Lunes, 10 Octubre 2016 00:00 Cultura

La edición XV del Festival Chulpicine llevará las películas para menores a 7 provincias

El comunicador quiteño Freddy Sarzosa es uno de los organizadores del evento anual de cine infanto-juvenil.
El comunicador quiteño Freddy Sarzosa es uno de los organizadores del evento anual de cine infanto-juvenil. Foto: Daniel Molineros / El Telégrafo

El pasado 1 de octubre se inauguró, en Cumandá, el ciclo que incluye distintas actividades. El monto necesario para su realización es de $50 mil en promedio, pero organizadores lo hacen con el 40%.

Redacción Cultura

Desde hace 15 años, el Festival Chulpicine se ha consolidado como una vitrina del audiovisual infantil y juvenil. Uno de los fundadores del evento —junto con Francisca Romeo, Vanesa Vergara y Romina Ordóñez—,  Freddy Sarzosa, dice que el proyecto nació como una respuesta social al cine comercial y a la falta de un espacio cinematográfico para el público al que ellos apuntan.

Este año, la programación —que inició el pasado 1 de octubre en el Parque Urbano Cumandá y continúa hoy, con una proyección de cortos, a las 11:00— hará un recorrido por todas las películas, mediometrajes y cortometrajes que hicieron historia dentro del festival.

También en Cumandá, a las 16:00, se exhibirá el filme Las Aventuras de Tadeo Jones (Enrique Gato, 2012), la historia de un albañil español que trabaja en la construcción y sueña con ser arqueólogo al punto de que termina de forma azarosa en el Cuzco, Perú.

En las 14 ediciones pasadas, el Festival Infantil y Juvenil Chulpicine ha llegado a más de 97.200 espectadores, realizando más de mil funciones en barrios, escuelas, colegios, centros culturales,  auditorios y salas de cine.

Los lugares que han acogido a Chulpicine están en todo el país. En provincias como Galápagos, Sucumbíos, Napo, Orellana la recepción del público ha sido especial para el festival itinerante, puesto que esos espacios carecen de propuestas similares y el cine infantil, al tener baja producción local, es incluso más escaso.

Napo y Guayaquil como hitos

En Napo (provincia de El Tena), un grupo de jóvenes comunicadores se unió al festival en un proceso que Sarzosa define como “metodológico”. El clima y las tecnologías limitadas hicieron que los organizadores desarrollaran su creatividad en un espacio asolado, además, por la guerrilla al estar en la frontera. En 2008 había un alto índice de suicidios en la región, lo cual hizo que se geste un cambio comunitario en torno a las películas exhibidas.

Desde entonces, el Oriente ha sido una de las plazas fijas de Chulpicine.

En San Eduardo, un suburbio y centro de acopio de desechos de Guayaquil que está cercano a pero   no es visible desde el estadio Monumental, al sur de la ciudad, también hubo comunicadores que intervinieron con niños que, pese a trabajar en la calle, han desarrollado un proyecto audiovisual, desde 2013.

“Esto ya no es solo una herramienta estética, sino de promoción social, que te permite generar cambios en la comunidad”, dice Sarzosa.

La movilidad y el ecologismo son los temas que mayor acogida tienen en el público infantil urbano, mientras que en las llamadas periferias o zonas rurales este tema llama menos la atención que las técnicas de animación, la estética de los filmes que los espectadores más pequeños quisieran aprender.

“El regreso del cine a los barrios”

Para explicarle la naturaleza de Chulpicine a la gestora cultural Paola de la Vega, la directora del proyecto, Francisca Romeo le dijo que, desde el inicio, quisieron “sacar el cine de las salas (...) y llevarlo a zonas que no tenían ningún acceso. Más, en un momento, que habían desaparecido las salas de cine de barrio, ya no teníamos y solo había los Multicines. Entonces, era un poco el regreso del cine a los barrios. Y el objetivo de hacerlo infantil era también que, desde los niños, podías convocar a toda la comunidad. Trabajar con niños te permite acercarte no solo a ellos, sino a los adolescentes, a los adultos, una forma de acercamiento a toda la comunidad”.

De la Vega publicó ese testimonio en el libro Gestión Cinematográfica en Ecuador: 1977-2006, la investigación más completa sobre el tema.

Los públicos de Chulpicine suelen formar un ágora multigeneracional frente a las películas y Sarzosa dice que, entre las distintas regiones del país, no hay diferencias en las miradas de los menores.

El Centro Cultural Itchimbía también acogerá algunas proyecciones este fin de semana. “Eso debe ser el cine, un momento en el que te distraes, relajas y concentras”, dice el comunicador, quien no se escandaliza porque los niños empiecen a jugar durante las proyecciones. “Es la diferencia con las salas comerciales: la confianza que estableces y el tipo de cine que estás mostrando”.

Por algo, el cinematógrafo era una suerte de atracción de feria, que se complementaba con ambientaciones orquestales, externas cuando las cintas eran silentes. Ver una película es una informalidad que puede suscitar muchas interacciones, como cuando una familia se reúne frente a la pantalla y la comunicación genera sueños, construcciones, dirá Sarzosa.

En cuanto a la, ya descartada, creación de impuesto a la taquilla de salas comerciales para un Fondo de Fomento a las artes y la cultura (que estaba en la Ley de Cultura que se debate en la Asamblea Nacional), el gestor cultural quiteño cree que la aparente gratuidad de funciones como las de los festivales del país, está pagada con fondos estatales, que se recaudan en otros impuestos. “Son otros sectores productivos los que podrían aportar”.

Aproximadamente 15 películas, 20 mediometrajes y 60 cortometrajes se proyectarán durante medio centenar de funciones gratuitas este año, en el que Chulpicine no solo se realizará en Quito sino que recorrerá 7 provincias entre las cuales se encuentran Carchi, Napo, Esmeraldas y Manabí, entre otras. (I)

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