Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit

- 01 de Julio de 2017 - 00:00

Hace cincuenta años la ciudad de Quito terminaba en la avenida Colón. Allí, en el cruce con la 10 de Agosto, se tomaban los buses para ir a Cotocollao. El paseo permitía admirar la campiña rural. Allí estaba el famoso colegio de los jesuitas, a donde enviaban los padres ricos para que sus hijos estudiaran en el considerado mejor colegio del país. Quienes lo deseaban continuaban sus estudios para formarse como sacerdotes. Los que no tenían vocación se retiraban como bachilleres. Los otros seguían completando más tarde su formación como maestrillos tras dos años en los colegios jesuitas del país. Entonces, con los votos de caridad, castidad y obediencia, tomaban el camino de la vida sacerdotal, estudiando siempre y compartiendo con la Compañía de Jesús y con la de los compañeros.

Por aquel tiempo hubo una crisis que llevó a muchos sacerdotes a optar por la causa de la justicia social enrolándose en las luchas políticas en beneficio de los pobres, dejando los hábitos. Y otra, más individual, que llevó a varios a botar los hábitos, y formar familias disfrutando de los placeres de la sexualidad.

Allí en Cotocollao estaba la famosa biblioteca de autores nacionales, iniciada por el padre Aurelio Espinosa Pólit.  ¡Los libros! Esa pasión de muchos y desde luego de los jesuitas. Años más tarde tomó a su cargo la misma el padre Julián Bravo, quien la cuidó con celo porque, como dice la Revista Rocinante, se conserva lo que se ama. Los jesuitas son y han sido tema trascendente en la historia del Ecuador, de América Latina y del mundo.

Tanto enseñaron a sus alumnos a buscar la verdad y el bien, que muchos la encontraron en caminos diferentes a los predicados por ellos. La colección iniciada por el padre Aurelio llega hoy a 300.000 obras, y, desde hace 12 años se digitaliza merced al esfuerzo del padre Piñas. Con la memoria electrónica se conservarán, de manera digital, evitando cualquier riesgo y permitiendo que se difundan de manera más ágil y universal. Hay joyas históricas como el texto original del himno de Juan León Mera y la Historia del Reino de Quito, de Juan de Velasco.

Bien por el fundador, bien por quienes la han mantenido. Esta, la biblioteca patrimonial más importante del Ecuador, pionera y ejemplar, forma parte de los acervos nacionales que cuidan la identidad ecuatoriana y contribuyen a que la historia haga a todos cada vez mejores. Los libros, como todas las obras del arte o de la ciencia, no son inertes, son testimonios vivos que nutren de manera activa, cada día, el devenir de la nacionalidad ecuatoriana. (O)

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