Columnista invitado

Bob Menéndez: corrupción y genocidio

| 02 de Septiembre de 2017 - 00:00

Como es del conocimiento público, el senador demócrata por el Estado de New Jersey, EE.UU., Robert (Bob) Menéndez, ha sido acusado por las autoridades judiciales de Estados Unidos de más de diez delitos bajo el rubro general de corrupción. El influyente legislador, quien fue presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense se encuentra a la espera del inicio de las audiencias judiciales que determinarán si es llevado a juicio por los cargos que se le han imputado.

Sin embargo, todo indica hasta ahora que ese juicio tendrá lugar y que el inmenso cúmulo de pruebas en contra del senador conducirá indefectiblemente a su condena a varios años de prisión. Para tener una idea de la ingente magnitud de las evidencias que lo incriminan, basta decir que están contenidas en algo más de 200 mil páginas.

Un importante dato que permite prever la condena a Menéndez radica en que la Suprema Corte de EE.UU. ya rechazó por improcedente la solicitud de los abogados del legislador para desestimar y cancelar las acusaciones contra su poderoso cliente.

Esencialmente, el congresista está acusado de recibir millonarios sobornos del médico oftalmólogo dominicano Salomón Melgen para ayudarlo, dado el elevado estatus político del congresista, a defraudar al sistema de salud de EE.UU. llamado Medicare, mediante consultas, estudios, diagnósticos falsos y facturaciones infladas. Salomón Melgen, quien enfrenta el riesgo de una condena de 15 a 20 años de prisión, está siendo procesado y se encuentra por el momento en libertad condicional. Y mucho dependerá su futuro de su disposición al testificar contra el senador Menéndez. Si este fuere el caso, no hay que ser adivino para prever que Bob Menéndez irá a dar, como se dice popularmente, con sus huesos a la cárcel

No es esta la primera vez que Menéndez enfrenta cargos judiciales por corrupción. En el año 2013 fue acusado por el Departamento de Justicia de EE.UU. de haber contratado los servicios de dos prostitutas dominicanas que en esos momentos eran menores de edad. Y es que en EE.UU. es delito federal tener relaciones sexuales por dinero con menores de edad, incluso si esto se hace en países en que ese tipo de prácticas está permitido o no es ilegal.

Ciertamente, Bob Menéndez no fue declarado culpable de ese delito, pero hay algunos puntos de coincidencia con las acusaciones actuales de corrupción enderezadas contra el expresidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense: los citados actos de corrupción de menores fueron realizados en territorio de la República Dominicana y con dos menores de edad de nacionalidad dominicana, misma nacionalidad del oftalmólogo Salomón Melgen, a quien Menéndez ayudaba en la realización de sus millonarios fraudes a Medicare.

Pero independientemente de la conclusión judicial del caso, una cosa es evidente. Las solas acusaciones, el proceso y la eventual condena de Menéndez han tenido una consecuencia inesperada: han quitado de en medio a uno de los más feroces enemigos de Venezuela. Recuérdese que Menéndez fue uno de los impulsores de las más recientes sanciones de EE.UU. contra el gobierno de Nicolás Maduro, las que tienen como meta causar hambre, sed y enfermedades al pueblo venezolano como medio para derrocar al gobierno chavista. A este tipo de situaciones suele llamársele justicia inmanente: Menéndez pagará por ladrón, aunque no pague por sus acciones genocidas contra el pueblo venezolano. (O)

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