Aporte a la cultura ecuatoriana desde la región

- 23 de mayo de 2017 - 00:00

Celebro que el periodista Paul García Lanas haya sacado del anonimato al primer periódico de cultura popular del país, La Civilización, que surgió en Latacunga. En su artículo ‘El periodismo en Cotopaxi’, con motivo de los 50 años de la Asociación de Cotopaxenses residentes en Quito, escribe: “Justamente el año en que se fundó la provincia de Cotopaxi en 1851, se publicó, de lo que se conoce, el primer periódico en la provincia: el quincenario La Restauración. El segundo es La Civilización en 1856”. Comparto con mis lectores información y reflexiones complementarias.

Destaco, ante todo, el lema pionero y de actualidad del periódico La Restauración: “Atended más a lo que se os calle, que a lo que se os dice; a lo que se os oculta, que a lo que se descubre”. Regla de oro que guíe al ciudadano al leer cierta prensa comercial.

El fundador de La Civilización fue el napolitano Carlo Cassola, quien introdujo la enseñanza de la química y la física en el país; su único hijo, Rafael, creció en Latacunga, Coronel de Milicias, muy cercano a Eloy Alfaro,  fue diputado y senador, y descolló como empresario exitoso, condecorado por la excelencia en el cultivo del trigo.

Para su quincenario, Carlo Cassola logró establecer agencias fuera de Latacunga, en Quito, Ibarra, Otavalo, Esmeraldas, Ambato, Riobamba, Guano, Cuenca, Guayaquil, Loja, Manabí y Guaranda, dando pruebas de su increíble dinamismo. El lema era: “Periódico científico, artístico, agrícola, metalúrgico, manufacturero, comercial y literario”. Se editaba en la  imprenta del colegio Vicente León de Latacunga.

Infortunadamente, no pudimos encontrar la colección completa del periódico. La  biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, de Cotocollao, posee los números 4, 5, 8, 18 (incompleto) y 20. Y en el Fondo de Ciencias Humanas de la Dirección Cultural del Banco Central de Ecuador, encontramos en microfilm los números 7 y 18.  

El periódico abunda en artículos motivacionales y prácticos, sobre cómo desarrollar diferentes industrias. Eran muy variados, por ejemplo, sobre los procedimientos y diversas sustancias de la tintorería, “a fin de que las manufacturas nacionales se pongan al nivel de los progresos de la ciencia”. Hasta daba ejemplos prácticos para las amas de casa, como el procedimiento para obtener la sal de cocina blanca y sin arena: “La sal que se emplea en las cocinas de estos países es demasiado sucia y por consiguiente de mal sabor y perjudicial a la salud”. Además, advirtió sobre los inconvenientes de administrar el calomel o protocloruro de mercurio, como se encontraba en las boticas, “que aunque esté lavado, contiene siempre proporciones variables de sublimado corrosivo”.

Más que apoyo para su periódico, tuvo dificultades y obstáculos; un día el impresor le comunicó la orden dada por el rector del colegio, que prohibía la impresión si no se daban cuatro pesos por cada número como indemnización de la imprenta, o si no se obtenía del supremo Gobierno la exención de este pago. El autor terminó pagando de su bolsillo los cuatro pesos “para que el país no pierda las ventajas que le resultan de la lectura”. (O)