"Al toro por los cuernos..."

- 21 de septiembre de 2017 - 00:00

“Llega un momento en los asuntos de los hombres en que hay que coger al toro por los cuernos y enfrentarse a la situación” es una lapidaria frase que se le atribuye a W.C. Fields, comediante norteamericano misántropo y bebedor empedernido, muy simpático a pesar de que era gruñón y despreciaba a los niños y a los perros.

Sin embargo tenía mucha razón pues nos preocupamos con una ansiedad sin precedentes por el futuro, pues todos aceptamos (excepto el Sr. Trump) que el calentamiento global es un hecho, que lagos y ríos se están ensuciando, que la atmósfera está cada vez más contaminada y ahora, por obra y gracia del gordito dirigente norcoreano, vivimos bajo la inminente amenaza de un holocausto nuclear. Más aún, somos conscientes de que existe una opresiva pobreza en medio de la opulencia y nos resiente que mucha de esa riqueza es mal habida, producto de la corrupción nacional y global.

Nos sentimos agobiados por la cantidad de problemas que ha heredado Lenín Moreno, si no los conocíamos, por lo menos los intuíamos, pero ahora quisiéramos encontrar soluciones sencillas a las complejas amenazas que se ciernen sobre el futuro nacional. Lo malo es que buscando esta sencillez, mentes ardientes (ojo que no son necesariamente mentes lúcidas) caen presa del misticismo y de cualquier panacea que prometa una solución fácil.

La mayoría de nosotros poseemos una gran habilidad para desplazar las culpas hacia los demás. Cierto que la responsabilidad está ampliamente repartida. Estamos siendo testigos de serias imputaciones contra varios de nuestros líderes y debemos reconocer que hay personas faltas de honradez, que en su propio beneficio, incurren en corrupción en todos los niveles de la sociedad y de las instituciones, especialmente el gobierno. Igual que hay funcionarios públicos deshonestos, hay empresarios que engañan y mienten a los consumidores y se entregan a toda clase de prácticas dudosas.

Hay extremistas de derecha y de izquierda que se comportan como si el odio y la violencia hubieran de preparar el camino para un futuro mejor. Hay gente dotada de poder e influencia que podrían producir un cambio constructivo de nuestras instituciones, pero que protegen sus propios intereses y se desentienden del futuro de nuestra nación. Pero lo que es más grave, es la mayoría de nuestros ciudadanos que no se inquietan por la inminente crisis, siempre que se les suministre los bienes de consumo esenciales y algunos lujos.

La apatía puede ser más perjudicial aún que la antipatía para la condición humana. Somos reacios a poner en peligro nuestra comodidad en aras del bien común de los ecuatorianos. Preferimos poner en peligro al Ecuador y no salir de nuestro umbral de confort.

Miro con sincera complacencia  que pese a los sentimientos generalizados de egoísmo y autosatisfacción, algo se advierte de signos de esperanza de que estamos entrando en un nuevo periodo de consciencia, que debe caracterizarse por un respeto más profundo al país y a sus ciudadanos. No quisiera pensar como la canción del músico norteamericano Tom Lehrer: “la vida es como una alcantarilla; se saca de ella lo que en ella se ha metido primero.” (O)

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