Miércoles, 18 Enero 2017 00:00 Columnistas

Acostumbrados a vivir mal

Lucrecia Maldonado

Con frecuencia en las familias de los adictos al alcohol o a cualquier otra sustancia, y sobre todo en quienes desde su más tierna infancia han tenido esta dura experiencia, existe una costumbre, un apego a un tipo de vida que parece normal, pero que no lo es. La dinámica de lo que se ha dado en llamar ‘familia disfuncional’ consiste precisamente en vivir como normales todas aquellas crisis y tormentas provocadas por la enfermedad presente en el hogar.

Entonces, está bien mentir, porque supuestamente es por un bien superior. Está bien soportar vejaciones y humillaciones en aras de una supuesta paz familiar. Se ven como normales el abuso, la violencia, la falta de límites, la penuria económica, los chantajes morales y muchas otras situaciones similares. Como no se ha conocido otra manera de vivir, se considera que todo está bien.

Eventualmente, y lamentablemente con menos frecuencia de la deseada, el miembro de la familia que tiene el problema más visible se recupera de su trastorno y parecería que todo será paz, calma y felicidad. Pero, contrariamente a lo que sería de desear y esperar, no terminan ahí los problemas: a veces incluso empiezan a agudizarse. En muchísimos casos, incluso se ha llegado a determinar que es la familia cercana la que casi literalmente ‘empuja’ a la persona adicta o alcohólica hacia una recaída. ¿Y por qué? Por un motivo sencillo: porque están acostumbrados a vivir mal. En muchos casos, incluso añoran el conflicto, la zozobra y los recursos que la enfermedad de la adicción proporcionaba a los miembros no adictos para sentirse los buenos de la película, para ganar fama de nobles y sacrificados e incluso para manipular a otros miembros de la familia, incluido el mismo adicto.

Por otro lado, la vida en recuperación tampoco será una situación 100% ideal, siempre habrá nuevas situaciones, problemas y retos que se deberán solucionar o abordar con sabiduría y discernimiento. Si no, no solo la persona con adicción, sino la familia, han ido en pos de una recuperación duradera y auténtica, todos pondrán de su parte para sacar adelante a ese grupo humano, pero si no es así, entonces será mucho más arduo conseguir la anhelada recuperación duradera.

Ahora, en este tiempo de elecciones, parecería que algunas personas recuerdan con nostalgia, tal como los familiares de una persona adicta, el tiempo de los paros y huelgas de maestros, que dejaban a nuestros niños con prolongadas vacaciones hasta que las autoridades cedieran al chantaje. Estábamos acostumbrados, y tal vez haya algunos que no se desacostumbraron. Posiblemente añoren también los paquetazos que nos daban pretexto para sentirnos víctimas, las subidas graduales de los precios de los combustibles, y –esperamos que no, pero por momentos da esa impresión– hasta da la impresión de que tienen una infinita nostalgia de aquella época en que el pretexto para salir de viaje fue tener que ir a buscar la vida en lugares más prósperos, realizando trabajos precarios y humillantes.

Evidentemente, no vivimos hoy una situación perfecta: hay muchas cosas para rectificar y revisar. Sin embargo, las ofertas de muchos de los candidatos, sobre todo de los ‘reciclados’, en el fondo prometen regresar a ese pasado que parecía superado, apelando a la nostalgia de aquellos que tanto se acostumbraron a vivir mal, que tal vez no anhelen más que el regreso a aquellos días oscuros. (O)

ENLACE CORTO

Google Adsense

Google Adsense