Sábado, 24 Septiembre 2016 00:00 Regional Manabí

Clotario pone la sazón manabita en la mesa de los guayaquileños

Además de su negocio de venta en Guayaquil, Clotario Vélez tiene una tienda en su casa, en Rocafuerte.
Además de su negocio de venta en Guayaquil, Clotario Vélez tiene una tienda en su casa, en Rocafuerte. Foto: Leiberg Santos Archivo / el telégrafo

Tras un pedido que le hizo ‘Espartaco’ Mendoza, este sosotense (que antes vendía legumbres) empezó a llevar a Guayas las delicias de su tierra.

Mario Rodríguez Medina

Corría el año 1989. El anuncio de la apertura de una feria libre en la explanada del estadio Modelo (ahora Alberto Spencer Herrera) marcaba el inicio de la llegada de comerciantes de todo el país a Guayaquil, quienes cada fin de semana ofrecían sus productos a los compradores porteños.

Eran los días en los que la música de Michael Jackson se tomaba las estaciones musicales, la caída del muro de Berlín era la noticia del momento y la serie Mis adorables entenados irrumpía en la televisión nacional.

Quien hizo la invitación fue el entonces presidente, Rodrigo Borja (1988-1992), quien impulsó esta iniciativa para ordenar el comercio informal que había en las calles de Guayaquil. Así, sábado a sábado, centenares de mercaderes llegaban con sus productos hasta la explanada del Modelo. Uno de ellos era el sosotense Clotario Vélez, quien, junto con su esposa, Marjorie Montes, ofrecía legumbres que conseguía en el campo de Rocafuerte.

Clotario era uno de los tantos vendedores del lugar, pero uno de sus clientes era el arquero de Barcelona, Víctor ‘Espartaco’ Mendoza, quien había sido su compañero de escuela, por los sesenta, en Sosote.

‘Espartaco’ no solo se dedicaba al fútbol, tenía una cevichería y cierto día le pidió de favor que le provea de maní. “Como teníamos confianza, Víctor me dijo que le consiga maní manabita, porque el que vendían en Guayaquil era pura harina”.

Y cuando llegó con el encargo de Mendoza, sus otros clientes veían el maní y le pedían que también les consiga. “La mayoría de mis clientes eran manabitas que después me pedían sal prieta, huevos criollos, panela, chifles... así me dediqué a la venta de los productos de mi tierra”.

Este manabita —según relata— ejerció el comercio desde su época de escuela, cuando vendía un sucre de haba o choclo para ayudar a sus padres (José Vélez y Guillermina Pisco) para la crianza de sus 11 hermanos. “Con esa platita ya tenía para mis cuadernos y uniformes. Así logré el bachillerato y luego me puse un negocito en el mercado”.  

En el año 2000, abandonó el que había sido su negocio por más de 30 años en el mercado de Sauces 4 de Guayaquil, la venta de legumbres. “Decidí dedicarme de lleno a la venta de productos manabitas: sal prieta, el maní y la panela, luego aumenté los chifles, la miel de abeja, las roscas y, por último, los dulces”.

Uno de sus primeros clientes fue Jaime Cevallos, dueño del local de venta de empanadas María José (en La Alborada-Guayaquil), después la familia Rivera Palma. “A ellos les vendía 5 libras de sal prieta y 5 de maní. Ahora distribuyo en más de 30 locales 60 libras de cada producto, semanalmente”, detalla.

Su esposa aprendió a hacer dulces para potenciar el negocio familiar. “Al principio mi mamá (Amanda Montes) hacía los troliches y los huevos mollos. Después los empecé a hacer yo. Al principio no me salían bien, ya después les cogí cariño”, dice Marjorie.

Desde hace 16 años, Clotario le vende sus productos a Magdalena Rivera, dueña del local La Chonerita, en la ciudadela Vernaza Norte, cerca de Mall del Sol, en Guayaquil. Es el local más grande en la urbe que ofrece las delicias manabitas.

Magdalena, oriunda de Flavio Alfaro, indica que su familia la abastece de queso, mantequilla, longaniza y otros productos.

El primer local de delicias manabitas, cuenta Magdalena, “fue de un compadre, luego mis tíos, primos y demás. Todos los dueños de los cerca de 30 locales que hay en Guayaquil estamos emparentados”.

Danilo Rodríguez es uno de los guayacos que conoció los sabores de Manabí a través de los locales a los que abastece Clotario. “Una vez compré sal prieta y me encantó. Desde ahí es infaltable en el desayuno”, dice. (I)

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