"La felicidad no es un tema atractivo para una novela"

- 12 de junio de 2017 - 00:00
Foto: tomado de El Periódico

Premio Nacional de Literatura con su ópera prima, Juegos de la edad tardía, Luis Landero presentó su última obra en la Feria del Libro de Madrid.

Nacido en el seno de una familia campesina sin excesivo amor por la literatura, Luis Landero (Alburquerque, Extremadura, 1948) es hoy, gracias a libros como Juegos de la edad tardía, Retrato de un hombre inmaduro y Absolución, uno de los escritores más admirados y seductores de la literatura española, autor de obras entroncadas en la tradición oral, de la que es un maestro narrativo.

    Maestro de profesión y escritor artesanal, fue galardonado en 1989 con el premio Nacional de Literatura. El encuentro se produce bajo un sol abrasador en plena Feria del Libro de Madrid a la que ha acudido para firmar ejemplares de su última novela, La vida innegociable, una historia de un pícaro moderno llamado Hugo Bayo al que Landero presta su voz grave para que narre sus vicisitudes en primera persona.

Cuando publicó su primera novela ya había alcanzado una cierta madurez

La vida te lleva por donde te lleva. Cada escritor tiene su propio proceso de maduración. Yo empecé a escribir poemas muy pronto, con 14 o 15 años. Así que soy un escritor precoz, pero con una vida muy agitada. Anduve, vine y viví intensamente, pero nunca dejé de escribir porque es lo que da sentido a mi vida. Cuando un día acabaron mis problemas económicos y encontré mi estabilidad vital como profesor, esa misteriosa monotonía que diría Borges, consideré que el momento de abandonar mi feliz soltería literaria había llegado.

¿Por qué le costó tanto trabajo escribir Juegos de la edad tardía?

Fue un proceso de maduración lenta. Me equivoqué dos veces al escribir las versiones en primera persona y no me funcionaron. Estuve un año sin tocarla porque no encontraba el camino, luego decidí narrarla en tercera persona y la cosa empezó a funcionar mejor. Esa es la historia secreta de una novela que me perseguía desde los 20 años. No hay más.

¿Considera que escribir es una forma de dar sentido a la vida confusa?

Sí, desde luego. La vida está llena de belleza y también de horror. Por eso el ser humano busca siempre algo trascendente. Y lo que da sentido a mi vida es la escritura. En ella he encontrado mi lugar en este mundo. No hay nada más importante para un novelista que tener un mundo interior lleno de historias personales que pugnan por salir al exterior. Y yo siempre he sentido ese bullicio dentro de mí. Pero cuando esto sucede siempre surge el dilema de cómo coño dar voz a ese mundo propio, intransferible y único de una forma concreta; qué proceso utilizar para sacar fuera todas esas historias. En ese sentido, yo me considero un artesano de la literatura.

Alguien dijo una vez que la literatura es el proceso artístico más tortuoso. Más incluso que la pintura o la escultura, donde lo abstracto recibe sus dosis de gratitud. ¿Usted qué opina?

Un narrador no se mueve en lo abstracto sino en la soledad. La literatura es una profesión muy solitaria donde uno pasa de la felicidad al desaliento en cuestión de minutos. Quizá, por eso, hace tiempo decidí que lo mejor era no leer a nadie lo que escribo porque lo único que lograba era aumentar mi confusión. La clave está en encontrar el equilibrio personal con la novela, algo que solo se logra cuando alcanzas una velocidad de crucero. Y luego está la experiencia, claro. Al cabo de los años, caes en la cuenta de que es un buen antídoto defensivo contra esa autocrítica implacable.

¿Y las dudas? Porque al final se escribe con una herencia literaria sobre los hombros

Por supuesto. Mis maestros literarios son muchos. No hay escritor, de los buenos digo, del que no haya aprendido algo. Desde los clásicos españoles y griegos hasta la moderna literatura inglesa, alemana o latinoamericana. Soy muy lector y de todos sigo atrapando todo lo que me conviene. Son como herramientas que se seleccionan de aquí y de allá.

También de la novela del oeste americano

Sí. Me formé fuera del canon literario porque mi familia era completamente iletrada. Tampoco la gente con la que traté después eran lectores empedernidos. Así que anduve un poco perdido. Con 14 años leía muchas novelas del oeste. Cuando eres joven lo importante es leer. El contenido no es tan decisivo porque todo resulta fascinante y además se interioriza, se personaliza. Por muy mala que fueran aquellas novelas, el pistolero del oeste conectaba con mi atracción por contar historias.

Resulta imposible escribir sin abstraerse de la propia experiencia. ¿Le resulta difícil enmascarar su yo describiendo la vida de otros?

No es difícil porque la historia, sencillamente, surge. Y a veces sin ser consciente. En realidad, los demonios literarios más profundos que habitan en uno son los que brotan para encarnarse en la historia. ¿O alguien cree de verdad que Cervantes era consciente de la trascendencia del Quijote cuando escribió la obra? Seguro que proyectó en ella cantidad de cuentas pendientes y asuntos personales pero probablemente ni sabía ni necesitaba saber la relevancia que llegaría a adquirir El Quijote. La novela nace en lo más profundo del alma o del corazón o como quiera decirse porque es ahí donde habita lo que te inquieta. Se escribe de lo vivido y de lo que se ha visto vivir.

Su última novela, La vida negociable, está narrada en primera persona y no es una historia de éxito sino más de la infinita capacidad del ser humano para caer y sobrevivir a la miseria y el ridículo. ¿Es lo más cerca que ha estado de su verdadera alma?

Es que todos cargamos con este tipo de situaciones en nuestro fardo existencial. La felicidad no es un tema atractivo para una novela, ni siquiera para una película. La felicidad es para vivirla no para contarla porque terminaría siendo terriblemente aburrida.

¿Qué valor concede a la crítica de su obra?

Recuerdo que en mis dos primeras novelas vivía en un hilo antes de leer las críticas. Por fortuna, con el tiempo he logrado liberarme un poco de las opiniones ajenas, algo que es muy sano. Pero aun así, el placer que producen nueve críticas buenas no compensa lo que jode una mala crítica. Unos dirán que es vanidad y otros que es orgullo. Yo creo que es inseguridad. (O)  

La última novela del escritor español fue publicada el pasado 2 de febrero.   

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