Sábado, 30 Septiembre 2017 00:00 Cultura

Vásconez retoma la hípica como pretexto en Orfila

Kevin Wright y Daniela Alcívar Bellolio comentaron el cuento de Javier Vásconez el miércoles pasado.
Kevin Wright y Daniela Alcívar Bellolio comentaron el cuento de Javier Vásconez el miércoles pasado. Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

El doctor Kronz, personaje icónico de Javier Vásconez, apareció por primera vez en un cuento sobre caballos.

Redacción Cultura

En el bar La Oficina, del tradicional barrio de San Blas -que mantiene un teatro como empotrado en uno de sus pasillos-, se presentó el más reciente cuento del escritor quiteño Javier Vásconez. La edición de Orfila (Deidayvuelta, 2017) fue ilustrada por Roger Ycaza y contiene la historia de un antiguo cronista hípico que verá su soledad perturbada en una ciudad lejana a la de sus relatos, en la que encontrará a Amelia.

La escritora Daniela Alcívar Bellolio comentó la historia después de hacer un recorrido parecido al del protagonista (Guillermo Orfila), de la capital Argentina a la ecuatoriana.

“Uno visita ciertas obras como visita lugares queridos y, a veces, se encuentra de nuevo con un instante preciso, mucho tiempo atrás olvidado, en que la vida brilló sin reservas, eufórica, efímera, pero definitivamente. El extraño mecanismo del recuerdo se activa en esos paisajes, esa forma de razones ajenas de la conciencia y de la voluntad, en que al cuerpo le adviene una agitación sin contenido, la pura fuerza de lo desconocido nos constituye íntimamente”. De esa forma describía la obra Alcívar, la noche del miércoles pasado, ante los lectores de Vásconez y junto a Kevin Wright.

Las imágenes superpuestas por la magia de los recuerdos pueblan el cuento que se sitúa en la ciudad de lluvia en la que vive el escritor y los ecos de hipódromos bonaerenses.

La sombra del apostador, Hoteles del silencio, El viajero de Praga y El Secreto contienen escenas en que “el presente se despliega en un ‘después de...’, cuando todo lo que podía ocurrir ya ha ocurrido”, según la autora del libro de relatos Para esta mañana diáfana.

Guillermo Orfila aparece en Quito después de haber perdido las ganas de vivir intensamente. Se encuentra con esta ciudad gris, pequeña, un poco monótona y, de pronto, se cruza con una mujer que le cambiará la vida, incluso de forma tormentosa, dejando atrás sus recuerdos ecuestres.

“¿Por qué el tema de la hípica ejerce una fascinación en usted como narrador?”, le preguntó Kevin Wright al autor, recordando otros de sus cuentos, como ‘Billy’ o ‘El jockey  y el mar’, además de La Sombra...

“Los temas dejaron de interesarme en las novelas, que se alimentan de muchas historias y se sostienen gracias al empleo del lenguaje u otros tipos de tensiones, asociaciones, préstamos o vínculos con otros autores y literaturas. En La sombra del apostador, hay un capítulo decisivo en medio de una carrera de caballos porque era una historia negra”, respondió Vásconez.

En el cuento ‘Billy’, en cambio, William Faulkner desiste de ir a la Casa de la Cultura por lo aburrida que le resulta y camina hacia un hipódromo imaginado en Quito.

Los escenarios que ya no existen

Javier Vásconez recordó que el antiguo Hipódromo de Quito estaba ubicado en el parque La Carolina. El bar Silvia, una cantina de la Avenida Colón que también dejó de existir, es el sitio del encuentro entre un jockey y el doctor Joseph Kronz, personajes que creó. De hecho, el segundo  dio lugar a varias historias, la última de las cuales es La otra muerte del doctor.

El padre de Vásconez llevaba de visita al antiguo hipódromo a su hijo cuando tenía apenas 6 años. “El pasado, la infancia, se convierten en un cofre del cual vamos sacando, cual si fueran pañuelos de colores, múltiples recuerdos para narrar”, explicó el escritor.

De esas épocas lejanas, el autor también recordó a un empleado, César Lagos, a quien le dedicó un cuento y parte de una de sus novelas (La sombra...). Los relatos del personaje real tenían que ver con su vida de jockey, sus carreras en Chile, el ensillar a los caballos y las caídas que provocan las competencias. “En toda carrera se juega un poco la vida, hay la necesidad de ganar, como ocurre un poco con la literatura: hay que ganarle a la palabra en un cuento o capítulo, terminar de llegar”. Los viajes de Vásconez y su caminar por ciudades dejan esperanza de nuevas historias. Visitó hipódromos varios, en Bogotá o Tijuana. Del último le llamó la atención que el público, la mayoría, asistiera con armas, que no solo disparan balas sino la imaginación literaria. (I)

Orfila

El cuento ilustrado inaugura una nueva
colección de la editorial Deidayvuelta.

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