Domingo, 30 Octubre 2016 00:00 Fútbol Internacional

Carlos Alberto, el eterno capitán de la 'Canarinha'

Carlos Alberto, el eterno capitán de la 'Canarinha'
Foto: Archivo

El exlateral derecho de la selección brasileña murió el martes pasado producto de un fulminante paro cardiaco.

Pablo Giuliano. Corresponsal desde Sao Paulo, Brasil

Fue un gran lateral en la tierra de los laterales. Fue un gran capitán en la tierra de los grandes capitanes. Integró el mejor equipo de la historia de los mundiales, hizo un gol en la final de México 1970 y se llevó para siempre, para Brasil, la Copa Jules Rimet, porque la había ganado 3 veces.

Carlos Alberto Torres, el capitán de Brasil en México 1970, falleció de un infarto fulminante a los 72 años en Río de Janeiro, el martes pasado. El mundo del fútbol sintió el impacto. Su muerte se convirtió en un homenaje al fútbol brasileño que encantó al mundo y entró a la historia. Las nuevas generaciones, animadas con la selección de Tite que le devolvió en esta eliminatoria la sonrisa y el juego a la ‘canarinha’, volvieron a visitar a los héroes de su patria, es decir, los futbolistas que en 1970 dieron el corolario del tricampeonato mundial y regalaron el mejor fútbol de la historia de los mundiales, un peldaño más arriba de la ‘Naranja Mecánica’ holandesa de 1974 o la Hungría de Suiza 1954.   

“Fue mi amigo-hermano”, lo despidió con tristeza Pelé, con quien jugó en Santos, en la selección nacional y en el Cosmos de Nueva York, adonde habían ido los monstruos brasileños a retirarse en los años setenta como parte de un negocio, incipiente, de llevar el fútbol a la tierra del anodino soccer.

Pelé, el mejor de todos los brasileños y elegido atleta del siglo XX por la FIFA, tiene una participación especial en la gloria de Carlos Alberto: el partido iba 3 a 1, corrían 41 minutos del segundo tiempo y la final ante Italia estaba liquidada. Pelé entregó sin mirar el balón hacia la derecha, donde como una locomotora apareció Carlos Alberto para lanzar un misil que cerró el resultado en 4 a 1 en México 1970. Pero en esa jugada, bautizada por algunos como “La Capilla Sixtina del fútbol” se vieron todos los condimentos del equipo dirigido por Mário Lobo Zagallo: un equipo con 4 números 10 (Pelé, Tostao, Gerson, Rivellino) y apenas un atacante fijo, Jairzinho.

Carlos Alberto (izq.) marcó el cuarto gol de la selección brasileña en la final del Mundial de México 1970 ante Italia.

Como Italia estaba lanzada al ataque y marcaba en el fondo con 2 líberos y stopper, Zagallo le ordenó a Carlos Alberto aprovechar los huecos y subir por la derecha. Jairzinho debería cruzarse al extremo izquierdo para dejar libre el pasillo. Pero esto es apenas el final. La jugada mostró todos los condimentos del fútbol,  recuperación con Tostao, siguiendo a los italianos y recuperando el balón, Clodoaldo, desde la posición de número 5, hizo una gambeta para dejar desairados a 3 italianos y pasar para Rivellino. Rivellino, de zurda, se la pasó paralelo a la línea de cal a Jairzinho, que en vez de ir hacia el fondo encaró hacia el medio, en la puerta del área grande.

Tapado, se la dio a Pelé, que esperó, y antes de ser marcado por 2 italianos miró como quien no mira y pasó la pelota hacia Carlos Alberto. En plena carrera desenfrenada, el césped del Azteca lo ayudó. El balón hizo un pique inesperado, pequeño, que lo levantó algunos centímetros, lo cual aumentó la velocidad del remate.

“Yo podía haberme quedado atrás, defendiendo, festejando por anticipado, pero me acordé que Zagallo decía que los italianos dejaban el lateral izquierdo de ellos abandonado, entonces acompañé la jugada que se desarrollaba por el otro lado y cuando vi a Pelé él ni siquiera miró, me sirvió el balón”, contó recientemente en un documental.

El periodista Paulo Vinícius Coelho, uno de los comentaristas más respetados de Brasil, definió en el diario Folha de Sao Paulo, el más vendido del país: “Si Carlos Alberto hubiera sido un lateral común, el gol de la final ante Italia no habría nacido. Nació porque era Carlos Alberto el que llegó allí y pateó”.

EL TELÉGRAFO, con motivo del primer partido de Tite, ante Ecuador en Quito por las eliminatorias, tuvo la suerte de ser uno de los últimos en entrevistar al gran capitán del tricampeonato. El trabajaba en el canal SportTV y no tenía tiempo para sentarse a dar entrevistas. Amable, pidió hacer la entrevista por un diálogo de voz por ‘Whatsapp’, ayudado por su nieto, que hacía las veces de agente de prensa. Carlos Alberto Torres confiaba en el Brasil de Tite y también respetaba a Ecuador y a todos los equipos fuertes que presentaron estas eliminatorias, tal vez las más disputadas de la historia.

