Lunes, 03 Julio 2017 00:00 Atletismo

El renacer de Álex Quiñónez: el aprecio de sus compañeras lo hizo volver a las pistas

El renacer de Álex Quiñónez: el aprecio de sus compañeras lo hizo volver a las pistas
Foto: Mario Egas / El Telégrafo
Redacción Fanático

Tal vez no tenga todos los implementos, la ropa y los demás recursos que necesita para entrenarse, pero Álex Quiñónez se siente alegre de no haber abandonado el atletismo e insistir una vez más en ser uno de los mejores deportistas del país. Hace 2 meses, el esmeraldeño de 27 años se entrena en Quito y su objetivo a largo plazo es clasificarse a los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

Para lograrlo debe vencer todos los obstáculos que la vida le presenta, contratiempos que se alivianan gracias a la ayuda del entrenador Nelson Gutiérrez, del fisioterapista Caridad Martínez y de las atletas integrantes de la selección ecuatoriana de velocidad. 

Fue precisamente una de ellas, Marizol Landázuri, la primera en extenderle la mano y pedirle con el énfasis de una madre que no se retire de la actividad. 

—No negro, no renuncies a lo que te gusta hacer.

—Pero ¿qué voy a hacer?

—Pídele al profe Nelson que te

permita practicar en Quito con

nosotras.

—Pero allá no tengo dónde

    quedarme. ¿Cómo voy a vivir?

Landázuri, junto a Yuliana Angulo, Ángela Tenorio y Romina Cifuentes hablaron con Gutiérrez para que le abra a Quiñónez la posibilidad de unirse al grupo de entrenamiento. Es más, Marizol hospedó en su casa a Álex por casi un mes, proporcionándole alimentación y abrigo. En ese entonces residían en La Vicentina baja, en el centro-norte de la capital.  

Pero cuando la esmeraldeña de los registros de Guayas debía mudarse de domicilio ya no estaba en condiciones de ayudar a su amigo, así que esa responsabilidad la asumió Caridad Martínez, el fisioterapeuta del combinado nacional. 

Al igual que Gutiérrez, Martínez es cubano y años atrás laboró con los marchistas en Cuenca, así que su afecto por los ecuatorianos es lo suficientemente grande como para acoger a Quiñónez en su vivienda, localizada en Sangolquí.   

Desde entonces, el finalista de los 200 metros llanos en Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 es un miembro más en el hogar del centroamericano, cuya familia se compone de su esposa, Yadira Rey, y de su hijo, Ricardo (18 años), quien se especializa en los 400 metros.  

Caridad está contento porque Álex y Ricardo se llevan como hermanos, y el esmeraldeño, hasta la fecha, no lo ha decepcionado, al punto de creer que todo lo malo que se dice de Quiñónez es mentira. “No es alcohólico ni vicioso, únicamente es un joven que necesita respaldo”, sentencia el profesional.  

Su agrado por tener al velocista bajo su techo creció más hace 2 semanas, cuando Álex sorprendió a todos al prepararles un encocado por el Día del Padre a Caridad y Nelson. Lo mejor —agrega Martínez—  es que el hombre tiene muy buena sazón. “Ahora estamos esperando el día en que nos cocine un tapao arrecho”, confiesa entre risas. 

Y si de cumplidos se trata, Álex no se queda atrás, se siente muy agradecido por la consideración y estima que recibe, además, le gusta la gastronomía cubana, tiene entre sus favoritos al arroz congrí y la yuca con mojo.

Esa camaradería se siente en el estadio Los Chasquis, donde las velocistas y los instructores son la familia postiza de Quiñónez, pero con cariño auténtico.

A eso se suma el ofrecimiento de la ministra del Deporte, Andrea Sotomayor, quien hace varios días visitó a los atletas en uno de sus ensayos; está dispuesta a apoyar el regreso de Quiñónez a la élite.

No obstante, Álex extraña a su hija Alexia, que cumplirá 3 años el 16 de septiembre; a su esposa, Jennifer Lugo, quienes viven en Guayaquil, al igual que a su madre, Anita Quiñónez, a su hermana mayor, Katiusca Arboleda, y a su sobrino, Adriano (6 años), quienes están en Esmeraldas. Una de sus aspiraciones es traer a su pareja y a su hija a vivir a Quito; porque la preocupación de tenerlas lejos es enorme.

No olvida lo mal que la pasó desde finales de 2016, cuando la niña sufrió la picadura de un mosquito y su pierna derecha se infectó gravemente, demandando costos que no estaba en capacidad de pagar, eso, más otras deudas y gastos, lo obligaron a vender su auto (Hyundai Tucson de 2009) a un costo demasiado bajo, al que accedió únicamente por las urgencias. 

Ya sin contar con el ingreso mensual que le reportaba el Plan de Alto Rendimiento hasta 2016 ($ 366), la escasez de fondos ahogaba al atleta, quien para estar cerca de su niña se trasladó a Guayaquil, donde buscó trabajo en muchos lugares, pero sin fortuna. Acudió, incluso, a la empresa cuya marca de bebida energizante auspició parte de su carrera, pero tampoco consiguió empleo. “No me importaba el puesto, solo quería laborar”, cita.

En esos momentos la que se dio maneras de llevar un pan a la mesa fue Jennifer Lugo, quien se ganaba algunos dólares ayudando a su hermana en un salón de belleza. Él, prácticamente, ya estaba retirado del atletismo, no había entrenado por más de un semestre y sus últimas competencias se registraron antes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que se celebraron en agosto del año anterior.

Es justo en ese tramo del camino que las seleccionadas de atletismo lo convencieron de retomar. Ahora Gutiérrez reconoce en él un enorme talento; le exige que sea disciplinado y aspira a conseguir el capital para llevarlo a España junto a las chicas, que estarán un mes en Europa, previo al Mundial de Londres. 

El último 24 de junio, Álex integró el elenco ‘Tricolor’ que se ubicó cuarto en la posta 4x100 metros del Campeonato Sudamericano ‘Asunción 2017’. Su siguiente meta son los Juegos Bolivarianos de Santa Marta (Colombia), a cumplirse en noviembre. Su futuro depende de no decaer. (I)

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