Manta, e lugar de encuentro de las costumbres y sabores manabitas

- 12 de noviembre de 2016 - 00:00
La Bodega Chonera abrió sus puertas hace 19 años. Está ubicada en la calle 11 y la avenida 17.
Foto: Leiberg Santos / El Telégrafo

El queso chonero, los dulces de Rocafuerte, el café de Jipijapa, así como barrios de santanenses o calcetenses son parte del diario vivir en la ‘ciudad puerto’.

La religión dominical de Luz Divina Macías es almorzar caldo y seco de gallina criolla. El menú es infaltable los fines de semana, porque estos platos le recuerdan a su natal Chamucame, Santa Ana.

Ella vive en Manta desde hace 46 años, cuando su padre, Bolívar Macías (+), junto a su esposa y 8 hijos (otro más nació en la ‘ciudad puerto’), decidió mudarse para que ellos no se dediquen a los quehaceres del campo.

Pero sus tradiciones no cambian, en especial en la comida. Todas las tardes en su horno hay plátanos asados. “Trato de comprar la comida a los vendedores que son de Santa Ana, en especial la gallina tiene que ser de mi tierra”, cuenta con una sonrisa Luz Divina.

Su historia es como la de miles de manabitas que dejaron el campo y migraron a Manta a fines de la década del sesenta e inicios del setenta, cuando la actividad marítima se potenció debido a la creación de la Autoridad Portuaria (1966).

Previamente, las conexiones del ferrocarril permitieron que en los años treinta “lleguen oleadas de manabitas de Santa Ana, Portoviejo y Montecristi, que se asentaron en Tarqui”, explicó el historiador Joselías Sánchez.

Recordó que “cuando se inauguró la carretera Quito-Chone, esta se convirtió en otra vía que alentó la inmigración hacia Manta, que se intensificó con la inauguración del puerto, en 1966, y con la universidad, primero como extensión, en 1967, y luego como Eloy Alfaro de Manabí, en 1985”.

En 1922, en el naciente cantón existía una población de 4.161 habitantes. En la actualidad, son más de 230 mil.

En sectores como Cuba, La Revancha y Santa Martha hay influencia de diversos puntos de Manabí. La gastronomía también es parte de esta mezcla provincial, que tiene como punto de encuentro a Manta.

Desde fines de los ochenta, el chonero José Arteaga viajaba hasta Manta para vender queso. Con su esposa, María Dolores Alcívar, levantaron en 1997, en pleno fenómeno de El Niño, el negocio de La Bodega Chonera, la primera de su tipo en la ‘ciudad puerto’.

“Mi papá (Vidal) viajaba siempre a Manta por el invierno, entonces ya decidimos quedarnos aquí y empezar este negocio”. Recibieron ayuda del tío de María Dolores, Wagner Alcívar. Desde ahí, en la localidad portuaria hay más de 20 locales de venta de productos choneros.

“Empezamos solo vendiendo queso, unas pocas libras, luego aumentamos a huevos, arroz, maní. Ahora, semanalmente, vendemos 50 quintales de queso”, comenta.

Para el preparador físico Frank Mendoza, oriundo de San Plácido (Portoviejo), Manta se convirtió en su hogar hace 24 años. No cambió su rutina, solo varió la locación. Él siempre disfrutó de correr por los campos y ahora lo hace en la playa.

Para él, la ciudad puerto es una localidad que acoge a cualquier manabita que decida residir en ella.

Rosendo Párraga nació en Manta, pero su familia es de Pichincha. Para él, los desayunos son como los que se servía cuando vivía en el campo. Prefiere la gallina sobre los mariscos, “pero Manta es Manta”, dice entre risas, este hombre que prefiere los balnearios de agua dulce a las playas de la localidad en la que nació. (I)

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