Sábado, 08 Octubre 2016 00:00 Regional Norte

La ordenanza fue aprobada en mayo y publicada en el registro oficial TRES MESES DESPUÉS

En Tulcán rige normativa para la tenencia y cuidado de mascotas

En Tulcán existen perros que deambulan por los alrededores de la terminal terrestre (sur de la ciudad).
En Tulcán existen perros que deambulan por los alrededores de la terminal terrestre (sur de la ciudad). Foto: Carlos Jiménez / El Telégrafo

El cuerpo legal reglamenta el manejo de los animales de compañía así como la protección urbana. Además, establece multas a los propietarios infractores.

Carlos Jiménez

Denuncias por ataques de perros a personas o a otros animales, el maltrato a canes y los decomisos por la venta irregular de especies en calles y mercados eran comunes en la capital carchense. Ahora, los ciudadanos esperan que eso termine con la aplicación de la Ordenanza de Tenencia, Manejo y Protección Urbana del cantón Tulcán.

La normativa aprobada en mayo y publicada en el Registro Oficial en agosto promueve la tenencia responsable de mascotas y evitar el castigo animal. Entre las novedades que trae el reglamento está la fijación de multas a los propietarios infractores, la creación de un centro zoosanitario, eutanasia, esterilización, entre otros.

Miguel Montenegro, director de Gestión Ambiental y Riesgos del Municipio, explicó que registran entre 25 y 30 denuncias de ataques.

Entre ellas el caso de una niña de 6 años a quien le suturaron 24 puntos por la mordedura de un perro, hecho suscitado en la vía a Tufiño. Los propietarios del animal se comprometieron a cubrir los gastos médicos.

“La ordenanza nos ha dado un sustento, no solo a los ciudadanos, sino también a la institución para que vaya haciendo muchas más cosas por la fauna urbana y se vaya generando un cambio social”, sostiene.

La normativa ya genera reacciones, pues varias personas quieren conocer cómo efectuar procesos de adopción de animales.

Por otro lado, cifras de la 15º campaña de esterilización de mascotas (perros y gatos) contabilizaron más de 1.300 procedimientos realizados en la provincia.

La concejala Sonia Vaca, promotora de la ordenanza, indica que las multas a los propietarios de animales que infrinjan el cuerpo legal van desde el 10% de un salario básico unificado hasta 5 salarios básicos.

Por ejemplo, si un animal, en este caso un perro está encadenado o es víctima de maltrato la sanción pecuniaria será de 3 salarios básicos; en casos de zoofilia, es de 5 salarios básicos.

No obstante uno de los problemas que aún subsisten en la urbe norteña es la presencia de perros callejeros, por ejemplo en el sector de la terminal terrestre, al sur de la ciudad. Aquí es muy frecuente observar a una jauría que deambula en el día o en la noche y ladran a los vehículos que circulan por el lugar.

Un estudio realizado en 2 barrios de la zona determinó que, aproximadamente, por familia se tienen de 2 a 3 mascotas; según Montenegro, si hay 15 mil personas, habría de 30 mil a 45 mil animales.

La sobrepoblación sería la causa de la presencia de perros callejeros, incluso se ha detectado que gente citadina estaría abandonando a los cachorros en parroquias como Urbina y Tufiño.  Esta ordenanza permite  crear compromisos con los dueños de mascotas que han sido denunciados por dejarlos afuera de sus viviendas. En caso de incumplir se levantarán sumarios administrativos para los juzgamientos respectivos.

Para Patricia Villarreal, activista de la fundación Dejando Huellas, la vigencia de esta ordenanza es un malestar para quien no le gustan los animales, pero es un gran alivio para los defensores. Para el rescate de perros y gatos, en su mayoría en estado crítico, efectúan actividades que permitan solventar los gastos de su cuidado.

Sin embargo, algo que aún no existe en la ciudad es un albergue y por ello la fundación es más como un hogar temporal hasta lograr que alguna persona adopte. Ella y otros animalistas esperan la implementación del centro de zootecnia.

Aida Mora es una activista particular del cuidado animal, quien considera que es una responsabilidad social tener una mascota, sobre todo porque en la urbe no hay la cultura de adopción animal. (I)

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