Sábado, 09 Septiembre 2017 00:00 Cultura

Le Carré recupera a George Smiley en su última novela

Hay diversas adaptaciones al cine de este antihéroe. La última es de 2010, en Tinker Tailor Soldier Spy, en la que Gary Oldman encarna a un Smiley taciturno.
Hay diversas adaptaciones al cine de este antihéroe. La última es de 2010, en Tinker Tailor Soldier Spy, en la que Gary Oldman encarna a un Smiley taciturno. Foto: Tolga Akmen / AFP
AFP

El escritor británico y maestro de la literatura de espionaje John Le Carré ha recuperado, 27 años después, a su héroe gris George Smiley para su nueva novela, A Legacy of Spies.

La obra fue lanzada este jueves en el centro cultural Southbank de Londres, donde Le Carré celebró ‘Una velada con Smiley’, personaje que constituye para él un “compañero”, casi un amigo y un alter ego.

“No se puede crear un personaje sin dejar algo de uno mismo”, contó a la audiencia durante el evento, que fue retransmitido en directo a más de 200 salas de cine del Reino Unido, para recolectar fondos para Médicos Sin Fronteras.

Efectivamente, ambos tienen mucho en común, empezando por el espionaje. Le Carré, cuyo verdadero nombre es David Cornwell, trabajó para los servicios de inteligencia británicos entre 1950 y 1964, y se dedicó a la literatura por entero tras el éxito de El espía que surgió del frío, el primer gran papel de Smiley, en 1963. También la edad: John cumplirá 86 años en octubre, y su personaje de ficción ronda esa edad. Ambos fueron activos en la Guerra Fría que opuso al bloque comunista y a los países occidentales, una mina para las obras de espionaje.

La inspiración de Le Carré no se resintió del hundimiento del muro de Berlín. Su siguiente novela sobre el tráfico de armas, The Night Manager, en 1993, se convirtió en una serie televisiva de éxito.

John y George comparten ciertos rasgos de carácter. “A los dos nos cuesta recordar los momentos felices. No es algo que me ocurra con naturalidad, tengo que esforzarme”, explicaba el escritor este fin de semana al diario The Times.

También comparten discreción y es inútil buscar a Le Carré en las páginas de sociedad. Tampoco hay nada llamativo en Smiley, un anti-James Bond, cada vez más taciturno con la edad, y seguramente un mejor reflejo de lo que es un espía que el 007 de los Dry Martini, las mujeres y los artilugios sorprendentes. El contraste entre el sexsymbol y el maestro de espías orondo y con gafas es manifiesto, por mucho que sean ambos británicos. (I)

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