El comercio se mueve más en la vía Metropolitana

Las roscas de Montecristi trascienden fronteras

| 07 de Octubre de 2017 - 00:00
Luis Chancay es el encargado, desde hace 30 años, de dorar las roscas en el horno a leña de Antonio López.
FOTO: Foto: Rodolfo Párraga / EL TELÉGRAFO

Solo un horno a leña existe en el poblado, el cual fue construido hace 30 años por Antonio López Mero.

Montecristi.-

En la agitada vía Metropolitana de Montecristi, el color dorado sobresale en cada esquina. La arteria se convirtió hace más de 4 décadas en la vitrina de las roscas frescas que son elaboradas y además forman parte de la tradición de la tierra del Viejo Luchador, Eloy Alfaro.

En uno de esos lugares, José Pinargote atiende a sus clientes y a los que van al paso en la ruta. “Este producto llama la atención”, dice mientras detalla los precios. Hay fundas de $ 0,50 y de $ 1. Él vende las roscas que elabora Antonio López Farfán.

José, un hombre que trabajó en caballeriza, destaca que en el cantón hay distintos panificadores que se dedican a esta actividad de hacer roscas.

A pocos pasos de su lugar de trabajo, un rótulo llama la atención: “la auténtica rosquita a leña de Antonio López Mero”. Es allí donde funciona el negocio y se levanta la vivienda de Toño, un hombre de 67 años. Pasando un callejón se llega al lugar en el cual hace más de 30 años fabrica las roscas.  

Es un espacio donde hay herramientas para la elaboración  del producto, como latas y palas, además del horno (de 5m2) donde se doran las roscas. Antonio cuenta que es hecho de ladrillo, enquinche, sal, tiene una capa de vidrio lo que da el calor y lo mantiene. “En una sola prendida de la leña hay para 3 hornadas al día”, comenta.

Su horno es un referente de la década de los setenta en que muchos de sus colegas, ya fallecidos, llegaron a tener con iguales características. Este artesano adquirió conocimientos gracias a su padrino Antonio Farfán Alvarado (+), uno de los primeros fabricantes de roscas en Montecristi.

“Entré a su panadería a la edad de 14 años a limpiar latas; mi padrino me dijo que aprendiera ese trabajo y es así que me mantengo en esto”. Tiene 6 trabajadores que comienzan la labor a las 02:30.

Luis Chancay (59 años) es el encargado de hornear las rocas. Explica que en la madrugada lo primero que se hace es  la masa con una máquina; ubican la manteca, levadura, sal y el vegetal. Utilizan quintal y medio de harina para la elaboración.

Luego sacan la masa  para darle forma a las roscas. Se las ubica en 17 latas que entran al horno. Esa primera tandada sale a las 10:00.

Toño comenta que en la funda de $ 1 vienen 65 roscas. Dos de sus 5 hijos siguen sus pasos: Antonio y Edgar. El lugar es una empresa organizada. Su hija Lorena se encarga del control de calidad y de sellar las fundas. Mientras que su yerno, Fernando Proaño, se dedica a la comercialización, envía pedidos a diferentes partes del país, incluso despacha el producto a personas que viajan a Estados Unidos, España y Venezuela.

Rocío Quijije, vecina de Montecristi, manifiesta que en su cantón hay muchos lugares en los que venden roscas, pero prefieren las de don Antonio López.  

Jairo Posligua (33 años) es otro de los montecristenses que elabora roscas, lo hace junto con su padre José Posligua en hornos industriales. Sus roscas van a Guayaquil y a veces a Quito. Jairo es damnificado del terremoto; una vecina le ofreció su patio donde hornea las roscas que previamente su esposa, Paola Lucas, le da la forma. Era un artesano del mimbre, pero dejó la tarea porque había mucha competencia y el actual negocio le da para vivir.    

El comerciante José Palma es un orgulloso de las roscas de su tierra de la cual señala son sabrosas. Contabiliza que en la hilera de la vía hay 20 colegas, más los ambulantes. (I)

José Pinargote, que vende roscas en la avenida Metropolitana de Montecristi, asegura que tiene mucha acogida este producto que se elabora en su tierra. Foto: Rodolfo Párraga / EL TELÉGRAFO