Ivonette corre con el corazón de un medallista

- 26 de septiembre de 2017 - 00:00
La brasileña (centro, con el corazón rojo en el pecho) decidió caminar y no correr al principio de la prueba, pero en el camino ganó confianza y fue aumentando poco a poco la velocidad.
Foto: AFP

El órgano era de Stefan Henze, quien murió en un accidente de tránsito.

La brasileña Ivonette Balthazar se sentía algo nerviosa antes de la carrera del domingo en Río de Janeiro, pero su corazón -trasplantado de un medallista olímpico alemán que murió hace un año- la impulsó hasta cruzar la meta.  

En medio de una larga recuperación por el trasplante que recibió el año pasado, la carrera de 3 kilómetros a orillas de la playa de Copacabana, en Río, parecía un maratón para esta mujer de 67 años.

Su corazón, sin embargo, no la dejaría echarse para atrás. “El corazón de un atleta late dentro de mí, el de una persona joven”, dijo en la línea de salida. “Este órgano demanda más a mi cuerpo de lo que yo estaba acostumbrada”.

Entonces, vestida con mallas y zapatos de correr morados, con el número 2.799 y un gran papel rojo en forma de corazón pegados en su camisa, Balthazar participó junto con cientos de otros competidores en la carrera a lo largo del famoso paseo marítimo.

Hace tan solo 13 meses, mientras su ciudad natal era sede de los Juegos Olímpicos, ella se enfrentaba a una muerte inminente.

Su órgano -golpeado por el cigarrillo, años de estresante trabajo en su agencia de recursos humanos y un infarto en 2012- registraba apenas 40 latidos por minuto. Aunque estaba en el tope de la lista de espera para recibir uno, parecía ya muy tarde. 

Pero el 15 de agosto de 2016 tuvo una llamada del Instituto Nacional de Cardiología en Río.

Stefan Henze, un entrenador del equipo olímpico alemán de piragüismo y ganador de una medalla de plata en Atenas en 2004, murió en un accidente de auto y el corazón de este atleta de 35 años fue asignado a Balthazar. 

El día que Ivonette considera como el de su segundo nacimiento fue también el último de la vida de Henze, quien falleció en un hospital debido a los golpes que sufrió en la cabeza 3 días antes, después de que el taxi en el que viajaba junto con otro miembro de la delegación germana de piragüismo perdiera el control y se estrellara con un poste en la ancha Avenida das Américas, en Barra da Tijuca, al oeste de Río.

La tragedia enlutó entonces al deporte olímpico, pero también le regaló una nueva vida a Balthazar.

La brasileña esperaba hace 18 meses, casi desahuciada y postrada en su cama, a un donante, ya que su corazón funcionaba solo al 30% de su capacidad tras el infarto que sufrió en 2012. 

Henze, entrenador de piragüismo de 35 años y medallista de plata olímpico en Atenas 2004, llevaba un carné que autorizaba la donación de órganos en caso de muerte. Su familia dio la autorización muy rápido y la llamada telefónica del hospital le llegó a Balthazar en cuestión de horas, porque en momentos como esos es clave no perder tiempo para el trasplante.

Desde entonces, siente que ella y Henze se han convertido en una especie de equipo. Una alianza que puso a prueba el domingo pasado.

“Si no tuviera este corazón, no estaría corriendo. Esta carrera de hoy es un reto para mí... y para él”. 

Aunque regularmente va a fisioterapia en el hospital, la carrera fue la primera actividad importante no monitoreada para ella desde la operación. Nerviosa sobre su capacidad para aguantar, decidió caminar y no correr. Pero en el camino ganó confianza y fue aumentando poco a poco la velocidad. Lágrimas de alegría la asaltaban cuando llegaba a la señal que marcaba la mitad del recorrido... y luego fluyeron una vez más cuando cruzó la meta.

Incluso en sus días más felices, Balthazar dice tener presente una tristeza que no la abandona, al pensar con frecuencia en la familia de Henze.

Le encantaría conocer a su madre, “para abrazarla y agradecerle”, dijo, pero se imagina que esto puede ser muy perturbador para los familiares del atleta fallecido. (I)

Datos

Después de la carrera, Balthazar abrazó a su anciana madre, su hija y sus nietos, antes de posar para fotos luciendo la medalla de la carrera alrededor de su cuello.   

Copiando un gesto muy visto en los podios olímpicos durante las premiaciones, Balthazar mordió el premio: “Esta es una medalla de oro para mí”, dijo.   

La familia de Henze no quería que la donación se haga pública, pero en Brasil, pese a que la leyes también garantizan el anonimato, el caso trascendió durante los Juegos Olímpicos.  

Ivonette Balthazar espera que su caso impulse la donación de órganos en Brasil y con frecuencia da charlas sobre el tema en fundaciones, a las que es invitada como una de las beneficiadas.    

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