Lunes, 06 Febrero 2017 13:42 Fútbol Nacional

Barcelona extrañó a su hinchada y a su mejor versión de fútbol ante Macará

Díaz remata con la pierna izquierda y la pelota rebota en el cuerpo de Cristhian Hurtado. El ‘Kitu’ generó espacios que Barcelona no encontró antes de su ingreso.
Díaz remata con la pierna izquierda y la pelota rebota en el cuerpo de Cristhian Hurtado. El ‘Kitu’ generó espacios que Barcelona no encontró antes de su ingreso. Foto: Lylibeth Coloma / El Telégrafo
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Barcelona y Macará reanudaron al mediodía de este lunes, sin público, el partido que arrancó a las 16:30 del domingo pasado y se suspendió a los 12 minutos  por enfrentamientos entre integrantes de la barra Sur Oscura en las gradas de la general ‘Carlos Muñoz Martínez’.

El campeón reinante afrontó 78 minutos, más 4 adicionales que agregó el árbitro Roddy Zambrano, solo con el apoyo de sus compañeros de equipo sentados en el banco de suplentes, directivos, pasabolas y unos cuantos trabajadores del club. Con un panorama que se asemejó a una práctica a puertas cerradas y no a un encuentro oficial, el uruguayo Jonathan Álvez marcó a los 3 minutos de reiniciado el compromiso en el estadio Monumental sin una ovación de por medio.

El festejo de los suplentes y de unos cuantos asistentes del palco de prensa, ubicado en el piso más alto, retumbó en el escenario, donde ayer se escuchó, como no sucede frecuentemente, desde los aplausos y reclamos de Guillermo Almada, DT de Barcelona, hasta los anuncios de la voz del escenario.

“Primera vez que escucho que llaman por altoparlante a los médicos para sortear quiénes deben ir al control doping, no sabía que era así”, comentó sorprendido un comentarista deportivo.

La imagen del festejo mostró a Álvez, Marcos Caicedo y Washington Vera sentados y sonrientes en el pequeño muro que separa la cancha de la fosa, con dos policías de testigos a un costado y las sillas amarillas de la tribuna vacías de fondo.

Fue el arranque esperado para los amarillos que buscaban quitarse el mal sabor de boca por lo acontecido el domingo destacando en el plano deportivo. El transcurso de los minutos no avanzó a la par de una evolución del equipo local en el terreno de juego.  

El Ídolo tuvo mayor posesión de la pelota, la cual pasaba de un lado a otro sin superar las líneas ambateñas. Y así el cuadro de Paúl Vélez contó con las situaciones idóneas para asentarse en la cancha, donde el árbitro pasó inadvertido ante la ausencia de insultos y pifias tras sus decisiones.

El marcador señalaba que Barcelona ganaba 1-0, aunque las acciones mostraban un partido parejo y de pugna en el mediocampo, momento propicio para que el talento o el error de un jugador marcara el desequilibrio en el cotejo que brindaba pocas emociones.

No fue precisamente la creatividad de un protagonista la que permitió que el juego mostrara algún destello. Máximo Banguera no pudo retener un balón que el argentino Juan Manuel Tévez impulsó con poca fuerza y debido a que el rebote le quedó a Ronald Champagne, el arquero barcelonista lo derribó. Tévez ejecutó el penalti y marcó el 1-1 que ningún equipo logró cambiar.

Vélez obtuvo casi a la perfección lo que propuso con un esquema táctico formado por el arquero Osvaldo Cabral; cuatro defensas, Armando Gómez, Moisés Corozo, Óscar Ayala y Lionel Quiñónez; un cabeza de área, Ronald de Jesús; cuatro volantes, Champagne, Cristhian Hurtado, Carlos Feraud y Diego Benítez; y un delantero en punta, Tévez.

En la búsqueda de llevarse, al menos, un punto del Coloso del Salado, Cabral, Ayala y De Jesús fueron los valores más altos del conjunto celeste que suma dos empates en igual cantidad de fechas en el Campeonato Ecuatoriano de Fútbol. De Jesús cubrió las espaldas de Hurtado y Feraud, y fue un muro que complicó el trabajo de Vera y Matías Oyola por el centro. En las pocas veces que fue superado, Ayala se convirtió en el hombre escoba que todo equipo necesita en el fondo.

La ausencia de Damián Díaz, recién recuperado de una tendinitis, en el elenco guayaquileño se hizo más notoria que nunca. Tanto así que al final del enfrentamiento, los dos estrategas hablaron de la importancia del número 10 del Ídolo.

Almada miró al banco y le dijo que salte al césped en lugar de Vera,  que en esta jornada no fue tan vital en el armado del juego. El ‘Kitu ingresó a los 53’ como cuando se llega tarde a un entrenamiento y no hay más público que los empleados y directivos del club y los periodistas. Pasó solo un minuto cuando metió en apuros a Cabral con un remate de zurda que el portero celeste atajó con intranquilidad.

La incorporación de Díaz era la oportunidad y la esperanza para levantar a Barcelona, con problemas en la elaboración de juego ofensivo y sin hinchas que lo alentaran. Mientras tanto, Macará cerraba los espacios con criterio y lanzaba a sus atacantes al frente cuando el conjunto amarillo quedaba mal parado.

Almada apostó también por Cristhian Alemán y Erick Castillo. Y casi gana. El primero de ellos se encontró con el balón en el segundo palo y solo ante Cabral después de un centro de Caicedo, remató al cuerpo del arquero, cuando faltaba  15 minutos para el final.

Y dos minutos después, Díaz inventó una apilada de rivales que pudo terminar en el mejor gol de su vida de no ser por De Jesús que cerró la acción botando la pelota. El ‘Kitu’ dejó en el camino a 5 defensas, con una ‘galleta’ incluida en el área. Barcelona terminó con 5 atacantes, sin embargo no encontró el tanto del triunfo que le hubiera permitido festejar casi en silencio. “Que no haya gente afea el espectáculo”, dijo apenado Almada. Fue una jornada para el olvido. (I)

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