Jueves, 02 Febrero 2017 00:00 Cultura

Narrativa y poesía ecuatorianas se ubican en lo alto de la literatura de las Américas

Narrativa y poesía ecuatorianas se ubican en lo alto de la literatura de las Américas

Ernesto Carrión recibió el Premio Casa de las Américas por la novela Incendiamos las yeguas en la madrugada, y Raúl Vallejo el José Lezama Lima por el poemario Mística del tabernario.

Redacción Cultura

Entrevista / Ernesto Carrión / poeta y  narrador

"Uno escribe contra la muerte. O para llenarla"

Todas las novelas que ha publicado hasta ahora tienen una reminiscencia del pasado. En el caso de Incendiamos las yeguas en la madrugada, ¿se trata de una nostalgia o es una forma de reivindicarlo?

No lo había pensado antes. Indudablemente uno escribe contra la muerte. O para llenarla. Para engordar esa muerte de vida. Mis novelas ciertamente se deslizan sobre algunas inquietudes que están enredadas con momentos reales, como lo he dicho ya. Sin embargo, no pueden ni deben ser asumidas como literatura testimonial, porque no es así. Trabajo con mi memoria, porque así es como asumo la literatura. Sin embargo, mi vida como tal no deja de ser común. Ahí es donde entra la ficción a potenciar ciertos aspectos en favor de mis historias, a darle vida e importancia a ciertos vacíos. Incendiamos las yeguas en la madrugada se escribió contra el olvido, contra lo que nos hace el tiempo despedazándolo todo, haciéndonos nada. Estos cinco amigos existieron. Se reconocieron y persiguieron una identidad, siempre al borde de arruinarse. Y aunque todo está entrelazado con la ficción de lo que vivieron o pudieron haber vivido, ellos en realidad recorrieron las calles del sur, huyendo de sí mismos para encontrarse, que es como los veo y como permanecerán para siempre en este libro.  

¿De dónde surge el título de Incendiamos las yeguas en la madrugada?

En el poemario Labor del Extraviado, editado por K-oz editorial de Quito (2005), se puede leer en la dedicatoria: a la memoria de Luis Alberto Bustamante/ a quien adeudo el extravío: el tan importante costo de las confidencias/ a él, que tostaba yeguas en la madrugada (5502). Esa dedicatoria esconde el título y al posible narrador de este libro.

En 2015 declaró dejar la poesía para empezar a escribir novelas. Iniciamos 2017 y ya van cuatro publicadas y cuatro premios. Podríamos pensar que ha sido un trabajo fértil...

Escribo así, perseguido por las historias que he narrado, del mismo modo en el que antes escribía poesía perseguido por la necesidad de ahogar un grito. Aunque ambos suponen oficios distintos, me aproximo a la novela con la libertad y la intuición que empleé en la poesía por más de dieciséis años. Aunque escribir narrativa es un oficio que demanda una lógica más estructurada, no tiene tampoco por qué adoptar moldes ni forma específica alguna organizada por ningún canon, menos por el canon nacional que vive en una burbuja ficticia. Esa sí es la mejor obra de ficción que han creado ciertos autores y catedráticos de este país: su canon.

Guayaquil es un escenario frecuente para su obra, ¿por qué la insistencia?

Guayaquil sigue siendo un espacio vital lleno de contradicciones. De una calle a la otra puedes pasar de la opulencia a la miseria y de la alegría a la violencia y hasta a la muerte. Me reconozco como guayaquileño no por sus espacios físicos, sino por el modo de ser frontal y decir lo que pienso, así esto me deje con pocos amigos. Ser guayaquileño, más que identificarte dentro de sus calles, es asumir la vida con rapidez, con una astucia y una desconfianza casi paranoica. Quizás por eso la ciudad que aparece muchas veces en mis libros es una mancha siniestra. La vía Perimetral, el Estero Salado, ciertas calles del centro y del suroeste, al igual que ciudadelas del norte lucen llenas de personajes que toman malas decisiones y que en un segundo alteran sus destinos y el del prójimo. (I)

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Entrevista / Raúl Vallejo / escritor y ministro de Cultura y Patrimonio 

"Mi libro está en diálogo con la obra de Roque Dalton"

Mística del tabernario alude a Taberna y otros lugares, de Roque Dalton. ¿Cuál es la genealogía de este poemario?

En efecto, el libro está en diálogo con la obra de Roque Dalton, particularmente con Taberna y otros lugares. Retoma en algo la tradición del poema escénico que tiene Dalton y, al mismo tiempo, retrabaja las problemáticas acerca de la poesía, del quehacer poético, de la ética y de la estética, pero obviamente en un mundo posmoderno. El libro de Dalton está trabajado a finales del 60 y Mística del tabernario es de este siglo.
En ese sentido lo que quiere ser es un homenaje al poeta salvadoreño Roque Dalton, pero, al mismo tiempo, una puesta al día de esos problemas de la ética y la estética contemporánea.

¿De qué manera aborda estas problemáticas?

La primera parte del libro, que se llama ‘Taberna de la cofradía de Chapinero bajo’, en alusión a un barrio de Bogotá, tiene múltiples voces. Están el ‘Poeta indignado’, el ‘Homo libidinosus’, el ‘Poeta manteño-huancavilca’, el ‘Cronista poscolonial’, el ‘Antipoetucho’, el ‘Vate memorioso y Criticón literario’. Estas voces están en un diálogo en Chapinero bajo, un barrio muy particular de Bogotá porque existe una gran presencia de la comunidad GLBTI. En este poema escénico hay distintas voces y tocan el quehacer del poeta, confrontan una realidad que les toca vivir, el mercado y, sobre todo, la idea de la necesidad de volver a la ética.

Y, en esa línea, aparece un apartado dedicado solo a las redes sociales como una crítica al culto de la personalidad...

El libro tiene una sección que se llama ‘De la escena en redes sociales’. Son poemas que hablan de qué pasa en un mundo donde todos caminan por las calles con un teléfono prendido de la oreja, qué significa el selfie como una expresión del egocentrismo del ser humano, el tuit como una plaza pública donde todo el mundo habla a gritos, el Facebook como un muro de las vanidades. Hay toda una reflexión poética a partir de lo que son vivencias contemporáneas.

Su producción en Colombia ha sido prolífica, ¿de qué manera influyó su estadía para su escritura?

Este poemario tiene incluso un apartado que se llama ‘Cuitas de amor por Colombia’. Recoge una experiencia de vivir en un ambiente con mucha producción literaria, de buenos poetas, buenos gestores, en general, donde lo que uno escucha le permite aprender y relacionarse con otras estéticas que le enseñan mucho a uno como autor, aún cuando uno no las practique. El haber estado en Colombia y relacionarme con un grupo de poetas y escritores produjo un impacto bastante positivo en mí.

¿Qué tan fuera del establishment considera su literatura?

Mística del tabernario es publicado por una editorial colombiana que se llama Casa del Libro, donde hay un esfuerzo por publicar. No obstante, yo publico con editoriales más fuertes, sobre todo mi narrativa. Creo que el hecho de publicar en nuestros países no permite una difusión continental. Mística del tabernario casi no sonó en Ecuador y no ha recibido mayores comentarios, sin embargo se conoció en Cuba y consideraron que tenía las calidades para ser reconocido con el Premio José Lezama Lima. (I)

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