Miércoles, 31 Mayo 2017 00:00 Columnistas

Atenea negra (I)

Juan Montaño Escobar

Así tituló sus investigaciones sobre los procesos civilizatorios africanos y asiáticos el académico inglés Martin Bernal (1937-2013). En alguna parte del prólogo expresa su emoción por el descubrimiento de algo antes descubierto y por racismo (mezcla de raza y política) distorsionado hasta instalar como verdad aquella mentira de ‘Atenas, cuna de la civilización’.

Sin rechazar sus aportes civilizatorios, por supuesto. “Egipto había poseído sin duda alguna la mayor civilización del Mediterráneo oriental durante los milenios que tardó en formarse Grecia”. Atenea negra, prólogo, p 11, editorial Grijalbo, 1993. Esa ‘mayor civilización’ fue negra o sea bantú. Burlas y ruidosas carcajadas malintencionadas persiguieron a M. Bernal por años, pero a su momento se comprobó la veracidad de sus aciertos investigativos y el efecto ‘terremoto’ facilita cuestionamientos a tanta falsedad inventada para justificar el supremacismo racial.   

Alguna intelectualidad, sin ndunga argumentativa, nos acusa de ‘esencialistas’ o ‘afrocéntricos’, cáguense de la risa, porque eso somos, pero no de esa manera, sino de esta otra. Al esencialismo y afrocentrismo agréguese ‘estratégico’. Los dos apelativos no son buenos o malos por rebusque conceptual. O por reflejo pavloviano al eurocentrismo, aunque lo fuera sería legítimo. El profesor Michael Handelsman acierta en su definición: “Por afrocentrismo entiendo aquellas perspectivas fundamentadas en y desde las diversas experiencias de ser negro, tanto en Ecuador como en el resto de la diáspora afroamericana”, Leyendo la globalización desde la mitad del mundo, editorial El Conejo, 2005, p. 69. Es estrategia para la emancipación (o emancipatoria); es estrategia epistemológica para enfrentar el intento de perpetuar el colonialismo desde ciencias y saberes; es estrategia política de 200 millones de afrodescendientes de las Américas; y es estrategia de la memoria colectiva y cultural para continuar anteriores procesos civilizatorios, pero en las Américas.

Martin Bernal prueba que Occidente (no tanto como lugar geográfico) fue una invención supremacista para prolongar por todos los tiempos y medios posibles el colonialismo y sus alcances en la formación de las castas gobernantes. Caramba, desde las corbatas de los congresistas americanos hasta la negativa de la educación afroamericana en cada país; en el caso ecuatoriano la etnoeducación, negada hasta parecer un tema gubernamental insólito. M. Bernal agrietó el muro (en estas horas de muros) de la porfía tarzanesca con que se muestra todavía a las naciones africanas en sus historias y cotidianidades.

La ‘cuna de la civilización’ griega fue inventada en el siglo XVIII, hasta entonces no se negaba, al menos no con tanta vehemencia intelectual, la importancia civilizatoria de Egipto. M. Bernal centra en cuatro axês su análisis: la reacción cristiana, la aparición del concepto ‘progreso’, el incremento del racismo y el helenismo romántico. This story will continue. Thanks. (O)

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