Domingo, 27 Noviembre 2016 00:00 Editoriales

Fidel

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El comandante Fidel Castro ha muerto lleno de gloria y de honor revolucionarios. A sus noventa años seguía siendo un actor político con enormes virtudes, grandes ideas y una coherencia política insuperable. Y lo seguirá haciendo porque se trata de un ser inmortal y su pensamiento deja un legado de lecciones históricas. Dejó el camino abierto, sembró de huellas y de esperanzas para cambiar el devenir de la humanidad. No hubo ninguno como él porque supo sintonizar el sonido del tiempo, la campana del pueblo desesperado y actuó con su mejor inteligencia y ternura.

Por eso lo atacaron y quisieron matar. Todos saben desde dónde actuaron sus enemigos que no pudieron asesinarlo. Ahora se fue a otra vida y descansa en paz. Cuba sentirá su ausencia. Pero los hombres que siembran dejan para siempre sus frutos para otros. Su entereza se reveló en cada acto de su vida. Más de 60 años de su vida luchó por su pueblo, por América Latina y por los llamados pueblos del Tercer Mundo.

Con y para Ecuador tuvo un afecto especial y como con otros países su solidaridad no tuvo límites, siempre estuvo atento a nuestros problemas y necesidades. Nunca un país como Cuba, gracias al influjo de Fidel, mostró tanta solidaridad. Y como un valor supremo solo reflejó el espíritu de un comandante revolucionario que nos deja un ejemplo de dignidad y ética absolutas. (O)

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