Sábado, 05 Noviembre 2016 00:00 Cultura

Muestra explora la pasión de Rodin por la danza

Rodin creó sus obras con base en bailarinas en poses acrobáticas, como la de la imagen, original de Camboya.
Rodin creó sus obras con base en bailarinas en poses acrobáticas, como la de la imagen, original de Camboya. Foto: cortesía del Museo Rodin

La exposición, inaugurada en la Courtauld Gallery de Londres, recoge la fascinación del escultor por el cuerpo.

Leonardo Boix, corresponsal en Londres

La fascinación del escultor francés Auguste Rodin (1840-1917) por la danza y el movimiento corporal, especialmente en las dos últimas décadas previas a su muerte, son explorados en una histórica muestra inaugurada recientemente en la Courtauld Gallery de Londres.

La exposición, organizada en colaboración con el Museo Rodin de París y abierta hasta el 22 de enero próximo, es la primera en Reino Unido dedicada exclusivamente a la serie ‘Movimientos de danza’, un grupo de esculturas experimentales que realizó el artista a finales del siglo XIX y principios del XX.

Rodin y la danza: La esencia del movimiento pone en cuestión la concepción tradicional de académicos y estudiosos acerca de cómo Rodin creó sus obras sobre bailarinas en poses acrobáticas, además de revelar cuan apasionado era el artista parisino por la danza de vanguardia.

Hacia 1900, Rodin era considerado como el artista vivo más importante de Francia, principalmente por sus grandes esculturas en bronce y mármol, muy codiciadas por coleccionistas de distintas partes del mundo. Sin embargo, hacia 1895 su práctica artística dio un giro inesperado, ya que Rodin exploró una de sus grandes pasiones: el movimiento del cuerpo en poses de baile llenas de expresión.

A diferencia de su producción artística previa, esas esculturas fueron la respuesta moderna a las nuevas formas de danza que habían aparecido por entonces en los escenarios de París, principalmente en teatros de Montparnasse, Montmatre y Pigalle, como el Moulin Rouge.

Como gran parte del público parisino, Rodin quedó también cautivado por la compañía de baile Ballets Rusos, de Serge Diaghilev, y cuando Vaslav Nijinsky estrenó en 1912 ‘La siesta del fauno’, el escultor fue uno de los primeros en defender públicamente al bailarín.

En una carta enviada al periódico parisino Le Figaro, Rodin elogió “la perfección física” de los bailarines rusos, como también “la armonía de las proporciones humanas (...)”. “Nijinsky es el modelo ideal, aquel que uno anhela dibujar y esculpir”.

La exposición en la Courtauld Gallery, que incluye 40 dibujos, 23 esculturas, como también fotografías y material de archivo, explora a fondo las experiencias de Rodin con el baile contemporáneo, que le permitieron inspirarse en sus geniales estudios. Desde las giras por Francia de bailarines de Java y Camboya, con sus exóticas tradiciones y movimientos gestuales, pasando por los muchos bailarines y animadores ambulantes que posaron para el escultor en la privacidad de su estudio, todas esas experiencias fueron traducidas por Rodin en dibujos y esculturas.

Entre las fotografías incluidas en la exposición están aquellas de las bailarinas Loie Fuller e Isadora Duncan, estrellas de comienzos del siglo XX, junto a dibujos del actor y bailarín japonés Hanako, que maravilló a las audiencias de París y Londres con sus actuaciones del rito suicida japonés harakiri.

Nuevas investigaciones de especialistas en la obra de Rodin indican que una de las principales inspiraciones para la serie ‘Movimientos de danza’ fue una bailarina acrobática y modelo llamada Alda Moreno.

La muestra londinense incluye un gran número de dibujos de Moreno realizados por Rodin, quien transformó esos bosquejos en papel en una serie de figurillas en terracota y yeso, sobre movimientos deslumbrantes de contorsión corporal.

De acuerdo a uno de los amigos y admiradores más cercanos del artista, el crítico danés Georg Brandes, Moreno se presentó sola en 1903 al por entonces escultor de 62 años, y bailó sobre la mesa del restaurante donde Rodin solía cenar cada semana. Sus movimientos más famosos eran tocar con la punta del pie la parte posterior de su cabeza, o elevar bien alto su pierna derecha, paso conocido en el baile de can-can como port d’armes. Esos movimientos corporales le permitieron a Rodin experimentar de una manera única con la forma humana.

“Es solo a partir del movimiento exagerado del cuerpo que obtengo la flexibilidad que más se aproxima a la verdad”, había escrito el artista. Dicha obra logra capturar de ese modo la forma humana en movimiento puro, poniendo énfasis en las limitaciones de la anatomía, la experimentación y sus implicaciones para la experiencia artística.

Aunque algunos de los dibujos que hizo Rodin sobre las bailarinas se expusieron en vida del autor, las figurillas solo fueron vistas por un grupo selecto de amigos y coleccionistas del genial escultor.

Rodin moldeó en arcilla torsos, extremidades y cabezas idénticas, para luego ensamblarlas y darles forma, exagerando movimientos acrobáticos y poses atléticas.

El escultor estaba especialmente preocupado en sus últimos años con los desafíos que conllevaba expresar e incorporar el movimiento físico en sus formas escultóricas, intentando crear un tipo de obra en respuesta a los movimientos emergentes de danza que él tanto admiraba. (I)

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