Las ceremonias ancestrales se unen a la conservación de las especies

| 17 de Diciembre de 2016 - 00:00
En la comuna Zuleta, en la parroquia Angochagua (Ibarra) se realizó un ritual por la liberación de 3 cóndores.
FOTO: Foto: Carina Acosta / El Telégrafo

Pobladores de los páramos de Imbabura organizaron un ritual de agradecimiento y una pambamesa como parte de la liberación de 3 cóndores en su comuna.

Según la cosmovisión andina, en el territorio que hoy se conoce como Ecuador, existieron seres poderosos y divinos encargados de mostrar las manifestaciones espirituales de los pueblos a través de un tótem (objeto que algunas culturas toman como emblema de una tribu o de un individuo).

Este ente era usado para representar con animales los 3 niveles del hombre. El yo inferior o inconsciente, el yo medio y el yo superior. Este último era simbolizado con un cóndor, ave insignia del país.

Maximiliano Sánchez nació a 3 mil metros de altura, en la comunidad de Zuleta, en Ibarra. Es yachak (sabio en kichwa) por herencia. Su padre y su abuelo lo fueron. Desde pequeño aprendió que el cóndor es el mensajero de los dioses y de los espíritus. No es un dios, pero es venerado como un intermediario. Se lo consideraba como el guía de los muertos hacia el reino del Hanan Pacha (tierra de arriba).

Por todo ese valor, Sánchez y su comunidad prepararon una ceremonia ancestral previo a la liberación de 3 cóndores que nacieron bajo el cuidado humano en el Zoológico de Quito y en el Centro Cóndor Huasi de Ibarra.

Sobre la tierra se colocaron varias frutas: manzanas, peras, plátanos, uvas, tomates y naranjas. En el centro, una pluma de huayra, otra de killary y otra de curi flameaban con el viento de la zona.

El sociólogo Dimitri Peñasco detalló que los rituales tienen múltiples objetivos, por ejemplo: la veneración de una deidad, el rechazo a una fuerza que se considera maligna  o simplemente como recordatorio de momentos agradables, como sucede en las fiestas. “Los rituales son prácticas que han acompañado al humano toda su existencia, y que en la época actual permanecen (con modificaciones o adaptaciones) como sucede en las prácticas políticas, deportivas y recreativas”.

Sánchez agradeció a la tierra por la oportunidad de reunir a la gente de su comunidad y a quienes trabajan en la conservación “del rey de los Andes”. Después del agradecimiento, el sabio de Zuleta llamó a los encargados de abrir las puertas del encierro en el que permanecían las aves. Les pidió que se desprendieran de sus gorras o sombreros y les bendijo con una bebida preparada por su comunidad.

El ritual también fue un espacio para comprometer a los pobladores de los páramos de Zuleta en el cuidado de los cóndores.

Amable Chachalo, presidente de la comuna nombró a los habitantes de la zona como “guardianes del cóndor”. Chachalo comentó que en años anteriores el 45% de la población de Zuleta creía que el cóndor, al ser tan grande, podía llevarse a los terneros; otros se referían a él como un ave de mal agüero.

Sin embargo, un proyecto educativo manejado por la Fundación Zoológica de Ecuador cambió la percepción de la gente. En el ritual participaron hombres, mujeres y niños de Zuleta. Ellos presenciaron el momento de la liberación.

La pambamesa, para compartir

Después de que los 3 cóndores fueron liberados, todos los asistentes se reunieron en la casa comunal. Ahí se armó una pambamesa (mesa común). Además del maíz, grano andino base dentro de la alimentación local, las habas, las papas, los chochos, los mellocos, el queso, el tostado y el ají fueron parte del banquete.

Chachalo vigiló de cerca la preparación de los alimentos en ollas de barro y a leña. La música con instrumentos andinos también fue parte de la celebración.
Mientras los asistentes bailaron alrededor de la pambamesa, Sánchez y Chachalo aseguraron que su comuna velará por sus cóndores. (I)