Miércoles, 31 Mayo 2017 00:00 Columnistas

Al pasado, nunca más

Leonardo Vicuña Izquierdo

Con absoluta deshonestidad académica o perversidad política opositora, buscando confundir y levantando odio enfermizo a la RC y al expresidente Rafael Correa, algunos pseudoanalistas critican duramente la situación fiscal, sin siquiera mencionar su causa principal, la estrepitosa caída del precio del petróleo y otros factores externos, tantas veces señalados, así como los efectos del terremoto de Manabí.

En efecto, el país perdió unos $ 6.000 millones anuales por la baja de las exportaciones de crudo y unos $ 5.000 millones de ingresos presupuestarios. Exigen cínicamente que se archive el programa de gobierno de Alianza PAIS y hasta se atreven a plantear que se imponga la agenda del candidato perdedor y de la banca; en una palabra, volver al pasado.

Ello implicaría desmantelar impuestos en beneficio de la gran empresa y poderosos capitalistas, volver a las corruptelas desde el BCE al que antes asaltaron con la devaluación, la sucretización de la deuda externa privada, los famosos créditos a la banca privada para encubrir sus robos y la propia dolarización, asumida como extensión del atraco bancario, que incluyó el tristemente célebre ‘feriado’, con el actual saquearon buena parte del ahorro de los ecuatorianos, enriqueciendo más a los banqueros.

También critican el endeudamiento externo que se contrató con fines productivos y sociales, sin vender la soberanía nacional o hipotecar el país, como la partidocracia lo hizo, con las mafias financieras del exterior y locales, con el ‘arbitraje’ e imposiciones del FMI, como ocurrió en el gobierno de Sixto Durán y Alberto Dahik. Dicen estar preocupados por la dolarización y, sin embargo, tienen $ 30.000 millones en los paraísos fiscales. Arman todo un drama por el dinero electrónico, afirmando que con él se busca reemplazar al dólar, a sabiendas que representa una mínima parte de la masa monetaria, que asciende a unos $ 400.000 millones.

Por fin, piden, en esencia, muy sueltos de huesos, que se archiven las políticas sociales redistributivas, el plan ‘Toda una Vida’, la planificación y que se minimice el rol del Estado, con una drástica reducción del gasto público, para volver a las suyas; esto es, a los mercados concentradores, la especulación, desregulación, ‘libre’ comercio, que afecta a los productores nacionales, y mayor concentración de las riquezas. No están contentos con el hecho de que apenas 50 grupos de hipermillonarios tengan el 57% del ingreso nacional ( $ 57.000 millones), mientras que la población entera, incluidos sectores pudientes, tienen el 43% restante; asimismo, un puñado de grandes terratenientes controla la casi totalidad de propiedad de la tierra, mientras que la masa campesina no tiene acceso a ella.

La economía comenzó a recuperarse del colapso y el Gobierno se apresta a modificar la estructura productiva, con la Revolución Agraria y el impulso a la tecnología y el conocimiento, con base en la enorme infraestructura económica y social construida, con el objetivo de aprovecharla, incrementando la producción y la productividad, redistribuyendo la tierra, en el marco de una política de desarrollo social, que no puede ser interferida por intereses egoístas de empresarios atados al pasado, al que jamás se volverá, por la firme posición de la mayoría del pueblo ecuatoriano que reconoce los beneficios de la gestión del gobierno de la RC, que Lenín continuará, coordinando racionalmente acciones con el sector privado, que incluye a los medianos y pequeños propietarios y productores de la economía popular y solidaria, con el apoyo decidido de Alianza PAIS.

Como se sabe, el objetivo supremo de AP y la RC es la construcción de una sociedad con crecimiento económico sostenido y progreso social; de un país con soberanía plena, de justicia y equidad; en fin, la construcción del Socialismo del Buen Vivir, lo que tanto asusta a los explotadores de toda la vida, sus voceros y plumíferos de toda condición. (O)

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