Sábado, 24 Diciembre 2016 00:00 Cultura

Registro de La Habitada es un relato monstruoso de la creación

L.A. Monstruo, el primer poemario de la autora se publicó en 2013 con el sello Cría Cuervos, de la editorial Cadáver Exquisito.
L.A. Monstruo, el primer poemario de la autora se publicó en 2013 con el sello Cría Cuervos, de la editorial Cadáver Exquisito. Foto: Jessica Zambrano / El Telégrafo

Carlos Burgos, Tina Zerega y Solange Rodríguez comentaron la obra de Andrea Crespo, la cual ganó el premio de poesía Aurelio Espinosa Pólit este año.

Redacción Cultura

Registro de La Habitada, el poemario ganador del premio Aurelio Espinosa Pólit de este año, de la guayaquileña Andrea Crespo, es un inventario inmaterial o, al menos, un intento de registro de la desmemoria. A partir de una narración cinematográfica de cuerpos desmembrados desde sus células, La Habitada (como personaje narrador) establece un proceso de creación con cuatro muchachas (las  hijas abortivas) que pidió prestadas al poeta francés Antonin Artaud.

A través de una coral voz poética, la autora juega con la posibilidad de que estas mujeres creen un universo donde la fecundidad ya no es lógica y puedan parir, incluso, al lenguaje. “En la censura del nudo, el vómito de un lenguaje”, dice Crespo.

El miércoles 21 de diciembre, en la víspera de la celebración más importante para el cristianismo de occidente, Crespo presentó su libro de mujeres monstruosas. Lo hizo entre interludios de poemas leídos con su voz grave y la de la actriz Itzel Cuevas, para intercalar las ponencias de Tina Zerega, investigadora en Ciencias Sociales y vicerrectora de la Universidad Casa Grande; Carlos Burgos, especializado en literatura ecuatoriana y latinoamericana del siglo XIX; y Solange Rodríguez, escritora de lo fantástico, quien responde al seudónimo de ‘Hembradragón’.

Para Zerega, el poemario es como leer un génesis, en el que La Habitada (a veces con mayúscula) controla a estas niñas que ella misma llama ‘adiestradas’, a las que a veces califica como hermanas y otras como diosas. Pero también, la voz de La Habitada puede estar en minúscula, como cuando deja en manos tan frágiles, como las de unas pequeñas niñas, la posibilidad del registro de la historia. Cita a La Habitada cuando dice “¿Qué podríamos hacer las muchachas sino registrar el blues del agua?”.
En la primera parte del poemario, Burgos destaca la dinámica que establece la autora con la culebra, una relación que dice es bastante vieja y conocida en la tradición de la creación occidental: desde que el animal le pide a Eva, la primera mujer, que muerda de la manzana para alcanzar la sabiduría de Dios. “La culebra -dice Burgos- hace una falsa promesa de poder: igualar a Dios. Nunca sabremos hasta qué punto Eva se traga esa promesa; dudo mucho que Eva pensara que ese Dios que la despreciaba le daría una oportunidad justamente a ella. Lo que sí muestra, debajo de la promesa que le hace la culebra a Eva, es una realidad no menos importante: le sirve a la mujer para manifestar su voluntad. Ella va a ser la primera criatura autosuficiente y desafiará a Dios”.

En Registro de La Habitada hay un poema bajo la consigna ‘la muchacha N° 2 presenta los siguientes enunciados a la culebra’. Burgos cita un fragmento: “la palabra de Dios bajó. Su aliento era un espeso gluten fornicando insinuaciones sobre mi cabeza fue formando su morada”.

Para Burgos, en la ‘Culebra goteante’, sección A, en la que se encuentran los enunciados de la muchacha N°2, se le plantea a la mujer la posibilidad de transformar la tradición, “de hecho, esa culebra goteante va a exigir a la voz poética su transformación como posibilidad de ser. La Habitada tiene que deshabitarse y volver a habitarse constantemente, estos poemas son el registro de esa dinámica por enfrentarse a cualquier mecanismo de control, eso que Artaud llamaba infierno”.

A Zerega, el poemario la remite a la idea del registro de la historia entendiéndola como “un no-sitio, como una utopía en la que el historiador separa el tiempo propio del tiempo que considera muerto, pero que es un tiempo y, de la misma manera, se resucita porque se reencarna desde un presente”.

Crespo cita al cineasta francés Jean Luc Godard cuando dice “la página en blanco es el verdadero espejo del hombre”. Zerega agrega que escribir es construir una frase recurriendo a un lugar que se supone en blanco (la página), pero que no lo está porque está cargado de presente. “La página no es un reflejo porque a veces nos devuelve un ideal y a veces un mundo. La historia se forma desde la demanda de hacer habitable el presente”, dice Zerega.

Solange Rodríguez utiliza las nociones de la teratología, el estudio de las anomalías y malformaciones en organismos animales y vegetales (en especial las de origen embrionario) para explicar la producción de un libro monstruoso, en el que como se sostenía en la edad media, los seres monstruosos eran atribuidos a la imaginación y los antojos de la mujer no satisfechos durante su gestación.

“Andrea -dice Rodríguez- ha imaginado y parido un lenguaje extraño, mestizo, raro y que tiene los miembros cortados, lo que hace que se vuelvan antenas hambrientas en todas las experiencias posibles. Ha sido una madre aplicada con sus discípulas muchachas, quienes tienen el valor de amar a Dios y esperan sus respuestas con la manga remangada mientras miran hacia arriba. Esperan hasta lograr ser habitadas y dan a luz productos malformados que por alguna razón van a ser nefastos”.  

El consumo de valium puede causar somnolencia, diarrea, vómito, ataxia, vértigo, hipotensión, trastornos gastrointestinales o cambios en la libido. Registro de La Habitada “debería tener advertencias como las que se tienen con algunas medicinas pesadas. No se puede ir por la calle manejando cuando se ha tomado valium”, dice Zerega.

Burgos agrega que este “es un conjunto de poemas difíciles”  y Santiago Vizcaíno, el editor del fondo de publicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, expresa que el trabajo de Crespo es “de carácter monstruoso”. (I)

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