Martes, 11 Julio 2017 00:00 Cultura

Juan Secaira escribe sobre su mitad opuesta

Juan Secaira fue el ganador del premio Jorge Carrera Andrade de Poesía, en 2012, con el libro No es dicha.
Juan Secaira fue el ganador del premio Jorge Carrera Andrade de Poesía, en 2012, con el libro No es dicha. Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

Desde 2010, el poeta quiteño sufre una dolencia que ha afectado a la parte derecha de su cuerpo y a su existencia.

Redacción Cultura

Ahora la pausa habita el cuerpo del poeta Juan Secaira. Antes de escribir una palabra sobre el papel, debe corregirla y potenciarla varias veces por la cabeza. La fuerza del lado derecho de su cuerpo, sobre todo de su brazo, ya no es la misma que hace siete años, cuando le diagnosticaron una tendinitis que evolucionó a un síndrome del túnel carpiano, luego a una esclerosis múltiple y, recientemente, su dolencia la han asociado con una afección neurológica.

La limitación física ha obligado al poeta a usar su temblorosa e incierta mano izquierda para escribir. Secaira tuvo que reeducar su existencia, mientras los nombres de los diagnósticos médicos iban cambiando con el tiempo. Lo último que le han dicho: un problema cardiaco se ha sumado a su cuadro clínico. El dolor no ha cesado, pero tampoco el impulso por hacer poesía.

Secaira —desde 2010 hasta este  año— ha escrito La mitad opuesta, libro en el que a través de la palabra poética relata un cuerpo fragmentado que no para de mutar, de sufrir y de resistir. El poeta se ubica en el otro lado de un espejo empañado y escribe sobre su mitad que se proyecta opaca.

En el poema ‘El mal’, el autor dice: “Las curas y las causas de la enfermedad son inciertas/ formando una especie de acertijo/ en gran medida ajeno a este libro/ y a la vez imprescindible para su existencia/ de ejes, ángulos y resistencias se compone este mal/ ataca a la mitad (por decir lo menos) a alguna/ como el más atroz de los juegos/ parcialmente divido de izquierda o de  derecha/ de arriba o de abajo/ de un costado o del otro/ al norte al sur/ puntos variables/ axones/potenciales evocados/la existencia misma se divide en múltiples pérdidas”.

Varias han sido las hipótesis del origen de la enfermedad, pero hay una que junta el pasado con el presente de Secaira: un fuerte golpe en la cabeza cuando era niño. Este accidente está recogido en uno de los poemas de No es dicha, libro que ganó en 2012 el premio de poesía Jorge Carrera Andrade. Sin embargo, más allá de encontrar una genealogía a las dolencias del poeta, lo que se plantea en La mitad opuesta es un ejercicio de enfrentar el presente con un lenguaje descarnado.

Los inicios de los poemas de Secaira son racionales, tranquilos, pero luego toman caminos insospechados. Se bifurcan en el dolor, la pérdida o la reconciliación familiar. Este poemario no es una bitácora ni un diario de testimonios; no es una obra literal. Se trata de un libro en el que un hombre está escribiendo sobre una parcela rota de su vida.

“No voy a sanar escribiendo, pero todo enfermo busca un vicio, todos tenemos una vida secreta. El vicio mío es la escritura y la lectura. Yo tenía una vida muy activa, trabajaba mucho, daba clases, jugaba fútbol y ping-pong. Tenía una vitalidad que no tengo ahora. Sin embargo, esa vitalidad la recupero con la lectura y la escritura”, dice Secaira, cuyo libro también está plagado de referencias pictóricas y literarias.

Alicia Ortega, quien escribe el prólogo de la obra, señala: “La enfermedad provoca nuevos itinerarios, recorridos y localizaciones, en el desplazamiento cotidiano del cuerpo: hospitales, tratamientos, fechas, citas médicas, falta de dinero, especialistas, doctores y chamanes, recetas, ‘olor a bosque y pastillas’, dictámenes, diagnósticos e historial clínico, registran ‘el espacio de la violencia diaria’, pero también diseña un nuevo mapa familiar: ‘la hermandad nace en la experiencia transitada’ (‘Marea y destierro’), nos recuerda el poeta.

Así también: ‘Apremios y reuniones no para curar/ para prohibir cualquier palabra / acerca de la dolencia’ (Familiar’). (...) Juan Secaira trabaja una escritura que escucha su pulso y medita el acertijo encapsulado en la enfermedad, en los registros del cuadro clínico”.

Pedro Gil, quien también comenta la obra, indica: “Juan Secaria huye de la lástima y asume la poesía como un estoico contemporáneo, riéndolo a sus hijos y a su esposa. A sus padres y a sus amigos. Y yo río con él. Porque, como sostenía Roberto Bolaño: literatura más enfermedad=enfermedad. No jodan. ‘Toda enfermedad culmina en el momento de nombrarla’, nos dice Secaira. Y él lo dice en poesía. Grandeza de ser humano y poeta”.   

La mitad opuesta representa un ejercicio de cuestionamiento a las instituciones médicas y morales que insisten en ver al cuerpo enfermo como un ente perdido y dócil. Se olvidan de que es un cuerpo vivo. “La enfermedad es un poco como la poesía, no tienes que violentarla así no más”, concluye el poeta. (I)

 La mitad opuesta

Durante siete años el autor quiteño fue escribiendo los versos del poemario.

 

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