Viernes, 18 Noviembre 2016 00:00 Otros deportes

La práctica del Kung-Fu: el secreto del fútbol chino para convertirse en potencia

La práctica del Kung-Fu: el secreto del fútbol chino para convertirse en potencia
Foto: AFP
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Saltos mortales hacia atrás, volteretas y patadas a la luna. Puede parecer poco académico sobre el terreno de fútbol, pero cientos de jóvenes chinos se entrenan con técnicas de kung-fu con la esperanza de hacer al fin que su país sea una potencia mundial en este deporte colectivo.

A pocos metros del templo de Shaolin, la meca de las artes marciales, la escuela de fútbol Tagu abrió el año pasado una sección  que reagrupa a unos 1.500 jóvenes de los 35.000 recibidos por la institución en condiciones espartanas. Los aprendices de futbolistas, chicos y chicas que se entrenan varias horas al día, tienen derecho a un terreno de juego radiante, con gradas en construcción para acoger a los futuros espectadores.

“Nosotros responderemos a la llamada de la patria”, explica el entrenador Sun Dawei sobre el plan del presidente Xi Jinping, gran apasionado del fútbol, que desea convertir a China en una superpotencia en 2050. Pekín invierte cantidades faraónicas con el objetivo de contar con 50 millones de futbolistas en 2020. Las empresas chinas han invertido.

$ 1.700 millones en activos deportivos -la gran mayoría en relación al fútbol- desde comienzos de 2015, según datos de Bloomberg, una compañía estadounidense que ofrece software financiero, datos y noticias. Hace cinco años esa cifra era de cero.  

Sin embargo, hay mucho trabajo pendiente por delante: el país solo se ha clasificado una vez para disputar el Mundial y el billete para el de Rusia 2018 está muy complicado.

“En Tagu buscamos combinar el fútbol con las técnicas de artes marciales de los monjes de Shaolin, con el propósito de crear un concepto original”, explicó Sun a la agencia AFP, quien realizó un curso el pasado año para convertirse en entrenador.

En el campo, sus alumnos de 12 años calientan dando volteretas de un lado a otro. Parece más una coreografía de golpes y patadas en el aire.    

El entrenador ordena a un alumno que dé una patada al estómago. “¿Ves?, esquivo el golpe así”, explica al joven. Se trata de un gesto que valdría una tarjeta roja asegurada para su autor, pero solo es un ejercicio.

Flexibilidad y fuerza física                  

“Con su base de kung-fu tienen una flexibilidad y una fuerza física que les ayudarán cuando jueguen al fútbol”, asegura Sun. “Y saber saltar en el aire también les ayudará”.  

Es imposible no pensar en una película de Hong Kong, Shaolin Soccer, que narraba en 2001 las aventuras de un equipo de futbolistas entusiastas de las artes marciales que ganaba un torneo gracias a los disparos estratosféricos y a sus saltos por encima de los adversarios.

“Volar y hacer trucos geniales, eso no sé hacerlo”, admite Sun Linyuan, de tan solo 12 años. “Pero, luego, sabré dar golpes circulares y seré el mejor futbolista”.

La escuela se da cinco años para figurar entre los tres mejores equipos de fútbol base de la provincia de Henan (centro de China). Firmó un contrato con una empresa británica para traer entrenadores de Reino Unido.

Pero en el campo, la defensa tiene muchos problemas de organización y el control de balón deja mucho que desear.

“¡Lo único que hacen es correr detrás del balón”, grita a sus alumnos un Sun Dawei exasperado. “Creía que habían aprendido a marcar bien a los adversarios”, prosigue enfadado durante el descanso.

El entrenador reconoce que hay un mundo de diferencia entre el fútbol y las artes marciales: “Somos la mejor escuela de artes marciales. No hay ningún motivo por el que no lleguemos a ser también la mejor del país en otra disciplina”. (I)

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