La pelea por clasificar al Mundial es estrecha

| 02 de Septiembre de 2017 - 00:00
El defensa de la selección chilena, Gary Medel (d) se lamenta de rodillas mientras los jugadores paraguayos celebran la goleada que le propinaron a los bicampeones de América.
FOTO: Foto: AFP

El triunfo de Paraguay sobre Chile en el estadio Monumental de Santiago fue lo más destacado de la fecha 15 de unas eliminatorias que auguran un desenlace impredecible. Entre Colombia, (segundo en la tabla) y Ecuador (octavo) apenas hay una distancia de cinco puntos en una ‘guerra declarada’ en Sudamérica por tres pases directos y la opción del repechaje para el quinto. Brasil ya está clasificado a Rusia 2018.

Vestido como Lázaro, Paraguay resucitó castigando a Chile y los aburridos 0-0 de Colombia en San Cristóbal y del duelo Messi-Suárez en Montevideo apretaron la carrera sudamericana al Mundial de Rusia-2018 a falta de tres jornadas.

Ni en las historias de Alfred Hitchcock se podría prever un desenlace tan infartante, porque entre Colombia, segunda y Ecuador, octavo, apenas hay una distancia de cinco unidades en una guerra declarada en Sudamérica por tres pases directos y la opción del repechaje para el quinto.

Mientras Brasil mira sin presiones desde el liderato y con el boleto al Mundial asegurado hace una jornada, Colombia (25 puntos), Uruguay (24), Chile (23), Argentina (23), Perú (21), Paraguay (21) y Ecuador (20) vivirán hasta octubre presos del insomnio y el desespero, porque los números aprietan y ganar lo que queda, al ‘como sea’, ahora es imprescindible. 

La albirroja, a la que nunca se puede dar por muerta, salió en Santiago de las cuerdas y evitó con una goleada de 3-0 el nocaut ante el bicampeón de América, el mismo equipo que sedujo al mundo del fútbol y perdió la final de la pasada Copa de las Confederaciones.

El hincha chileno promedio estaba confiado. A Paraguay se le ganaba en Santiago sin contratiempos y se avanzaba a paso firme en lo alto de la tabla. Pero La Roja cayó de manera inapelable en el estadio Monumental, una derrota que duele y preocupa, ya que quedan apenas tres fechas con un cuadro muy disputado en el que nada puede descartarse de antemano.

Con Brasil ya clasificado y con cuatro selecciones disputando una cerrada lucha para la clasificación directa (Colombia, Uruguay, Chile y Argentina), Chile necesitaba ganar sí o sí, porque además los partidos de sus rivales lo beneficiaban en esta fecha clasificatoria. Pero la escuadra entrenada por Juan Antonio Pizzi entró a la cancha sin esa chispa que la caracteriza, aunque el adiestrador puso todo en la mesa, con una formación con tres delanteros: Alexis, Vargas y Castillo, el mismo tridente que en octubre le dio el triunfo ante Perú.

A la selección chilena se la vio perdida en la cancha. Castillo, de centrodelantero neto, nunca recibió un balón con claridad y todo se estropeó con un autogol de Vidal a los 24 minutos. De alguna manera eso condicionó el resto del trámite, con Aránguiz y Díaz, perdidos en el mediocampo, sin mayor conexión con los delanteros. “Nunca encontramos la fluidez que tiene este equipo”, lamentó Pizzi. 

La derrota cayó como un balde de agua fría. Así han vuelto a surgir todos los fantasmas, ya que el martes La Roja debe enfrentar a la escuadra boliviana en la altura de La Paz. Si bien hay confianza en un eventual triunfo, nada está dicho y todo quedó en suspenso. Los otros dos partidos que le quedan a la selección chilena son Ecuador de local y Brasil de visita. Lo preocupante es que Chile suma 327 minutos sin anotar, con un Vargas perdido en la cancha. Esta mala racha no se veía desde las Eliminatorias de 2004.

A pesar de que Chile marcha cuarto, con 23 puntos (lo mismo que Argentina), dos puntos menos que Colombia y un punto menos que Uruguay, la preocupación es palpable en el ambiente futbolístico local. Previo al duelo con Paraguay, pasaron varias cosas que de alguna manera podrían explicar lo ocurrido. Primero, Alexis estaba más preocupado de sellar su futuro en Europa, asunto que finalmente decantó en que seguirá en el Arsenal. Eso, pese a que en la mañana del jueves les comentó a sus compañeros de selección que estaba listo para fichar por el City. Segundo, días antes del partido con Paraguay y en medio de la concentración, Vidal protagonizó otro confuso incidente en un casino en las afueras de Santiago. En un primer momento se informó que el volante estuvo de farra hasta las siete de la mañana. El jugador reconoció haber estado en una fiesta en el casino, pero no hasta esa hora. “Deben estar felices los mala leche, pero no se preocupen, cada vez me falta menos para irme”, comentó en Twitter tras el duelo con Paraguay. 

Tercero. Muchos de los jugadores de La Roja venían sin un paso regular por sus equipos, lo que pudo haber influido en su bajo rendimiento, donde no se salvó nadie. Cuarto, el TAS confirmó los puntos para Chile tras la demanda boliviana, pero eso generó un exceso de confianza. Y quinto, preocupa la falta de gol y la chispa que siempre ha caracterizado a la que se conoce como una ‘generación de oro”. El martes en La Paz será otra historia. 

