Sábado, 08 Julio 2017 00:00 Columnistas

Alcaldes e interculturalidad

César Hermida

Desde hace algún tiempo el alcalde de Nueva York es un afrodescendiente. Hoy el de Londres es de origen árabe. Zygmunt Bauman cree (en Tiempos líquidos, Tusquets, Buenos Aires 2017) que “el París de los ancestros galos está a punto de convertirse en políglota y polícromo, como Manhattan; y París podría llegar a tener un alcalde norteafricano… antes de que Nueva York tenga uno hispano”. Esto pasó y puede pasar en aquellas metrópolis, como ha sucedido en nuestras pequeñas ciudades, como Cayambe, Otavalo, Colta, Guamote.

Antes, los indígenas que debían realizar cualquier gestión en esas ciudades, llegaban a ellas y se acercaban temerosos a la casa municipal y tímidamente preguntaban sobre el trámite necesario.  No era rara la segregación del maltrato y la discriminación de no permitirles el ingreso a ciertos lugares de los gobiernos hoy denominados autónomos y descentralizados. Pero paulatinamente, en todas esas ciudades de blancos, aunque en realidad se tratara de mestizos, se fue dando un doble proceso: primero, la adquisición de viviendas y terrenos del centro por parte de los indígenas pudientes; y segundo, la fuerza política del apoyo popular en las elecciones que permitió la representatividad necesaria en los gobiernos locales.

Así ganaron terreno en las propiedades centrales y triunfaron en las elecciones como autoridades cantonales, como alcaldes indígenas lugareños, instruidos y políticamente claros. Con sus equipos humanos planificaron los planes de ordenamiento territorial de acuerdo a sus criterios.

Muchos mestizos locales emigraron vendiendo sus casas y terrenos. Los centros cantonales se tornaron indígenas con los nuevos propietarios. En Cayambe, el Gobierno se tornó Plurinacional e Intercultural, como en Otavalo, en Colta y en Guamote. En este último un enorme y radiante sol reemplazó a la cruz como nuevo símbolo en el frontispicio de la casa municipal y en el centro del parque.

La cultura ancestral hizo presencia viva, tanto en la expresión artística de sus propios escritores, pintores y sobre todo músicos, en sus fiestas y ritos, como en el hecho de mostrar sus usos y costumbres cotidianas, su alimentación, su vivienda, su trabajo en la tierra, sus artesanías, sus creaciones y recreaciones. Ejercitar su sentimiento gregario, su identidad. Expresarse con libertad y tener autonomía para sus propias decisiones. Poner en práctica la exigencia de sus derechos para lograr su propia educación, sus servicios de salud, sus viviendas. Y cumplir el anhelo de su propio bienestar, su buen vivir. (O)

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