La réferi se dedicaba antes al atletismo

La perseverancia ubicó a Mónica Amboya como árbitro

- 05 de octubre de 2017 - 00:00
Su remuneración promedio es $ 300 mensuales, pero si la temporada es buena, de lo contrario es entre $ 150 y $ 160.
Foto: Ashely Campuzano

“Anda a tu casa a cocinar. Ve a cuidar a tus hijos. Esto no es para mujeres”, son algunos de los improperios que recibe Mónica Amboya, de 35 años. Una árbitro asistente del fútbol ecuatoriano.

Amboya, oriunda de Riobamba, comenta que la discriminación sobrepasa los límites. “Es algo que nunca terminará por la cultura machista que se creó en el fútbol a nivel mundial. Muchos hombres creen que todas las mujeres desconocemos las reglas de este deporte”.

Su pasión por el arbitraje se inició cuando tenía 15 años. “Desde que estaba en el colegio me gustaba demostrar que las mujeres tenemos la misma capacidad para ejercer actividades que realizan los hombres”.

Debutó a sus 17 años en primera categoría en un partido entre Olmedo y Deportivo Quito. Pasó de cuarto a segundo árbitro suplente por ausencia del titular.

Por su perseverancia en 2016 fue convocada por la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) para que participara en el Mundial Femenino sub-20 de Nueva Guinea. En este debutó como árbitro asistente en el partido entre Alemania y México, además estuvo presente en el partido Nueva Zelanda contra Francia.

Existen parámetros que deben cumplir las mujeres, como el peso y una dieta alta en carbohidratos.

La preparación física es de 4 días a la semana, un día de técnica arbitral, aeróbicos, destreza de la velocidad y reacción. Todo es fundamental en un árbitro.

Su esposo José Luis Cabezas, quien la apoya en todo, también fue árbitro de fútbol y actualmente es instructor. Amboya cuenta que sus hijas Katia Bueno, de 16 años, y Carmen Cabezas, de 10, son quienes  han visto el proceso que ha tenido en el arbitraje.

Guido Cajamarca, amigo de Mónica y árbitro de segunda categoría, comenta que es una mujer guerrera, madre. “Una compañera luchadora exigente consigo misma. Ella se prepara para cumplir retos. No se siente menos que los hombres, al contrario, demuestra con sacrificio, trabajo, constancia en el fútbol. Para su hermano Renato Amboya, ella es un orgullo al formar parte del arbitraje ecuatoriano.

“Se trata de una actividad en donde se deben tomar decisiones cruciales en pocos segundos y eso depende de su éxito o fracaso”, dice.       

Renato indica que Mónica siempre ha contado con el apoyo de su familia, recuerda que su hermana ingresó a corta edad al arbitraje y se ha destacado”. (I)  

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