La inteligencia artificial desafía el futuro de los trabajadores

- 25 de Abril de 2017 - 00:00
Los especialistas en el tema aseguran que es posible crear conciencia artificial.
Foto: cortesía de Pixabay

Los parámetros y principios que caracterizaron a la vieja revolución industrial están en proceso de obsolescencia. El mundo está ingresando en la era de las máquinas y de los robots inteligentes donde las capacidades humanas se pueden aumentar por medio de la tecnología. Las máquinas ya realizan labores que analizan, compendian e interpretan la voz humana; muchas de ellas ya poseen capacidad de visión y los científicos buscan ‘reproducir’ digitalmente el ‘sentimiento’ humano. 

La inteligencia artificial (IA) es una innovación situada en la frontera de la ciencia computacional, y define el campo de investigación que busca construir sistemas inteligentes que puedan reproducir la capacidad humana de pensar y resolver problemas.

Están en ejecución avanzados sistemas de ‘interaprendizaje’ computacional que pueden asimilar no solo las prácticas almacenadas en sus programas, sino también los patrones acumulados en otros ordenadores. Esto significa que las máquinas pueden aprender unas de otras, sin necesidad de intervención de los seres humanos. Su conocimiento puede crecer de forma exponencial, pueden hacer cálculos matemáticos muy complejos en apenas décimas de segundo y tomar decisiones con más información de la que nosotros nunca podríamos acumular. La IA combina una diversidad de técnicas -algunas afirmadas en el estudio de las redes neuronales- que replican las operaciones análogas a los procesos inductivos y deductivos del cerebro humano. Ya se instalan sistemas que hacen que las computadoras aprendan por prueba y error de varios millones de experiencias, hasta dominar la realización de ciertas tareas. Ello anuncia el desarrollo de una inteligencia similar a la humana, aunque sea preliminar, con poder para efectuar nuevas tareas y resolver problemas. Estamos en los albores de diseñar mecanismos digitales provistos de potencial creativo.

La imagen de millares de procesadores interconectados entre sí, aumentando rápida y articuladamente sus capacidades cognitivas, trasciende el potencial de crear conocimientos, constituyendo un fenómeno computacional que se asemeja a la toma de ‘conciencia’. Los especialistas aseguran que es posible crear conciencia artificial. La ciencia no está muy lejos de ello. Cada año las tecnologías informáticas duplican su ‘memoria’ y velocidad. Los sistemas computacionales dotados de una elevada capacidad de cálculo ya traducen algoritmos con capacidad de asumir muchas decisiones empresariales, incluyendo algunas de naturaleza política.

Es difícil revertir los procesos de innovación desplegados por la dinámica del progreso tecnológico, pero hay que considerar los riesgos que se derivan de él para la mayoría de los seres humanos. Muchas veces se ha dicho que las máquinas pueden sustituir el trabajo manual, contribuyendo a generar un mayor desempleo en los sectores industriales y productivos. Sin embargo, los robots, las computadoras y otros dispositivos, mediante el uso de circuitos electrónicos y programas avanzados, también van a sustituir trabajos que normalmente han sido el producto de la inteligencia humana. Existen numerosos sistemas inteligentes con elevadas capacidades cognitivas, dotados de ‘ingenios’ para asumir tareas que eran reservadas a los trabajadores humanos. Al ambiente competitivo que existe en el mercado laboral, se suma la tendencia relativamente irreversible de competir laboralmente con las máquinas. Los robots industriales, y los de servicio, ya están desplazando a  trabajadores vinculados a puestos rutinarios de trabajo, lo que está reduciendo los salarios. Mientras que la automatización y la robótica generan desempleo, simultáneamente exigen a la sociedad nuevas habilidades laborales, aumentando la demanda de trabajadores calificados. Los nuevos trabajadores incluidos serán más productivos, pero deberán ajustar sus habilidades constantemente, aprendiendo a lo largo de la vida. Los nuevos trabajadores ecuatorianos deberán ‘convivir’ con máquinas inteligentes, trabajar en organizaciones conectadas en red, con capacidad de analizar datos e información, en contextos globalizados. La tendencia indica que prácticamente ninguna tarea humana en el mercado laboral no podrá ser sustituida por una máquina.

La unión de la automatización con la IA dinamiza el desarrollo del progreso material, pero tiende a crear desigualdad social. La racionalidad que fomenta buena parte del desarrollo científico y tecnológico, en general, orienta las inversiones hacia las ganancias, procurando rentabilidad. Sin cambios estructurales, es de esperarse que la IA y el correspondiente desarrollo tecnológico estén en el mediano plazo al servicio de poderosas minorías. Es también posible que se amplíen las brechas entre los países hacedores de tecnología de punta y los países históricamente dependientes. Esto va a generar un nuevo eje de desigualdad en el conjunto del mundo, entre los dueños de las máquinas inteligentes y los que sufrirán sus consecuencias. En este sentido, ya hay voces que demandan que se pueda diseñar tasas e impuestos a la productividad de las máquinas, de forma que se compense mediante subsidios el impacto que ellas tendrán en el incremento del desempleo. 

Se puede formular la hipótesis de que nuestras esferas políticas aún no saben cómo lidiar con esta transformación estructural; no estamos preparados para gestionar la complejidad del despliegue de la IA. El cambio que se aproxima tiene profundas consecuencias sociales, culturales y políticas. En un primer momento, la automatización tiende a concentrarse en la sustitución de las actividades manuales con bajo componente cognitivo. Impactará sobre todo en el sector primario y secundario de nuestra economía, y tendrá cada vez mayor influencia en el sector servicios y en el ámbito de las profesiones liberales.

¿Qué políticas de diversificación productiva, y también educativas y laborales, debemos adoptar, para generar inclusión social y sustentabilidad ambiental ante el nuevo contexto marcado por el desarrollo de la inteligencia artificial? ¿Cómo desplegar el Buen Vivir en una sociedad crecientemente digital? ¿Cuál será el destino de los campesinos y los trabajadores no calificados por causa de la automatización de la agroindustria y la construcción, entre otros sectores?

En prospectiva, urge empezar a debatir el tema y analizar cuáles serán los sectores de la economía que verán, a corto plazo, sus trabajadores reemplazados. Debemos desarrollar la capacidad de inventar nuevos y dignos trabajos, aumentando y redefiniendo el concepto de trabajo remunerado. Urge promover eventos temáticos centrados en la discusión sobre la IA y el Buen Vivir; dar paso a una conversación no reducida al área científica y económica, sino contextualizada en lo social y en lo cultural, con capacidad de potenciar la participación de un colectivo amplio y heterogéneo. Este es uno de los retos más importantes que afrontamos en el proceso de construcción de la sociedad del Buen Vivir. (I)