Martes, 27 Septiembre 2016 00:00 Columnistas

A quién benefician los recursos naturales (2)

Víctor Mendoza Andrade

En el artículo antecedente sobre el tema nos referimos a la conmoción causada en general y en particular a la comunidad científica por la publicación del informe titulado ‘Los Límites del Crecimiento’ (1972), con los resultados de las investigaciones realizadas por un grupo de investigadores del Instituto Tecnológico de  Massachusetts (MIT) bajo la dirección de Donnatella y Dennis Meadows, sobre los problemas que amenazaban a la humanidad por la depredación de los recursos naturales (RN) causados por el consumismo desenfrenado de los países industrializados. El anuncio (década del 70) fue que hacia el año 2000 ocurriría una grave crisis mundial en las producciones: industrial y agrícola que invertiría el sentido positivo de la evolución.

Si bien la predicción felizmente no se cumplió. Las simulaciones realizadas con la información obtenida sugerían la ampliación de las investigaciones y el análisis de la interpretación de la relación entre el consumo y el desarrollo.

En 1987 se publica el documento ‘Nuestro Futuro Común’, investigación realizada por Gro Harlem Brundtland y que fue el primer intento de eliminar la confrontación entre el desarrollo y el equilibrio de la sostenibilidad de los RN, demostrando que hasta ese momento “el camino que la sociedad global había tomado estaba destruyendo el ambiente, por un lado, y dejando a cada vez más gente en la pobreza y la vulnerabilidad”.

Se estableció que la protección ambiental había dejado de ser una tarea nacional o regional para convertirse en un problema global. Todo el planeta debía trabajar para revertir la degradación actual, advirtiendo que debíamos dejar de considerar al desarrollo y al ambiente como si fueran cuestiones separadas, ya que “son inseparables”, y que el desarrollo no es un problema exclusivo de los países que no lo tenían, para transformarse en una responsabilidad global para lograr la estabilidad del planeta, compromiso ineludible surgido ante la amenaza inminente de las consecuencias del calentamiento global, cuyos mayores responsables son los países industrializados y los más afectados los países del tercer mundo, los cuales deben vender barato sus reservas de combustibles fósiles y pagar caro los productos de la industrialización causantes del calentamiento.

La importancia del informe Brundtland no solo reside en el hecho de establecer el concepto de desarrollo sostenible (o desarrollo sustentable), definido como aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones, sino también de incorporarlo a todos los programas de la ONU, confirmado como principio del desarrollo logrado en la reunión de la ONU, Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992.

Así, se puso en evidencia que el problema de la contaminación ambiental no solamente es técnico, sino también político y económico, cuyas soluciones deberían expresarse en los documentos de intercambio comerciales entre los países desarrollados y los del tercer mundo en los cuales en su contenido deberían los costos de la contaminación que sufren los países pobres. (O)

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