad dejan bastante camino por delante.

En teoría, nuestras comunidades favorecieron con su voto a las candidaturas afroecuatorianas, casi sin importar el partido o el movimiento político-electoral. Algunos nombres, entre principales y alternos, Julio César Quiñónez, José Chalá Cruz, Lenín Plaza Castillo, Jorvelis Corozo, Calletano Tenorio y Paola Cabezas (por Movimiento PAIS), Mae Montaño (por CREO) y Mayra Montaño (por PSC). Son obvias las encontradas diferencias partidistas, pero no dudo de que saben que el pueblo negro va con ellos a la Asamblea, a pesar de haberse quedado algunos importantes tribunos.

Cabe la probabilidad de que un artificio electoral favorezca al candidato de la derecha (cruce de dedos) a último momento, pero para el candidato del progresismo ecuatoriano la probabilidad de ganar es mayor por una sola condición: dirigirse, claro y preciso, a la diversidad ecuatoriana. Y no necesita de trucos. En territorios urbanos y rurales de asentamiento de comunidades negras triunfó Lenín Moreno, por ejemplo, en barrios y parroquias de Guayaquil, Esmeraldas y Santo Domingo.         

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