Sábado, 24 Septiembre 2016 00:00 Cultura

Los nuevos medios expanden la literatura (y la autofiguración)

Sandra Araya, Leonardo Valencia y Alejandra Costamagna reflexionaron sobre la naturaleza de la escritura.
Sandra Araya, Leonardo Valencia y Alejandra Costamagna reflexionaron sobre la naturaleza de la escritura. Foto: Mario Egas / El Telégrafo

Anoche finalizó el Encuentro Internacional de Creadores y Críticos ‘Novela latinoamericana para el siglo XXI’, en el Centro Cultural Benjamín Carrión.

Redacción Cultura

Cuando apareció la televisión hubo espectadores que anunciaban el fin de la radio con el tono de quien da un presagio. Que el audio sin imágenes sobreviviera a la pantalla chica les resultaba inverosímil; escuchar noticias, sin más, les parecía un  despropósito comparable a lo que hoy ciertos cibernautas sienten al leer páginas sin ilustraciones, en papel. Pero los libros siguen existiendo y la frecuencia modulada ha tenido sus renovaciones.

“Leer siempre ha sido una forma de extravagancia”, decía el escritor peruano Jorge Eduardo Benavides, en el Centro Cultural Benjamín Carrión, el jueves pasado, ante un auditorio lleno de lectores. La cita se dio en torno al coloquio ‘Las editoriales y la prensa cultural frente a la novela’, un título al que es inevitable asociarlo con la crisis actual de la industria libresca.

“Las grandes editoriales han ido comiéndose a los sellos independientes”, decía el novelista residente en España -el territorio de Anagrama, Seix Barral y Planeta-, “pero una serie de editoriales satélites actúan desde una trinchera, desde la que evitan sucumbir frente a la dictadura de las ventas; el problema que enfrentamos es que la edición es un negocio más allá de la literatura”.

El escritor chileno Carlos Franz -ganador de la Bienal Mario Vargas Llosa y quien trabajó para la industria editorial de su país- dijo que “hay una diferencia entre la industria editorial y la literatura”.

El historiador y crítico literario mexicano Christopher Domínguez Michael le agregó un matiz histórico a la tertulia al decir que “ninguna época tiene el monopolio de las desgracias ni las desdichas”. Para el escritor, lo que caracteriza al mundo actual es una “brutal mutación epistemológica que ninguna otra generación había vivido”: los escritores han transitado, entre el siglo XX y XXI, desde el tintero, pasando por las teclas que hoy se llaman análogas, a lo digital.

Con el fino humor que lo caracteriza, Domínguez recordó que, hace unos días, leía un artículo del cineasta italiano Pier Paolo Pasolini -escrito en 1960-, en el cual se peguntaba si los los libros de bolsillo iban a acabar con la alta cultura. “Siempre que hay nuevos inventos, hay temor de que haya un desplazamiento, pero los medios se van homologando”.

A este debate le siguió el conversatorio ‘La novela latinoamericana: nuevos medios y prácticas’, en el que intervinieron los ecuatorianos Leonardo Valencia y Sandra Araya, y la chilena Alejandra Costamagna.

“Los nuevos soportes, y estoy pensando en la tecnología misma, son para la exposición de escritores. Esto puede tener su ventaja, pero también pueden convertirse en lugares para la autofiguración. Más que contar, contarse. Más que exponer, exponerse. Y todo esto se transforma en una lucha de egos infinita que hace que, de pronto, la autoficción o las escrituras del yo se transformen en superegos y nada más”, reflexionó Costamagna.

Araya añadió que los nuevos medios “permiten que todo el mundo opine, a ratos de una manera maliciosa, sin el aval de nadie”, pero también reconoció que plataformas como Facebook le han posibilitado el acceso a la literatura de una manera más global y que, incluso, han hecho que su obra sea conocida en España y que le hayan propuesto la reedición de uno de sus libros.

Leonardo Valencia, autor de El libro flotante, que este año cumplió una década desde que salió su primera edición y de que se creó una página web de la novela, planteó que lo que a él le interesaría entender es cómo los nuevos medios repercuten en la escritura, en cómo la enriquecen. “Creo que los nuevos soportes nos permiten volver a pensar en la naturaleza de la novela”. (I)

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