Martes, 22 Agosto 2017 00:00 Cultura

Huilo Ruales, cultor de la estética del esperpento

El ángel de la gasolina es el primer poemario que Huilo Ruales Hualca escribió a principios de este siglo.
El ángel de la gasolina es el primer poemario que Huilo Ruales Hualca escribió a principios de este siglo. Foto: Fernando Sandoval / El Telégrafo

La novísima editorial El club de la pelea publica dos libros del autor: El ángel de la gasolina y Ay, qué viuda tan oscura.

Fernando Escobar Páez

Siempre he considerado a Huilo Ruales (Ibarra, 1947) como el mayor cultor de la estética del esperpento en las letras ecuatorianas. Esto -lejos de ser un insulto- me permite ubicar a la obra de Huilo como parte de una tradición de gran raigambre en las artes occidentales.

La primera aparición del término esperpento dentro de la literatura española se puede rastrear en la novela Ángel Guerra, de Benito Pérez Galdós (1890), quien lo usó en su acepción más elemental: como sinónimo de lo feo.

Sin embargo, el esperpento se eleva a categoría estética tres décadas más tarde gracias a las obras teatrales de Ramón del Valle-Inclán, quien dota al concepto de una poderosa carga retórica, convirtiéndolo en una actitud artística con niveles de abstracción.

El recorrido literario del esperpento previo a Valle-Inclán es vasto y antiguo. Incluye a Petronio, los evangelios apócrifos, bestiarios medievales, los cantos de los monjes goliárdicos, la poesía de Quevedo, las novelas de Cervantes, Rabelais, Isidore Ducasse, por citar solo a elementos canónicos con los cuales puedo trazar una línea directa hacia la obra de Huilo.

El autor ibarreño escribe físicamente desde la cuna del esperpento -La Vieja Europa-, pero lo hace pensando desde los Kitos Infiernos y su sociedad, la cual encaja a la perfección dentro  del programa artístico del esperpento: la deformación deliberada que degrada al individuo de forma inquietantemente dramática pero cómica.

En el esperpento hay un “sentido trágico de la vida que solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada” (Valle-Inclán, 1924: escena XII). No hay tragedia propiamente dicha porque para lo trágico se requiere de grandes héroes y en el esperpento todo atisbo de nobleza y  redención es abolido mediante mecanismos de cosificación, zoomorfismo, caricaturización, parodia, la farsa, hiperbolización y el uso del  lenguaje coloquial llevado a sus límites.

Todos los elementos arriba descritos se hallan presentes en las obras de Huilo tituladas El ángel de la gasolina y Ay, qué viuda tan oscura. Leer a Huilo es un susto y no gusto pues implica deleitarse con cópulas atroces con Viudas más oscuras que el Machángara, bucear en gasolina con ángeles que tienen más de murciélago que de divino, e incitar a los niños al suicidio risible.

Huilo es una voz anómala, un gran solitario dentro de las letras ecuatorianas. Tal vez el único artista nacional con el que Huilo puede dialogar y entrar en tensión es con el también esperpéntico Luigi Stornaiolo, quien al igual que Huilo recurre a espejos cóncavos y perspectivas aéreas para ganar distancia sobre sus energumenescos personajes y manejarlos cual demiurgo o titiritero. Es gracias a esta perspectiva aérea que globaliza toda la escena que el esperpento puede abarcar varios dramas personales y romper con la subjetividad para buscar expresar el sentir colectivo de una época enferma y cruel.

Las obras de Huilo que el nuevo sello El club de la pelea recupera  tienen una leyenda negra que las sostiene. A la Viuda tan oscura la fuimos conociendo a través de pastillas que Huilo publicaba en su Facebook personal. Sobre este libro el autor considera que se trata de “una caterva de textos, digamos, marginales que hoy ha reunido para que no anden desparramándose como perros sin dueño ni sueño”. Esta encarnación de la Viuda nos permite acercarnos hacia las grandes obsesiones que atraviesan la obra de Huilo, aquellas que también estaban presentes en los archivos digitales de libros inéditos que se le perdieron en un aciago olvido en un bus de la familia delictiva Vingala… estamos frente a La Viuda de esos textos robados.

El ángel de la gasolina resucita tras casi 20 años de olvido y mito. Este Ángel modelo 2017 es primo hermano del Maldolor ducassiano y viene con el látigo a castigar a los poetas vagos de cafetín, a cagar sobre las banderas de los chauvinistas y sobre los decretos de los burócratas culturales.

Quienes hemos seguido la obra de Huilo siempre nos quejábamos de que un poemario tan potente no haya recibido la atención editorial del caso. Descatalogado por dos décadas, imposible de conseguir, en las borracheras compartidas, le preguntábamos a Huilo sobre este, su libro casi apócrifo. Por suerte el aguijón fue bien recibido y de tanto joderle al Huilo con el Ángel ahora lo tenemos revivido con una nueva editorial que promete harto contubernio y diversión. (I)

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