Martes, 15 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

¡Achachay...!

Alfredo Vera

Cuando cayó el baldazo de agua helada sobre la humanidad entera, ella exclamó el más grande “¡Achachay…” que se haya escuchado en la vida, cuando se conoció el resultado de las elecciones norteamericanas, con el triunfo de Donald Trump.

La tramposa ley electoral de esa nación permite que un candidato tenga mayor número de votantes y pierda frente al que tiene superioridad de los llamados delegados electorales. Los discursos emitidos por el candidato republicano causaron enorme preocupación por el lenguaje agresivo, intolerante, prepotente, racista, insolente contra las  mujeres y otras cosas semejantes, y llenó de preocupación a la humanidad, porque nadie creía que una persona con ese mensaje y comportamiento podría conquistar el respaldo de los electores de ese país.

Él había dicho que, si llegaba al poder, iba a construir una gran muralla para impedir que pasen la frontera los mexicanos y que su costo lo debería pagar el propio México. También afirmaba que debería matarse a las familias de los terroristas que atentaban contra sus instituciones. De igual forma se pronunciaba en contra de lo que había hecho Obama, para restablecer las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Cuba y que iba a fortalecer el infame bloqueo económico. No dejó de mencionar su disposición de agudizar la crisis en que vive la República de Venezuela, por el desabastecimiento de los principales bienes alimenticios, de aseo y de consumo humano.

Tampoco dejó de mencionar el conflicto que afecta al pueblo de Siria, sin admitir que el propio gobierno de los demócratas había entregado armamento pesado y respaldo económico a los insurgentes enemigos del gobierno establecido democráticamente. Si revisamos la historia, podremos constatar que existen en los textos frases históricas del Libertador Simón Bolívar, que revelan su pensamiento visionario sobre la conducta que mantendría el régimen del gran país del norte, para desconocer la soberanía y la dignidad de otros pueblos.

Uno de esos pensamientos que se ajusta a la realidad contemporánea es el siguiente: “Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros: ya ven decidida la suerte de las cosas y con protestas y ofertas, quién sabe si falsas, nos quieren lisonjear para intimar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses...”.

Ese pensamiento del Libertador pone en evidencia la capacidad de análisis y realismo con que escrutaba las circunstancias en que se desenvolvía la crisis, en ese momento en que se luchaba por alcanzar la primera independencia frente al imperio español. Si nos interesamos en conocer la realidad histórica en la que se vivía en tales tiempos de lucha y de patriotismo, para denunciar el oprobio al que estaban sometidos los pueblos hermanos de la patria de Simón Bolívar, veamos otro pensamiento que se ajusta a esa tremenda circunstancia: “Ya por su antineutralidad, la América del Norte nos ha vejado tanto, exijámosle servicios que nos compensen sus humillaciones y fratricidios”.

Pero hay otro pensamiento del Libertador que constituye una lápida histórica, de valor permanente, y que demuestra la rebeldía y acierto de su visión futura, que nunca deja de tener actualidad cuando dice: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”.

El Sr. Trump, pese a su fama de no tener memoria, deberá admitir, en su momento, que el ilustre venezolano tenía toda la razón. Y que proponga formas para que ese vaticinio del Libertador pueda ser cambiado. Aunque antes se decía: El que nace pipón, aunque lo fajen, así se queda. (O)

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