Carlos Alberto posa con la Copa del Mundo durante el Mundial de 2014 que se disputó en Brasil.

Carlos Alberto, luego de vencer la final en un equipo en el cual era una voz autorizada (obligó al técnico Zagallo a hacer cambios en la semifinal ante Uruguay), se hizo famoso por ser el último en levantar la copa Jules Rimet, el trofeo de la FIFA que quedó para Brasil por haber vencido tres veces. Pero también pasó a la historia con algo trivial, que es besar el trofeo. “Yo lo vi tan bonito que le di un beso y a partir de ahí todos los campeones besaban las copas”, recordó una vez. El trofeo fue robado en Río de Janeiro en 1983.  

Esa selección de 1970 había sido enviada a México como una bandera del Brasil del progreso de la dictadura militar brasileña que se había instalado en 1964 y duró hasta 1985. El dictador Emilio Garrastazú Médici, un fanático del fútbol, lanzó la campaña ‘Pra Frente Brasil’ una canción que en radio y tv llamaba a defender al país (confundiendo al régimen con la selección). Sobre este punto muy discutido en la Historia de Brasil, el ‘Capita’, como era conocido, reflexionaba: “El fútbol es un analgésico del pueblo, una válvula de escape, una religión en Brasil”.

También dijo que si jugara actualmente, sería billonario. Cuando el mejor equipo de todos los tiempos desembarcó en Río de Janeiro para pasear la Jules Rimet, la dictadura financió la entrega de VW escarabajo cero kilómetro como premio, en un episodio que involucró denuncias de corrupción y sobreprecios de los funcionarios que actuaron en la entrega.  

En clubes, fue prácticamente campeón de todo: fue tricampeón del torneo carioca de Río de Janeiro con Fluminense y 5 veces con el inolvidable Santos de Pelé. Luego de retirarse en 1982 en el Cosmos de Nueva York, dirigió como entrenador el Flamengo de Zico que fue campeón nacional.

Entre altos y bajos en la carrera de entrenador, en 2005,  fue llamado a dirigir Paysandú, uno de los grandes de la ciudad amazónica de Belém, para luego dedicarse por completo a participar en programas televisivos.

La dimensión del gran capitán brasileño se dio en las repercusiones sobre su deceso: “Heidi, mi esposa, y yo estamos profundamente tristes. Carlos Alberto era como un hermano para mí, uno de mis mejores amigos”, dijo Franz Beckenbauer, campeón mundial en 1974.

“Un ejemplo de liderazgo que transmitía sabiduría y cariño”, escribió Ronaldinho Gaúcho, campeón mundial en 2002. “El liderazgo que él tenía nunca más se vio. El hablaba con credibilidad ante sus pares y los técnicos. Era único, nosotros lo elegimos capitán”, sostuvo Gerson, su compañero en México, 1970.

Carlos Alberto estaba triste, según el exfutbolista Ricardo Rocha, campeón mundial en 1994, con quien trabajaba en la televisión. Un mes atrás había fallecido su hermano gemelo. “Él murió a la mañana, mientras jugaba a las palabras cruzadas en la cocina de su casa”.

Carlos Alberto Parreira, entrenador campeón mundial en 1994, fue el preparador físico de la selección de 1970: “Fue uno de los más grandes laterales del fútbol mundial, habrá una falta muy grande, una pérdida irreparable porque tenía mucha personalidad, no tenía pudor en expresarse por más que pudiera incomodar a quien estuviera en frente. Siempre iba de frente”. (I)

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¿Dónde están los campeones?

Después de ganar la Copa del Mundo de México 1970,  varios seleccionados brasileños se convirtieron en comentaristas deportivos, una actividad a la que también se dedicaba Carlos Alberto Torres. 

Pelé, 76 años  
Presta su rostro para campañas de publicidad. Ha sido operado de la cadera y camina con un bastón.

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Tostão, 69 años
Tras alejarse del fútbol, se recibió de médico. Es comentarista y escribe en el periódico ‘Folha’ de Sao Paulo.

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Roberto Rivelino, 70 años   
Es comentarista en el programa de TV ‘La noche de los cracks’, en el que comparte pantalla con Zico.    

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Gérson de Oliveira, 75 años   
Es comentarista de Súper Radio Tupi. Tiene una escuela de fútbol para niños pobres en Niteroi.

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Jairzinho, 71 años
En la escuela Fábrica de Talentos Huracán del 70 entrena a niños de 12 a 18 años, en Río de Janeiro.

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