25.367 asistentes convocó este año la cita en el centro de convenciones

La FIL de Guayaquil vence prejuicios literarios

- 18 de septiembre de 2017 - 00:00
El encuentro se realiza desde su primera edición en el Centro de Convenciones de Guayaquil.
Foto: José Morán / EL TELÉGRAFO

En 2014 el Ministerio de Cultura dejó de organizar el encuentro al considerar que el público tenía otros intereses.

La tercera edición de la Feria Internacional del Libro de Guayaquil (FIL) convocó a 25.367 personas, en el Centro de Convenciones. La cifra es similar a la de 2016, cuando el principal autor invitado fue el nobel J.M. Coetzee.

A pesar de que, según Ricardo Baquerizo, gerente de Expoplaza y uno de los principales organizadores del encuentro, se preveía superar el 10% de visitas en relación a la edición anterior, el encuentro se consideró exitoso. Así se resalta en un comunicado de prensa de la Empresa Pública de Turismo del Municipio de Guayaquil, otro de los organizadores que financia el evento con al menos el 50% de su presupuesto —un total de $ 200.000 gestionado también por la empresa privada—.

Entre los componentes que menguaron la participación de público estuvo el cobro de la entrada a niños con una tarifa de $ 1,50, lo que se eliminó los tres últimos días de feria. Además, si bien en la estadística de Expoplaza participaron 45 colegios, se percibió su ausencia al coincidir con la temporada de exámenes.

El crecimiento y consolidación del encuentro literario es evidente en comparación con otros de su tipo, como la FIL de Quito, la cual, a pesar de estar programada para noviembre, aún no oficializa un cartel literario, lo cual es un efecto de la variación de los organizadores. Al contrario de lo que ocurre en Quito, mantener a los directores de un encuentro es clave en las ferias más grandes del mundo, como la de Guadalajara, que desde 2013 está a cargo de Marisol Schulz Manaut.

Una de las grandes apuestas de la FIL de Guayaquil es su organización con un comité de contenidos literarios, dirigido por la catedrática Cecilia Ansaldo, junto con la periodista Tatiana Landín, Miguel Muñoz y Claudia Noboa.

Este año, el comité logró una lista de 14 autores internacionales invitados, entre los cuales figuraba el Premio Princesa de Asturias, Leonardo Padura; el lingüista y periodista Álex Grijelmo y las argentinas Selva Almada y Luisa Valenzuela. De ellos, no pudieron llegar los bolivianos Liliana Colanzi y Edmundo Paz Soldán, por los efectos del huracán Irma, en una de las escalas que debían realizar en Miami.

Uno de los propósitos de la Feria del Libro de Guayaquil es generar un nexo entre escritor, editorial y lector. “Estos actores, que andan desperdigados por la sociedad, encuentran en una feria la oportunidad de la proximidad”, dijo Ansaldo en una entrevista con este diario en la primera edición de la FIL, en 2015. Pero en este propósito aún hay que ‘ajustar las tuercas’.

Según la información oficial, participaron 39 librerías, pero en la lista se distinguen ofertantes de servicios como diario El Universo, Expreso, Técnicas Americanas de Estudio y pocas editoriales independientes locales, como El Fakir (que hizo esfuerzos para estar por tercera vez), Cadáver Exquisito o Rastro de la Iguana Ediciones.

Mónica Varea, librera y propietaria de Librería Rayuela, dice que es muy costoso pagar un stand en la FIL, pues a ello se suma el costo del traslado de libros y personal. “Es una feria de muy buen nivel en el área cultural, pero la oferta sigue siendo pobre, no hay una superoferta. Eso lo notas porque están las grandes librerías y dos o tres pequeñas; el resto está ocupado con cualquier cosa, pero es entendible porque los organizadores tienen que sacar la feria y es un esfuerzo grande que hay que felicitar”.

Para Álvaro Alemán, uno de los fundadores de El Fakir, estas ofertas fuera del mundo editorial entorpecen el objetivo de la feria. “La FIL de Guayaquil, desde la organización, se piensa como algo de alta cultura, lo que se promociona son textos vinculados a la proyección estética y se dejan de lado otros grupos. No hay formación de público en cuanto a librerías populares. Lo que quieren es impulsar esta idea de la alta cultura literaria, donde todo lo demás se subordina a aquello”.

Pero el trabajo es a largo plazo. Los gestores culturales del país repiten que los resultados estadísticos no son un sinónimo de la calidad de las propuestas que existen en el país, y aún así, la FIL ha demostrado tener un público estable y que puede salir a pesar de prejuicios respecto a los intereses de la lectura en la ciudad.

En 2015, por ejemplo, el exministro de Cultura Guillaume Long, pocos días después de asumir su cargo, dijo que había que pensar en una sola Feria del Libro en el país, pero que esté bien hecha. Long consideraba que el potencial  Guayaquil posiblemente no sean los libros, sino las artes visuales.

Aquello fue luego de que el Ministerio de Cultura y Patrimonio dejara de organizar la feria, que solo en 2010 se hizo de manera coordinada con el Municipio de Guayaquil y eventualmente decayó en su organización, hasta que en 2014 no se hizo ninguna y en 2015 el Municipio, a través de la Empresa de Turismo, volvió a tomar la batuta. (I)

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