Todo depende de Messi  

Lionel Messi depende de  sí mismo para jugar su cuarto Mundial consecutivo. Los argentinos le rezan para que termine de impulsar a la selección Albiceleste a Rusia 2018, pero como se vio el jueves en Montevideo en el pálido 0 a 0 ante Uruguay está cada vez más solo.

“Messi contra todos”, tituló el diario deportivo Olé, reflejando una imagen repetida en todas estas eliminatorias sudamericanas, una de las más difíciles y parejas que se han visto en los últimos tiempos.

El astro del FC Barcelona lideró todos los ataques de su selección, intentó jugar y hacer jugar, fue movedizo, pero nunca encontró un compañero para asociarse y terminó chocando siempre en el área uruguaya, ahí donde el equipo de Óscar Tabárez se refugió siempre, en especial en el segundo tiempo, para sumar un valioso punto de local.

La selección de Jorge Sampaoli, en su debut oficial en estas eliminatorias, “mostró una faceta parecida a la de los últimos tiempos: la ‘Leo dependencia’. Argentina fue más que Uruguay, que en el segundo tiempo se dedicó a defender”, graficó el periódico.

Olé graficó el empate con una foto del abrazo de Messi y su compañero en el Barça Luis Suárez tras el partido y el titular ‘quedamo así’ (jugando con la particular manera de hablar de los uruguayos que suelen omitir la letra ‘s’ al hablar).

Para el diario Clarín, “Argentina dio señales” para un tímido “pasito adelante”. “No hubo drama en el estadio Centenario, tampoco goles. Pero la Selección Argentina terminó haciendo negocio, no tan redondo como se ilusionaba, pero negocio al fin. Objetivamente, está más cerca de Rusia 2018 que antes de jugar”, indicó el diario.   

Pero ese punto que se llevó de Montevideo dejó al descubierto la increíble anemia ofensiva de una selección bicampeona del mundo y que tiene temibles delanteros en las ligas más prestigiosas de Europa y que incluso se da el lujo de prescindir de algunos de ellos, como es el caso de Gonzalo Higuaín, el goleador de la Juventus.

Sampaoli cambió algunas caras, pero todo siguió igual. El atacante del Inter Mauro Icardi, su gran apuesta, casi no la tocó, Paulo Dybala estuvo ausente y Ángel Di María empezó bien pero se fue diluyendo con el correr de los minutos. Tampoco fue buena la actuación del volante Marcos Acuña (Sporting), otra apuesta del entrenador y solo Lucas Biglia (Milan) y Guido Pizarro (Sevilla) cumplieron al adueñarse del mediocampo. En síntesis todo dependió de Messi, como siempre.

La anemia ofensiva argentina es tan evidente que con solo 15 tantos en igual cantidad de partidos es la segunda selección con menos goles a favor del torneo, solo delante de Bolivia con 13 y detrás incluso de la colista Venezuela. Y aunque está en zona de repechaje, su escasa diferencia de gol a favor (+1) la deja en una posición cuanto menos complicada de cara al futuro.

La ventaja de la selección argentina es que el martes próximo, en Buenos Aires, enfrentará a la débil Vinotinto con el único objetivo de ganar y tomar aire en su camino a Rusia. Luego recibirá al renacido Perú y cerrará con Ecuador en Quito su pase al Mundial.

El diario La Nación resumió este presente argentino en una frase: “El fuego de Lionel Messi sigue ardiendo en soledad”. “La propuesta ultraofensiva de Sampaoli tampoco sirvió para que el 10 se sintiera acompañado en ataque. La selección camina desnuda y busca el ropaje que mejor combine con él. Con Messi. Que sigue siendo la única esperanza.”, sostuvo.

Para Sampaoli, “necesitábamos ganar por la situación que teníamos en la tabla. Vinimos a buscar otra cosa. Jugamos en un reducto difícil, contra un rival que siempre intentó cerrar los caminos y jugar a la contra”. Pero no se pudo.

Ahora, a Messi se le hace imprescindible ganarle a Venezuela para mirar con más calma el Mundial. Tendrá en el medio la ayuda de Ever Banega, el volante del Sevilla que regresa al equipo tras cumplir una fecha de suspensión. Pero todos lo miran a él, a Messi. Habrá que ver si se le enciende la lamparita y provoca el milagro. 

Colombia se presentó ante Venezuela en San Cristóbal con un equipo de lujo, liderado por la luz del renovado astro Radamel Falcao García y otros artistas de primer nivel, como los volantes Juan Guillermo Cuadrado y Edwin Cardona, pero chocó con el ímpetu del bravo combinado vinotinto de Rafael Dudamel.

Los dirigidos por José Pékerman venían de ganar sus dos partidos de la pasada doble fecha y esperaban dar ante el colista de la clasificatoria un sólido paso hacia Rusia, pero se fueron cabizbajos con un 0-0 y preocupados porque en el horizonte aparecen Neymar y su corte de luminarias.

“No estoy conforme, hubo cosas que nos faltaron hacer bien (...). Es duro. Ahora vamos a ir con optimismo a enfrentar a Brasil”, señaló Pékerman respecto al crucial choque del martes ante la canarinha en la caribeña Barranquilla.

Perú cerró la jornada con una victoria 2-1 sobre Bolivia en Lima, una buena bocanada de oxígeno para ir a pelearle a Ecuador los puntos el martes en el Atahualpa y dejarlo fuera de carrera.

La recta final de la eliminatoria se puso como en el juego de barrio: donde el fútbol se dirime casi que a las trompadas. (I) 

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