Jueves, 13 Octubre 2016 00:00 Eliminatorias Rusia 2018

Los goles de Énner dieron alegría en el hospital Pablo Arturo y en el hogar Más Vida

De pie en la cama, Maicol Rodríguez celebra el segundo tanto de Énner ‘Superman’ Valencia.
De pie en la cama, Maicol Rodríguez celebra el segundo tanto de Énner ‘Superman’ Valencia. Fotos: Fernando Sandoval/El Telégrafo

Los quebrantos de salud y la edad avanzada no son problema para seguir a la ‘Tri’. Al occidente de Quito, pequeños pacientes, y al oriente, algunos abuelitos, alentaron al equipo.

Redacción Fanático

El segundo gol de Énner terminó de despertarlo; Maicol Rodríguez, que se perdió el primer tiempo por quedarse dormido, fue el que más brincó al ver el tanto del empate 2-2 entre Ecuador y Bolivia. El niño, de 10 años, es uno de los 10 chiquillos que por ahora tiene el área de Pediatría del hospital Pablo Arturo Suárez de Quito, 5 de los cuales siguen las incidencias del compromiso, válido por la fecha 10 de las eliminatorias del Mundial Rusia 2018.

Maicol no disimula su emoción, se para y comienza a brincar en la cama. Su hermana Fernanda (17 años), prefiere no decirle nada, guarda el cuaderno para colorear y las pinturas que momentos antes se disputaban la atención del infante con el partido de fútbol. No está dispuesta a cortar a su hermano la alegría, que le sienta muy bien después de pasar una semana hospitalizado.

En la habitación adjunta, por culpa de la neumonía, Mateo Ramírez (9 años), no puede gritar el segundo tanto de Énner ‘Superman’ Valencia, pero se sienta en la cama y levanta los brazos. Su madre, Petrona Chávez, sonríe al ver el brillo que el gol de la selección impregna en los ojos del pequeño. No hay duda, le encanta el fútbol.

Al preguntarle si le gustó la conquista, el infante asiente con la cabeza. La diana no le da la victoria a la Tricolor, pero al menos le permite sumar un punto y mantener el invicto en La Paz, donde no pierde por eliminatorias desde hace 19 años.

Y como si aquel tanto rebotara de alcoba en alcoba, las niñas que observan en un tercer aposento comentan el resultado con sus acompañantes. Micaela Chicaiza (12 años), pondera el trabajo de Antonio Valencia, quien, además, es su jugador preferido. Alaba la precisión de sus centros. “Él también dio el pase para el primer gol”, recuerda.

Esa primera anotación la celebró con esperanza. Corrían 49 minutos cuando la definición de Énner tras la asistencia de ‘Toño’ le permitía al conjunto abanderado pasar del 2-0 del primer tiempo al 2-1. “Yo sí les dije, en el segundo tiempo vamos a hacer los goles”, les refirió a su madre, Patricia Mullo, y a su hermana Azucena (23 años), quienes se dan modos para estar en el sanatorio desde el pasado lunes, cuando quedó internada.

Ese día llegó con el pie izquierdo hinchado al presentársele una celulitis; pero la inflamación ya bajó. Su preocupación no únicamente se centra en no faltar al colegio (Consejo Provincial de Pichincha), sino en volver a jugar fútbol, su deporte favorito. En el ‘cole’ se desempeña como arquera o defensa.

La tristeza que le provocaron los tantos bolivianos se disipa en los últimos instantes del compromiso, luego de una acción en la que intervienen ‘Toño’, Fidel Martínez y Énner. La igualdad compensa en algo el esfuerzo de los elementos ecuatorianos.

Al otro extremo, Samanta Ichau (11 años), también aprecia las incidencias de la contienda. Su alivio es doble: la inflamación en el rostro a causa de la celulitis ha descendido en su totalidad y el elenco de todos acaba de empatar. “Y eso que estaba con un jugador menos”, argumenta.

Su progenitora, Ana Carlosama, revela que desde saberse embarazada de Samanta supo la afición que el balompié despertaría en ella. “A mí me fascina el fútbol, soy hincha de Aucas y durante la gestación, como si se tratase de un antojo, me desesperaba por ver a mi equipo. Al año de edad ya le compré una camiseta de Aucas. Ahora juega con sus compañeras”, refiere.

