"Quise quedarme como indocumentada en EE.UU."

| 19 de Enero de 2017 - 00:00

La azuaya confiesa que estuvo a punto de dejar el deporte para trabajar y apoyar a su humilde familia.

Si hubiera hecho caso a sus impulsos, tal vez ahora Paola Pérez Saquipay estaría atendiendo un local comercial, cuidando a los niños o ancianos de alguna casa, ayudando en las labores domésticas o haciendo cualquier cosa, menos lo que más le gusta: la marcha olímpica. Por suerte, sus padres se opusieron a que abandonara su carrera deportiva para trabajar en Estados Unidos.

Pero la tempestad ya pasó y la joven que casi se deja vencer por la adversidad es en la actualidad una de las atletas fijas en el Plan de Alto Rendimiento y le inyecta todo el esfuerzo a su siguiente ciclo olímpico, que espera terminar con un lugar decoroso en los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

¿Cuáles serán sus principales competencias en 2017, año en el que se inicia un nuevo ciclo olímpico?

La primera será el Campeonato Nacional de Marcha, a realizarse en abril, en Sucúa (Morona Santiago), y a la vez será selectivo; de aquí saldrá la selección ecuatoriana que representará al país en los eventos internacionales del año: la Copa Panamericana en Perú, que se efectuará en mayo; el Campeonato Sudamericano de Atletismo, que se desarrollará en Cuenca en julio; el Campeonato Mundial de Atletismo en Londres, a desarrollarse en agosto. Y finalizaremos con los Juegos Bolivarianos en noviembre, cuya sede será Santa Marta, Colombia.

¿Considera posible este año pasar de la beca B a la beca A en el Plan de Alto Rendimiento del Ministerio del Deporte?

Hemos mantenido reuniones con los delegados del Ministerio del Deporte, esperamos saber cuál será el nuevo sistema de calificación, entonces conoceremos en cuál beca nos ubican y armaremos un presupuesto con campamentos y entrenamientos para el año. Mi aspiración es llegar a la beca A, porque así podría tener una mejor preparación.

¿Le preocupa mucho imponer las nuevas marcas nacionales en ruta y en pista?

Claro, será posible con el apoyo de mis entrenadores, del equipo multidisciplinario, de la Federación Ecuatoriana de Atletismo (FEA) y del Ministerio del Deporte. El récord nacional en los 20 kilómetros es de una hora, 31 minutos y 27 segundos (1h31m25s) y le pertenece a Miriam Ramón desde 2005. En 2015, durante los Juegos Panamericanos de Toronto (Canadá), estuve muy cerca de ese tiempo, hice 1h31m53s. El récord en pista, en los 20.000 metros, es de Yadira Guamán, que en junio de 2011 registró 1h33m18s.

¿Qué le alienta a creer que es posible bajar esos cronos?

Mi última prueba en 2016 fue la de los Juegos Olímpicos, llegué en el puesto 24; eso me hace creer más, soñar más, porque mi expectativa era estar entre el puesto 25 y el 30. No es imposible, además de mejorar los tiempos, estar entre las primeras a nivel sudamericano, panamericano y posicionarrme bien en el Mundial de Atletismo.

¿Qué aspecto de su técnica le gustaría optimizar?

Me falta por mejorar un poco el braceo, la amplitud del paso... por mínimo que sea el detalle, siempre tengo que intentar perfeccionarlo, porque eso me ayuda enormemente. Confío mucho en Luis Chocho, mi entrenador; haré lo que él me diga.  

¿A qué le apunta en los Juegos Bolivarianos?

Aunque a nivel bolivariano no están competidoras como la mexicana María Guadalupe González, medalla de plata en los Juegos Olímpicos Río de Janeiro 2016, cada vez están saliendo mejores marchistas. Podría decir que es un poco menos competitivo, pero no fácil, así que hay más opciones de llegar al podio. En Trujillo, hace cuatro años, quedé sexta; ahora quiero mi revancha.

¿Cuenta con el respaldo necesario para continuar su carrera?

Con el apoyo del Ministerio del Deporte, que conmigo comenzó en 2012, ya no tengo las necesidades del inicio. Gracias a Dios me apoyó con la casa, tengo mi mensualidad y con ello, en la medida de lo posible, ayudo a mis padres y a mis hermanos. Ya no se me pasa por la mente dejar el alto rendimiento.

¿Y cuándo y por cuáles razones pensó en el retiro?

Vivíamos en un lugar muy chiquito, estrecho, éramos siete hermanos, papá y mamá. Mi papi, Luis Pérez, que es latonero, atravesaba un problema económico muy grande; todos sufríamos. Era 2011, yo buscaba la marca para ir a los Juegos Olímpicos de Londres, pero ese año para mí fue casi todo  descalificaciones. Estaba en Queens (EE.UU.), por una competencia, pero se me ocurrió quedarme, trabajar y ayudar a mi familia. Iba a hacerlo, pero mis padres y mi entrenador me convencieron de que no lo haga.

Si se quedaba, ¿qué pensaba hacer?

Allá, en esa ciudad de EE.UU., tengo unos tíos, hermanos de mi papi. Pensaba acudir a ellos para que me apoyen, pues solo me dieron visa para una entrada, si me quedaba era de largo y como indocumentada. Pero Dios es grande y escuché a mis padres.

¿Nunca le gustó otra disciplina?

Me fascina el fútbol, soy zurda y jugaba como delantera en la selección del colegio Manuel J. Calle. En estos tiempos ya no lo practico para evitar lesiones. No soy hincha de ningún equipo, pero me gusta la selección nacional. Admiro a Antonio Valencia.

Además del deporte, ¿cuáles otras prioridades tiene a futuro?

Este año retomaré mis estudios de educación básica en la Universidad de Cuenca. Abandoné la carrera en 2013 para dedicarme al ciclo olímpico de 2016. Luego de los Juegos de 2020 me gustaría formar un hogar. (I)