Lunes, 28 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Black Friday: la histeria consumista y la violencia de género

Werner Vásquez Von Schoettler

Las celebraciones del Thanksgiving day (Día de Acción de Gracias) duran tan poco que la fiesta tradicional norteamericana se ha convertido en la apertura, en el día de anticipo para el desenfreno del consumo sin límites. Consumo de los excedentes productivos que no logran ser ubicados en su mítica fantasía del perfecto equilibrio entre oferta y demanda.

Viviendo los peores momentos en su capacidad de consumo, con los salarios más bajos de la historia y con las peores condiciones de trabajo, la clase media estadounidense, se ve avocada a consumir hasta el límite de sus fuerzas y capacidades futuras de pago. Y como ocurre con las novelerías, no han faltado las imitaciones que han pegado en el consumo local ecuatoriano. Aquellos que se quejan recurrentemente de que la plata no alcanza, de que la situación está ‘jodida’, han abarrotado los centros comerciales con sus infinitas ‘ofertas’. Ya para este día lunes, la ansiedad habrá pasado, llenos de paquetes y de cosas que en general no se necesitan.

Pero lo más difícil de comprender es que ese pasado viernes 25 de noviembre, no solo nos sorprendió con la noticia de la muerte de Fidel Castro, sino que se conmemoraba el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Los medios de comunicación con su producción de telebasura machista, poco les importó trabajar adecuadamente notas periodísticas para, por lo menos un día, tener la decencia de aportar a la reflexión sobre la brutal pandemia mundial de crímenes contra mujeres y niñas. Una pandemia de la que no escapa ningún país del mundo. Mientras unos celebraban el éxito de haber comprado, como dice nuestra gente ‘pendejadas’ con el 50 y más por ciento de descuento, otros trataban, por lo menos en las redes sociales, de sumarse a las millones de personas que se movilizaron de distintas maneras para decir ¡basta! a la irracionalidad machista, patriarcal, a la violación sistemática de los derechos humanos que padecen millones de mujeres y niñas en el mundo.

El pasado 25 de noviembre es un caso ejemplar de la disputa entre: Civilización y Barbarie. Cuanta falta nos hace una profunda revolución cultural que desmitifique el rol de las mujeres y los hombres; que desmitifique las identidades sexuales; que con seriedad discuta sobre el aborto, sobre la violencia intrafamiliar, sobre la homofobia, pero también sobre las relaciones de poder y dominación entre clases sociales. A las diferencias étnicas, culturales, grupales, hay que desvelar las condiciones materiales. No todos los hombres son iguales, no todas las mujeres son iguales, ni los afrodescendientes, ni indígenas, ni homosexuales, ni lesbianas, ni intersex. A todos los atraviesan condiciones materiales, oportunidades diferentes. Hay disputas de clases evidentes que no pueden ser ocultadas.

Según la ONU el mayor problema en la lucha contra la violencia de género son los recursos económicos. Sí, miserablemente es la paradoja del día: la histeria consumista, versus, la resistencia social sin dinero para combatir los estereotipos mediáticos que cada minuto reproduce falsas identidades, falsos hombres y mujeres, falsos valores de la distinción y el prestigio social. Pasado el primer chuchaqui consumista de fin de año, ya nos vendrán los teletones municipales, esa otra forma de violencia de género, postelección de ‘reinita’. (O)

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