Entretenido con su madre, Mercy Mora, Kenner Yela (6 años), mira de reojo el televisor. Problemas en uno de sus riñones lo llevaron al hospital, pero él se nota optimista. Extraña a sus amigos Jordan, Jeremy y Yandel, con quienes suele pelotear. Quién sabe y algún día, alguno de ellos se hace profesional y accede a vestir la Tricolor. (I)

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Antonio Sánchez (izq.) canta el Himno Nacional, antes del partido entre Ecuador y Bolivia. Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo

Con las primeras notas del Himno Nacional del Ecuador, los ojos de un grupo de adultos mayores se dirigen enseguida a la televisión. “¡Qué lindo es nuestro himno!”, dijo con emoción Pubenza Carrillo. El patriotismo de Antonio Sánchez no fue seguido por sus compañeros y fue el único que se puso de pie para cantar con fuerza la canción patria.

‘Antuqui’, como lo conocen y el apodo que le puso su madre, es uno de los más emocionados con el inicio del partido. En noviembre cumplirá 65 años y con el juego en desarrollo, recordó sus épocas de adolescente en su natal Otavalo, donde se desvivía por jugar fútbol. “La selección está bien; ojalá que puedan ganar en Bolivia. Eso sí, deben aplicarse mucho para lograrlo”.

Aquella indicación, a 3.348 kilómetros de distancia, no les llegó a los seleccionados, pues apenas a los 3’ Pablo Escobar adelantó a los bolivianos. En la estancia para adultos mayores, Más Vida, ver los encuentros de fútbol es una de las distracciones que tienen los profesionales para las personas que están bajo sus cuidados. Jugar bingo, pintar, caminar, bailar o celebrar los cumpleaños de cada uno son las diversas actividades que cumplen en el centro.

Algunos viven en el sitio y otros asisten 8 horas diarias al establecimiento donde reciben todos los cuidados. Como la hora de retornar a sus hogares está cerca, unos pocos están más pendientes del reloj que de la televisión. En el salón donde observaron el partido destacan las fotos de cada uno en las paredes y también las manualidades que suelen hacer.

El segundo gol de Escobar los sorprendió algo desprevenidos. En ese momento se servían una colada, agua aromática o café, según lo que puedan ingerir de acuerdo a las indicaciones médicas. “¿Otro más?”, preguntó César Chávez, también otavaleño como ‘Antuqui’, quien por unos momentos dudó entre que era el empate ecuatoriano o el segundo tanto del local.

Los colores de la bandera nacional resaltaron en las mejillas de algunos aficionados. Ángel Rueda decidió darle un toque extra con un gorro que tenía 3 balones de fútbol de felpa en la corona. “Me enfermo cuando Ecuador no puede ganar y encima ahora está perdiendo con uno de los últimos. Ojalá que en el segundo tiempo mejoren”.

El entretiempo es el momento ideal para intercambiar opiniones sobre la primera mitad. Ney Vasco, nacido hace 80 años en Píllaro (Tungurahua), esperó una mejor actuación de la selección luego de lo que mostró ante Chile. Para él, las cosas se dieron al contrario de lo que se pensaba, pues Bolivia no era el llamado a ser protagonista del cotejo contra Ecuador.

Vasco proviene de una familia grande, en la que sus 8 hermanos se dedicaban a jugar fútbol. Así recordó a Adolfo, Oswaldo y Trajano, por el amor que le tienen al balompié. Como la mayoría de las personas con las que comparte, él también es hincha de Liga de Quito y reconoció que su equipo está pasando por horas bajas; pero no dejará de respaldarlo.

En la sala también está la argentina Graciela Borda. Con orgullo dice que ella es de Casilda (Santa Fe), ciudad donde nació Jorge Sampaoli, actual entrenador del Sevilla de España. Hace 6 años se radicó en Ecuador y ella es una especie de cuidadora a tiempo completo de Ángel Rueda, pues es una acompañante terapéutica.  Su esposo Gabriel Arias fue futbolista del América de Quito, en sus mejores tiempos, y luego actuó en Deportivo Quito. Ahora volvieron y Arias dirige una escuela de fútbol en Otavalo.

“La edad es lo de menos. Estamos activos, felices, con muchos cuidados y tranquilos”, contó Castillo, justo después del descuento de Ecuador. La hora de retornar a casa llegó y en el traslado hasta sus hogares se enteraron del gol salvador de Énner Valencia, para rescatar un punto de La Paz. (I)

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