Manabitas llegaron al Jocay con emociones divididas entre Delfín y Barcelona

- 30 de septiembre de 2017 - 00:00
Giovanni Antonio Muentes llegó con su hijo, que lleva su mismo nombre, al estadio para disfrutar del partido desde general.
Foto: Rodolfo Párraga / El Telégrafo

Con una almohada en sus manos, ayer  Pedro Delgado, del barrio San Agustín de Manta, trataba de protegerse de los implacables rayos solares. Estuvo desde las 12:00 en los exteriores del estadio Jocay haciendo fila para ingresar a la tribuna del escenario, donde cuatro horas más tarde vería saltar a la cancha a Delfín de Manta, actual líder del torneo doméstico, con Barcelona de Guayaquil. 

En esa misma fila estaba Carlos Cedeño, quien no ha fallado a ningún partido de la escuadra mantense. Cedeño indica que el clima pasó a un segundo plano porque lo que quería era coger asiento y ver cómodo el cotejo, del cual no se atrevió a dar el resultado porque para él “ambos  equipos son buenos, uno es líder  del  torneo nacional y  otro brilla en la Libertadores”. 

Antonio Burgos, otro hincha del sector Los Esteros, llegó con toda su familia. Al mediodía ya estaba en el interior del estadio, donde almorzó junto a  los suyos en las gradas de la tribuna. “Yo sigo al equipo desde el ascenso, iba al estadio con la ‘Gambeta’ Caicedo; cuando él jugaba  en la segunda categoría, pues era mi vecino”.

Varios hinchas coincidieron en que en este partido tenían su corazón dividido, al ser seguidores de ambos elencos. Fue el caso de Kléver Delgado, del barrio La Paz, quien pese a lucir la camiseta delfinista traía en un bolso la de Barcelona.

“Está muy difícil dar el marcador”, dijo el hombre que  entre risas resaltó literalmente que esto era casi un clásico.

José Rojas decía en la hilera “yo soy barcelonista como nadie, pero espero que gane Delfín porque representa a la ciudad y queremos nosotros que el campeón sea este elenco”, explicó el ciudadano que se tomó un receso sin permiso de su trabajo para ver el partido que para él es el de la fecha, tal como lo hizo Alejandro Sornoza, quien prefirió dejar de laborar para observar en vivo el cotejo. 

Hinchas de otros cantones también arribaron, como Gabriel Ávila de Junín, un fiel barcelonista que esta vez se inclinó más por Delfín por ser la escuadra de la provincia.

Los comerciantes aprovecharon desde muy temprano para  llegar al coloso de Tarqui y expender sus productos, como lo hizo Xavier Mero, que vende artículos del elenco cetáceo. También arribó desde las 10:00 Carlos Didier, un guayaquileño que vino a vender artículos del Barcelona como pulseras, cintillos y más. Con esa venta dijo que tenía para costearse los pasajes y la entrada al estadio. 

“Aquí gana el Barcelona”, decía mientras buscaba la sombra para no quemarse. Silverio Ponce, vendedor de agua, explicó que estos partidos mueven la economía en la localidad. También tenía expectativa de ventas por el canicular sol Sigifredo Lucas, quien oferta gafas.

El cuidado de los automotores fue otra fuente de ingreso. José Saltos, quien tiene 27 años en este oficio en los exteriores del Jocay, mencionó que cobra $ 1 y está pendiente de los vehículos. Los ‘revendedores’ de boletos, tanto para general como para tribuna,  madrugaron al escenario.  Jean Carlos Rivas compró 20 entradas entre general y tribuna, invirtiendo $ 400, y de esos boletos esperaba sacar ganancias con la reventa.

Este portovejense no dio el monto que aspiraba a ganar, ni cuánto aumentaría por cada entrada, pero dijo que lleva 12 años en el negocio en el cual “se pierde como también se gana”. 

Fueron 460 los uniformados que estuvieron antes de las 09:00 en el estadio, dando seguridad; el helicóptero aeropolicial también sobrevoló la ciudad. 

Mientras pasaba todo esto en los exteriores del Jocay, en el hotel Sail Plaza hinchas se aglomeraron para ver a los jugadores de Barcelona y tomarse fotos, como lo hicieron con Damián Lanza. Delfín se hospedó en el hotel Mar Azul. (I) 

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