Humberto Vinueza, un pionero de la antipoesía ecuatoriana

- 16 de Marzo de 2017 - 00:00

El guayaquileño fue parte de los tzántzicos, un grupo de escritores que operó como una tribu contra la miseria, en la que consideraban cayó el género literario.

Humberto Vinueza (Guayaquil, 1942; Quito, 2017) consideraba la escritura un arrebato. Para enfrentarla debía estar listo, con hoja y pluma en mano. Sus últimos días llevó un cáncer terminal con “optimismo y muchas ganas de vivir”, según su hija, la directora teatral Isolda Vinueza. Asumió el cáncer desde la escritura. Antes de morir precipitadamente ayer por la madrugada, después de una quimioterapia, dejó listos los detalles de dos de tres tomos de su última antología. El tercero quedó inconcluso.

Corrían los años sesenta. En América Latina surgía con fuerza la Teología de la Liberación y se vivía la Revolución Cubana. En el norte global emergían movimientos alternativos como el de los hippies que rechazaban el consumismo, y también resonaban las dos vertientes del movimiento de los negros: el radical de Malcolm X y el pacifista de Martin Luther King. Eran los tiempos en los que por primera vez, en el discurso político, se hablaba de  feminismo y ecologismo. El mayo del 68 fue apenas el ‘canto del cisne’ de todo lo que se vivió hace años.

Allí, en esa época, se forjó Humberto Vinueza, uno de los poetas más radicales en cuanto a su postura crítica frente al capitalismo y uno de los pioneros en la antipoesía local.  

El escritor quiteño Abdón Ubidia, uno de sus más íntimos amigos, lo recuerda como un hermano de toda la vida. “Con él empezamos a militar en el grupo de los tzántzicos, que era una tribu de poetas. Los narradores todavía no podíamos cuajar cómo lo hicieron los poetas con sus memorables textos. Humberto tenía la particularidad de haber estudiado en la Unión Soviética y dominaba el ruso. En ese entonces, nosotros estábamos inclinados a una poesía mucho más irreverente, pero Humberto se saltó al otro lado e hizo un poemario  (Un gallinazo cantor bajo un sol de a perro) que, creo, da inicio a la antipoesía en el país”.

El recién fallecido crítico literario Hernán Rodríguez Castelo creía que ‘el gallinazo’,  de Vinueza, fue el libro más importante de los tzántzicos. El poeta cuencano Jorge Dávila Vásquez lo concibe como el libro que cambió para siempre la poesía ecuatoriana. En un análisis sobre la obra de su colega, Dávila  asegura en la página Jornal de Poesía que Vinueza cambió con esta publicación “el punto de vista sobre ciertos aspectos temáticos y formales de la poesía ecuatoriana. Nunca más a alguien se le ocurriría escribir un poema de tono histórico o ‘cívico’, a la antigua usanza, sin caer en el ridículo”.

Para Vinueza, había que comunicar las verdades sociales por el camino más corto. Su propuesta fue un puntal para la agrupación que, de acuerdo a una publicación en la revista Pucuna, consideraba que “en esta época complicada de comodidad a la vez que de miseria, de aturdimiento y vertiginosa estupidez comercial, se charla mucho y se habla muy poco. Es preciso hablar y no perder un solo instante”.

En una entrevista publicada en La orilla memoriosa, de Luis Carlos Mussó, Vinueza dijo: “El tzantzismo planteó darle al lenguaje su valor real y corresponder a la carga de absurdo que es nuestra herencia. Lo blasfemo, lo irreverente, fueron modos de pretender aclararle al hombre el manantial donde está reflejada su imagen. Aquella propuesta estaba emparentada con el happening, el teatro de Brecht, Ionesco y Becket, la narrativa de Genet, la poesía de Maiakovski, Vallejo, Hikmet, Prevert, los poetas beat norteamericanos y los ensayos de Sartre y Sontag”.

Humberto Vinueza tuvo un alto reconocimiento internacional y fue traducido a varios idiomas. Considerado como el poeta caminante por los numerosos viajes que realizó alrededor del mundo, cuando ganó en 2012 el premio José Lezama Lima que otorga la Casa de las Américas por el libro Obra cierta, antología poética (este reconocimiento ha sido entregado a escritores como Juan Gelman y José Watanabe), Vinueza se consolidó como uno de los poetas fundamentales de la región.  

Para el jurado de este premio, la obra de Vinueza constituye “un recorrido por el trabajo de uno de los poetas más sólidos de su país, quien ha sabido adentrarse con maestría en las problemáticas humanas y sociales de una nación”.

El eco de las palabras de Rimbaud, “hay que cambiar la vida”, pesaba en la generación de escritores en la que se formó Vinueza.  “Los nuevos movimientos sociales y el avance de la izquierda plural demuestran, entre otras cosas, que el espíritu crítico de Marx sigue vivo y es necesario actualizar un pensamiento crítico posmarxista que desenmascare las ideologías dominantes. Con Hobsbawm, Berman, Harvey y Jameson; Derrida, Deleuze, Guattari, Ramonet y Naomi Klein, los espectros de Marx siguen vigentes. En un mundo que ha perdido su centro absoluto y sus grandes relatos, es imprescindible una labor cultural crítica y autocrítica”, manifestó Vinueza en la entrevista con Mussó.

La ciudad era una de sus preocupaciones en la poesía; confesaba  que lo perturbaba. Su escritura, dijo, fue   “algo así como la inauguración de unas formas que tratan de lograr la exactitud de una emoción o un pensamiento de lo cotidiano, de lo sublime, del amor, de la muerte, de la soledad, del abandono”.

Ayer, a las 17:00, se realizó su velorio en Casa Girón, en Quito, donde residía. Sus restos serán cremados, por lo que no habrá un entierro. Los últimos tomos de su poesía en los que trabajó al final de su vida serán publicados en mayo, por la editorial Eskeletra y Gallinazo Cantor. (I)

Datos

Humberto Vinueza publicó Un gallinazo cantor bajo un sol de a perro (1970); Poeta, tu palabra (1989); Alias Lumbre de Acertijo (1990); Tiempos mayores (2001); Constelación del instinto (2006); Obra cierta, (2009, antología); Noticias del polen (Caracas, 2011, antología poética); Árbol de los vínculos (2011); y Verso travesti (2014, antología bilingüe ítalo-española).

En 1991 recibió el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade por su libro Alias Lumbre de Acertijo y alcanzó, en 2007, el mismo reconocimiento por el libro Constelación del instinto.

Su antología poética Obra cierta recibió el Premio Iberoamericano de Poesía José Lezama Lima (La Habana, Cuba). Tiene una antología en persa.