Jueves, 12 Enero 2017 00:00 Columnistas

"Alcanzar lo más alto"

Antonio Quezada Pavón

Me agradan los Obama. A través de conseguir la mejor educación, alcanzaron el ‘sueño americano’ de llegar a la presidencia de Estados Unidos. Y vienen desde muy abajo. ¿Cómo no simpatizar con ellos? Algunos de nosotros, mediante becas y subsidios, logramos obtener buena educación y superar la pobreza. Y es por eso que también respeto y apoyo a nuestro presidente Correa, más allá de la afinidad ideológica, pues, habiendo vivido esa realidad, generalizó y amplió las oportunidades para obtener educación de clase mundial y popularizó (qué hermoso es decir esto) la posibilidad de conseguir un doctorado en filosofía en cualquier especialidad. Yo soy un becario Fulbright y obtuve una de las ocho becas disponibles en mi época, lo cual cambió mi vida. Ahora la Senescyt ha enviado a miles de brillantes jóvenes ecuatorianos a estudiar en las mejores universidades del mundo.

¿Se dan cuenta del cambio que se está promoviendo? Doña Michelle Obama dio su discurso final como Primera Dama de Estados Unidos el pasado viernes en el evento Consejero Escolar de 2017 en la Casa Blanca. Fue una poderosa alocución enfocada en sus campañas para lograr que los muchachos se sientan motivados para ir a la universidad. Su iniciativa se llamó ‘Reach Higher’ (Alcanzar lo más alto) resaltando la importancia de la educación en la vida de un joven. Con emoción al borde de las lágrimas, casi al final de su discurso, dijo algo que es la responsabilidad de todo líder, asegurándoles a aquellos a quienes apoyó durante el mandato Obama, que ella lo seguirá haciendo: “Yo quiero que los jóvenes sepan que ellos nos importan, que ellos nos pertenecen, de tal manera que no tengan miedo. ¿Me escuchan? Jóvenes, no tengan miedo. Estén enfocados, sean determinados, tengan esperanza, tengan empoderamiento”, es lo que ella les dijo. “Lideren con el ejemplo, con esperanza, nunca con temor y sepan que yo estaré con ustedes, sembrando sus raíces y trabajando para apoyarlos por el resto de mi vida”.

Su mensaje fue de esperanza, que de hecho fue la plataforma de campaña de Barack Obama hace ocho años: “Cuando ustedes están batallando y piensan que deberían darse por vencidos, yo quiero que recuerden algo que mi esposo y yo hemos dicho desde que empezamos esta travesía hace casi una década, y es algo que lo hemos llevado en todo momento aquí en la Casa Blanca y en cada momento de nuestras vidas. Y es el poder de la esperanza, el tener fe en que algo mejor es siempre posible, si ustedes están dispuestos a trabajar y luchar por conseguirlo”. No hay duda de que esto iba dirigido a los inmigrantes y minorías en Estados Unidos que tienen preocupación y temor ante el nuevo presidente electo (a quien nunca se refirió por su nombre).

Y muy claramente tocó el tema de la gran diversidad americana: “Nuestra gloriosa diversidad –diversidad de creencias, colores y credos- no es una amenaza a lo que somos. Hace lo que somos”.  Dijo que nadie debería sentirse aparte de la historia del país. “Ustedes tienen el derecho de ser exactamente como son, pero es un derecho que tiene que ser ganado cada día”. Finalmente hizo un llamado para preservar las libertades de ese país: “Ustedes no pueden dar por sentado las libertades que tienen”. 

Escuché este discurso con mucha atención. Traté de hacer comparaciones con nuestra realidad y parece que, guardando las distancias, es muy similar. Me hizo acordar de mis inicios, de los temores y las luchas. De las veces que me di por vencido y nuevamente me levanté. Y es por eso que creo y defiendo que lo único que no nos pueden arrebatar a los seres humanos es la esperanza y el deseo de alcanzar lo más alto. (O)

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