Sábado, 11 Febrero 2017 00:00 Cultura

Entrevista / DAVID HARUTUYNYAN / MÚSICO

"Quiero una orquesta que represente a la ciudad"

"Quiero una orquesta que represente a la ciudad"
Foto: Archivo / El Telégrafo

El maestro armenio dirigirá la Sinfónica Municipal. La agrupación nace como propuesta del alcalde de Guayaquil.

Redacción Cultura

La última vez que David Harutuynyan dirigió la Orquesta Sinfónica de Guayaquil (OSG) inició el concierto tocando un bajo eléctrico, gesto que el público aclamó como si estuvieran frente a un ‘rockstar’. Ese día, Harutuynyan dirigía a los 90 músicos de la OSG junto con la agrupación quiteña Anima Inside y, al ser su último espectáculo en dicho cargo, la acogida fue grande. La gente copó las 952 butacas del Teatro Sánchez Aguilar y 150 personas se quedaron sin entrar. Esta fue una señal de respaldo a su gestión de 14 años frente a la agrupación.

Dos meses después, el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, se sirve de ese respaldo para proponerle al armenio, nacionalizado en 2008 como ecuatoriano, dirigir la Orquesta Sinfónica Municipal de Guayaquil.

La entidad tendrá la tercera parte del presupuesto que tiene la Sinfónica de Guayaquil, que actualmente se encuentra en proceso de concurso para definir su titular, luego de la salida de Harutuynyan.  

¿Cuántos músicos tendrá esta agrupación y en qué se enfocará?

La base de la Orquesta no es la cantidad, sino la calidad. Quiero que sea muy representativa en la ciudad, que tenga la oportunidad de representar a Guayaquil y a Ecuador fuera como una tarjeta nuestra. Ese es un trabajo de hormiga. Siempre he pensado que para desbaratar una orquesta bastan cinco minutos, pero formarla es un trabajo largo. En la OSG me tomé 15 años de mi vida.  ¿Cuánto tiempo tardaré en armar esta? Ojalá que sea muy rápido porque detrás de este proyecto están mis conciudadanos.

¿Fue una propuesta del alcalde o usted lo presentó como proyecto?

El alcalde me llamó y me hizo una propuesta que es gigante, no tengo palabras. Así comencé a trabajar. Formar una orquesta no es solo convocar a músicos y tocar juntos, se trata de un proceso de formación técnica. Es como tener una clínica de diferentes especialidades antes de atender. Espero, en dos meses, poder contar a qué punto llegué y creo que será muy significativo, definitivamente sí.

Con su renuncia a la OSG usted puso mucho énfasis en la necesidad de la libertad creativa, ¿tal vez se enfocará en un trabajo que siente que no logró?

La libertad creativa significa no tener encima un puesto burocrático gigante. La Orquesta Sinfónica de Guayaquil tenía un funcionario sobre otro y cada uno con su opinión, no siempre es razonable. Pueden saber sobre música o no, pero no significa que su forma de ver arte sea igual a la mía. Yo soy artista, no empleado, y la función de un artista es ver cómo está reaccionando la crítica, el público, cómo se desarrolla el campo artístico, y no mandar los informes sobre la cantidad de la gente que está en la sala, ni sobre la cantidad de música europea o popular que estoy tocando. Nunca critiqué la propuesta de Ley de Cultura, simplemente dije que no era mi forma de pensar al arte. Ser artista es un cargo espiritual, emocional y psicológico. Y eso, de ningún modo, es algo que te digan que hay que cumplir.

Es precisamente en el último año en el que tal vez sentía esa tensión como director que estrena su segunda sinfonía...

Necesitaba expresarme, ser artista, necesitaba decir “aquí estoy”; esa era una necesidad emocional. Después la cantidad de crítica que la Orquesta tuvo en los últimos cinco, seis años, cada vez iba aumentando más las revoluciones y era más claro a dónde llevaba todo eso. Sigo extrañando mucho la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, fueron 15 años de mi vida en los que hice amigos de verdad, de mi alma. Me acostumbré tanto a verlos en el escenario y me hacen falta.

¿Tal vez haya posibilidades de que personas de la OSG se sumen a la nueva Orquesta?

Yo no he hecho ninguna propuesta a nadie. Es cuestión de la voluntad de cada uno. Tampoco persigo la idea de crear una orquesta para disminuir la importancia de la otra. Una ciudad como Guayaquil debe contar con 2 o 3 orquestas, como tienen ciudades más pequeñas que esta en otras partes del mundo. Debe tener teatro de ópera, teatros regulares, exposiciones de arte. Mi postura es que hay que hacer arte siempre juntos. Es imposible hacerlo por separados porque nos vamos a cruzar en los escenarios, en los proyectos. Si vamos a hacer la cultura, vamos a hacer la nación. Yo no compito con nadie y espero que nadie vaya a competir conmigo, pero estoy en un espacio en el que no hay cruce administrativo ni burocrático y a mí no me afectará en nada.

Usted decía en una entrevista con este Diario que la formación de públicos no es una posibilidad de las instituciones culturales, sino de la educación, ¿qué público tendrá esta Orquesta?

El público que busca la oportunidad de relacionarse con el arte siempre va a estar con nosotros, este público va a criar a sus hijos, y sus hijos a sus hijos. Así  nacen las ciudades, los Estados y todos tenemos que trabajar por ese campo cívico. Yo no quiero escucharme como un pacificador, yo de verdad pienso así. Construir es mi meta y cada uno debe buscar lo mismo. (I)

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