A propósito de la historia de la mujer-Herstory

- 10 de Mayo de 2017 - 00:00

La historia, predominantemente androcéntrica, ha sido injusta con la mujer, por invisibilizarla o mantener ciertas prácticas, como el ‘sexismo lingüístico’.  

La historiadora cuencana Raquel Rodas, numeraria de la Academia Nacional de Historia y perteneciente a la junta directiva de la Corporación Cultural Grupo América, con su discurso ‘Decir el mundo en femenino’, del pasado 17 de marzo, llevó a la Academia Ecuatoriana de la Lengua el tema del ‘sexismo lingüístico’.

El Comercio -26/3/2017- la entrevistó al respecto, oportunidad en la que la historiadora, por lo esencial que es  la equidad lingüística, propuso la ‘desobediencia lingüística’, como alternativa para combatirlo. Se refirió, entre otras cosas, a la expresión ‘sexo débil’ que se le asigna a la mujer, y aludió a la paradoja de que un ‘hombre público’ se refiere al hombre que tiene poder, está bien ubicado política y socialmente; en cambio, una ‘mujer pública’ no es la que tiene poder, sino la que vende su cuerpo, la prostituta. Concluyó señalando: “Las mujeres ya estamos cambiando el lenguaje”. En inglés, la historia de las mujeres ya es Herstory.

En cuanto a la invisivilización de la mujer, me permito recordar que a raíz del Bicentenario de la Independencia, hice una investigación para descubrir a las esposas o compañeras de los héroes, tenidas en el olvido. Lo hice motivado por lo expresado, de mucha actualidad, por uno de los héroes, anónimo, medio siglo después, desengañado, imaginando que “las augustas sombras de los mártires del 2 de agosto de 1810 se alzaban iracundas del sepulcro a preguntarnos con amargo acento de reconvención ¿qué provecho hemos reportado de su inmenso sacrificio por darnos una patria? … Vergüenza incomparable la nuestra. En más de medio siglo de vida libre, no hemos hecho sino ir navegando a ciegas… y ansiosos de que cambie a cada momento la decoración del teatro político, por el interés  de salir, como actores, a las tablas, empeñándonos en la caída de gobiernos aunque importe la ruina de la patria”.  

En el libro Los luchadores por la Independencia nos interpelan, rompiendo una tradición, presento a estos luchadores y de otras épocas, con sus esposas o compañeras y su respectivo perfil. Algunos ejemplos: Juan de Dios Morales Estrada -compañera- Josefa Tinajero y Checa; Manuel Rodríguez de Quiroga -esposa- Baltasara de la Bastida y Coello; coronel Juan José Salinas y Zenitagoya -esposa- María de la Vega y Nates, y así sucesivamente. Doy crédito a la historiadora Jenny Londoño, Las Mujeres en la Independencia, y al historiador Jorge Moreno Egas, Vecinos de la catedral de Quito fallecidos entre 1801-1831, offset, 1988, Quito, Ecuador, donde encontré valiosa información.

Se las había ignorado, ocupándose solo de sus maridos o compañeros, a pesar de que sufrieron a la par con ellos, algunas, prisión y muerte ignominiosa, otras, viudas, debieron ocuparse del hogar en condiciones precarias, más aún cuando sus bienes fueron confiscados.

Alfredo y Dolores Costales señalan que “las décadas comprendidas entre 1800 y 1820 son pródigas en personajes femeninos que contribuyeron a la transformación política de la antigua Real Audiencia de Quito. Sus nombres quedaron en la penumbra de la historia, pero nadie puede negar que fueron autoras decisivas en el nuevo rumbo que tomaría la sociedad”. (O)