Lunes, 10 Abril 2017 00:00 Buen Vivir

El objetivo es armonizarse consigo mismo, con los demás y con la naturaleza

La civilización del Sumak Kawsay, más humana y más solidaria 

Sinchi warmis, mujeres trabajadoras del campo y la ciudad, a quienes debemos emular por ser referentes de valentía.
Sinchi warmis, mujeres trabajadoras del campo y la ciudad, a quienes debemos emular por ser referentes de valentía. Foto: cortesía Pixabay

El pensamiento de Frei Betto, la sabiduría ancestral y el legado de las sinchi warmis son las bases para la construcción de una nueva civilización.

Redacción Actualidad

El pasado marzo se suscitaron tres acontecimientos que nos hablan de nuestras raíces, de nuestra cultura ancestral y nuestras luchas sociales. También nos hablan del profundo sentido del Buen Vivir, tan distante de los valores superfluos que imperan actualmente.

El primer evento en mención fue el Día Internacional de la Mujer Trabajadora:

A mediados del siglo XIX, el 8 de marzo de 1857, un grupo de mujeres, trabajadoras de una fábrica de textiles de Nueva York, se movilizó pidiendo mejores salarios. A principios del siglo XX, el 5 de marzo de 1908 en Nueva York, fueron brutalmente quemadas más de 100 mujeres por exigir mejoras salariales, disminución de horas de trabajo y por pedir un tiempo para amamantar a sus hijos. Dos años más tarde, en 1910 en Dinamarca, cuando se realizaba la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras, se decide declarar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Por tanto, el 8 de marzo no debería semejarse a un día de cumpleaños, donde circulen flores, regalos, besos, felicitaciones ni fiestas con pastel. El 8 de marzo es un día para reflexionar, es un día para la memoria, para no olvidar el hecho histórico, cuando un grupo de mujeres trabajadoras y valientes sacrificó su vida por el respeto y reivindicación de sus legítimos derechos.

Al preguntar a una mujer indígena de la Amazonía, ¿qué es ser mujer?, sin titubear, contestó: “Mujer es vida, es la Pachamama, es la rebeldía, es sinchi warmi”. Estas palabras de sabiduría nos hablan de la fuerza de la mujer, de las sinchi warmis, y nos recuerdan el testimonio sobre una mujer indígena colombiana, Ernestina Muchavisoy, entregado por Stella Maris Bermeo, quien afirmó: “En lengua inga ‘Sinchi’ quiere decir fuerte, y ‘Warmi’ mujer. Así es Ernestina Muchavisoy, ingana de 43 años, una mujer fuerte, con el indomable coraje de la vida, que se levanta una y otra vez sobre su propia adversidad para derrotar los odios. Tuvo fuerza para caminar de Putumayo a Caquetá, después de recoger el cuerpo de su esposo asesinado por ‘equivocación’, después de perderlo todo; en su andar solo traía recuerdos, en cada paso a sus pacientes, a los que ayudaba como promotora de salud. Llegó con sus tres hijos a Florencia y ahí, entre soledades, encontró una buena tarde a un círculo de mujeres que le dio más fuerzas para continuar”.

A tantas sinchi warmis del mundo, de nuestro país, ausentes y presentes, debemos rendir homenaje: cuántas Manuelas, Dolores, Tránsitos, Matildes, Nelas; innumerables sinchi warmis anónimas, silenciosas mujeres trabajadoras del campo y la ciudad, a quienes debemos emular por ser referentes de valentía, dignidad, sabiduría, solidaridad, ternura y amor.

El segundo acontecimiento al cual hemos hecho referencia es el 21 de marzo, que para las culturas andinas representa el Equinoccio y el Año Nuevo. Es el tiempo de volver a nacer y recrear, denominado Mushuk Nina (Fuego Nuevo). Según José Cotacachi, kichwa de Otavalo, esta representación cíclica del tiempo significa las edades del sol: en invierno nace, en primavera se hace adulto, envejece en verano y muere en otoño. Durante cada una de estas representaciones, los pueblos andinos celebran, agradecen y ofrendan al dios sol, a la Pachamama y demás elementos de la naturaleza.

Son tiempos para purificarse y para vivir el Sumak Kawsay, que no es otra cosa más que armonizarse consigo mismo, con los demás y con la naturaleza, activados por principios ancestrales como la reciprocidad, la solidaridad y la complementariedad.

En conversaciones con Rosita Cerda, kichwa de la Amazonía y vicepresidenta de la Federación de Organizaciones Indígenas de Napo (FOIN), se le preguntó: ¿Qué es el Sumak Kawsay? Ella respondió: “Es poder vivir como hace años vivían nuestras abuelas.

Ellas salían a la chacra y allí tenían todo para comer. Iban al río a pescar y a cazar y solo tomaban lo que necesitaban. Al amanecer, los abuelos nos despertaban para contar cuentos y lo que habían soñado, tomando guayusa. El canto de los pajaritos y los aullidos de los monos nos despertaban, eso es para mí el Sumak Kawsay. Pero eso se está perdiendo. Ahora comemos comida que nos enferma, los jóvenes no quieren hablar nuestro idioma y no quieren escuchar a los mayores, por eso yo digo que ahora no hay Sumak Kawsay”.

Finalmente, la visita de Carlos Alberto Libanio Christo, más conocido como Frei Betto, teólogo, escritor y fraile dominico brasileño -máximo representante de la Teología de la Liberación, autor del conocido libro Fidel y la Religión-, estuvo recientemente en el país compartiéndonos su pensamiento. En esta ocasión afirmó que “hay que construir una nueva civilización”, una verdadera civilización, que es aquella que está muy relacionada con los principios del Sumak Kawsay y es aquella que, finalmente, nos dará la felicidad. En ese mismo sentido añadió: “Compartir los bienes es resultado de una política económica, ahora, no debería ser solamente consecuencia de eso, sino como es para los monjes que viven en los monasterios: resultado de una decisión subjetiva y de la conciencia. No estoy obligado a vivir ahí, lo hago por opción de vida”.

El pensamiento de Frei Betto, la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas y el legado de tantas sinchi warmikunas presentes y ausentes deberían ser las bases sobre las cuales se construya una nueva civilización, más humana y más solidaria: la civilización del Sumak Kawsay. Esta civilización solamente será posible cuando los seres humanos vivamos en armonía con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza. (I)

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